12/12/2018
Perfil

Susana Díaz, historia de una gran ambición

La presidenta andaluza parece dispuesta, esta vez sí, a arrebatarle a Pedro Sánchez el liderazgo del PSOE

José Bejarano - 23/09/2016 - Número 52
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Quiere ser secretaria general del PSOE y cree que puede serlo. Quiere porque es muy ambiciosa, siempre lo ha sido. Por eso está donde está. Y cree que puede porque tiene ideas suficientes y los respaldos necesarios. Por si esos dos requisitos, querer y poder, no fuesen suficientes, quienes conocen sus intenciones añaden otro más: debe hacerlo por el bien del partido. Y ahí es donde la decisión no admite vuelta atrás. Para ella no hay nada más imperioso que la llamada del partido. Así de claro lo tiene Susana Díaz a estas alturas de la batalla por la secretaría general del PSOE.

Ha subido peldaño a peldaño, con frecuencia a base de pisar las cabezas de quienes la auparon

Personas del entorno de Díaz reconocen su ambición y la justifican diciendo que ella tiene un modelo de partido diferente del que ha propuesto Pedro Sánchez. Quiere un partido con vocación de ganar, que no se acomode en el papel de segundón. Es una trabajadora incansable, de origen obrero por no decir humilde. Muestra liderazgo social. Tiene visión institucional, sin dejar de ser una mujer de partido, en cuyas tripas se ha movido desde su ingreso en las Juventudes Socialistas en 1991. Ha trabajado con los primeros espadas y ha subido peldaño a peldaño, con frecuencia a base de pisar no pocas cabezas que la auparon.

Indagar lo que ocurre en el seno del PSOE en estos momentos es adentrarse en un ámbito dominado por los sentimientos de frustración y de inminente catástrofe. Son muchos los convencidos de que Pedro Sánchez les lleva de cabeza a un precipicio. Un destacado dirigente socialista andaluz habla de que Sánchez sufre el “síndrome Marchais”, el histórico secretario general del Partido Comunista francés que condujo a los suyos en los años 80 a la más absoluta irrelevancia, eso sí, sosteniendo siempre que él tenía razón y los equivocados eran todos los demás.

¿Les gusta Susana Díaz? No a todos los que piden la retirada de Pedro Sánchez, pero por descarte… Tampoco hay mucho donde elegir, explican. El bloqueo que sufre el PSOE ante los dos dilemas que atenazan a los socialistas (Sánchez versus Díaz y terceras elecciones versus abstención para la investidura de Rajoy) no es más que el reflejo de la fragilidad de los liderazgos que arrastra el partido desde la marcha de Felipe González. Adolece también de no tener un proyecto político claro para España. El enemigo está en casa.

Pocas ideas, pero claras

Susana Díaz suma a su haber, además de los activos anteriores, que tiene ideas (pocas, pero claras, dicen algunos de sus partidarios) y que las formula de manera que la gente entiende. Una de ellas es su posición beligerante contra todo lo que cuestione la unidad de España. El problema de Cataluña solo se resolverá desde un liderazgo claro, sostiene un destacado socialista. “De pusilánimes como Rajoy y Sánchez nunca esperes un paso hacia la solución de un conflicto de esa envergadura.” Otro activo es su visión de la socialdemocracia, frente a la ambigüedad de Sánchez. En ese sentido, ella tiene claro que Podemos nunca será un aliado. El PP es el adversario, pero Podemos es el enemigo al que hay que arrebatar la bandera de la izquierda, como Felipe González en su momento se la quitó al Partido Comunista. O como le robó la blanquiverde al Partido Andalucista. A Pablo Iglesias, ni agua.

Susana Díaz tiene la dosis justa de populismo. Ella no es como Sánchez, al que califican de robot dotado de un discurso carente de sentimientos. Salvando las distancias, que son siderales, a Díaz le sale la vena socialista andaluza de los Felipe González y Alfonso Guerra. Con el toque populista que tenían Celia Villalobos o Teófila Martínez cuando eran alcaldesas de Málaga y Cádiz, respectivamente. Transmite las emociones mejor que las ideas, tal vez porque anda tan escasa de ellas como sobrada de abrazos y besos.

Lo reconocen muchos socialistas andaluces: le falta cochura, dicen. “Tiene cierta idea de España, pero no un proyecto con enjundia”, señalan. Pero todo se andará. También escasea de equipo. Es su principal debilidad para el inevitable enfrentamiento con Sánchez. Si es elevada a la secretaría general tendrá serios problemas para formar un equipo solvente, vaticinan muchos. Tampoco lo tendría fácil para compaginar el puesto orgánico con el institucional de presidenta de la mayor comunidad autónoma, que a la postre está sembrada de problemas. Y ahora llueve sobre mojado con la petición fiscal de seis años de cárcel para su antecesor, José Griñán, y diez años de inhabilitación para Manuel Chaves.

Su “mesa camilla” está compuesta por Juan Cornejo, secretario de Organización del PSOE-A, Mario Jiménez, portavoz en el Parlamento, Manuel Jiménez Barrios, vicepresidente de la Junta, Máximo Díaz Cano, secretario general de la Presidencia, Verónica Pérez, secretaria general de Sevilla, Javier Fernández, consejero de Turismo, y Miguel Ángel Vázquez, portavoz del Gobierno. Eso sí, habla con mucha gente y sobre todo escucha, rara virtud en la fauna política. Escucha a Felipe González, a José Luis Rodríguez Zapatero y a Alfredo Pérez Rubalcaba. Resulta curioso que varios de los dirigentes consultados coincidan en calificarla de “esponja”, como en su día decían de Felipe. Habla con los barones de Valencia, Castilla-La Mancha, Aragón, Asturias, Canarias y Extremadura. Son sus avales para el congreso en el quiere pasar a la historia como la primera secretaria general del PSOE.

En su balance de apoyos, Díaz cuenta con los territorios donde el PSOE todavía mantiene pulso vital

Con esos barones es con los que precisamente no habla Sánchez. En su balance de apoyos, Díaz cuenta con los territorios donde el PSOE aún mantiene cierto pulso vital, frente a los eriales que sustentarían a Sánchez: Castilla y León, parte de Galicia, La Rioja, Murcia, parte de Madrid y Cataluña. Lo que más le duele es que el PSC de Miquel Iceta le haya dado la espalda. Puede ser la primera vez en la historia en que los socialistas andaluces y catalanes no vayan de la mano a un congreso. Andalucía y Cataluña no solo han pesado siempre mucho, sino que tiraban de otras federaciones. Por eso Díaz se mueve con sigilo para tender puentes con Nuria Parlon, la candidata que aspira a desplazar a Iceta de la primera secretaría de los socialistas catalanes y curiosamente más proclive al derecho a decidir.

Lo que más le duele es que el PSC de Iceta le haya dado la espalda y trata de acercarse a Parlon, la rival de este

En el debe de Díaz resta que el PP le haya ganado las elecciones generales en Andalucía, hecho insólito en toda la trayectoria de la democracia. Como le resta que el partido no muestre en Andalucía mucho más vigor que en el resto de España. La vida orgánica del PSOE ha desaparecido de todo el territorio, excepto en el medio rural andaluz, donde dormita. Perdidos el cinturón industrial de Barcelona y la margen izquierda de la ría de Bilbao, desvanecida la fuerza sindical de UGT en las grandes empresas, evaporado el liderazgo en los barrios populares de Madrid, ¿qué queda?

Gestión de gris continuismo

Como presidenta de la Junta, la gestión de Díaz no ha pasado del gris continuismo. ¿Qué ofrece entonces a los suyos, si no puede levantar la bandera de una gestión brillante ni la fortaleza electoral de otros tiempos? Ofrece capacidad de resistencia y cierta nostalgia del PSOE que fue y ya no es. En ese sentido, los ojos de quienes critican a Sánchez se dirigen a ella como una tabla de salvación en medio de un naufragio que dura ya demasiado tiempo. Desde el fatal día que se fue González, con el corto respiro de los primeros años de Zapatero.

A Sánchez le endosan todos los desastres venidos y por venir. Que no serán pocos a la luz de las expectativas electorales en Galicia y el País Vasco. “La estrategia de Sánchez es suicida”, dice un dirigente que comparte la “mesa camilla” de Susana Díaz. “Nos lleva al desastre y lo peor es que aún no habremos tocado fondo si seguimos haciendo el indio.” En las elecciones autonómicas de 2015, el PSOE ganó en todos los municipios de Sevilla, excepto en 4. En las generales de diciembre de ese mismo año ya perdieron en 10 y en la repetición de junio de este año, en 23. ¿Qué sucedería si hubiese que repetir en diciembre? Así las cosas, no es extraño que los alcaldes anden más que inquietos y que pidan a la dirección un golpe de timón.

Prolifera la creencia de que Sánchez coincide con Rajoy en querer la repetición de las elecciones. (El nombramiento de Soria no fue un error, sino una jugada de libro para mantener el cabreo de todos y bloquear cualquier posibilidad de pacto de investidura, dicen). No tiene otra explicación que Sánchez siga empecinado en el “no es no”. A nadie le gusta la idea de abstenerse, pero peor es seguir hacia el precipicio. Ni el país ni el partido están para otras elecciones, en las que todo apunta que el PP seguiría subiendo. Y temen que Sánchez acabe apelando a las bases para salirse con la suya. “Porque en mi partido los militantes somos más de izquierdas que nadie, en especial cuando no gobernamos, y oponerse a Rajoy es lo más izquierdista que hay. Sánchez juega a la repetición de las elecciones y lo único que busca ahora es alguien a quien presentar como culpable, mientras Rajoy se fuma todas las tardes un puro”, sentencia un destacado socialista.

Frente a eso, las opciones a las que Díaz no para de dar vueltas son, 1) que el PSOE mantenga el no, que descarta por suicida, 2) abstenerse sin más y 3) abstenerse mediante un pacto exclusivamente para la investidura a cambio de conquistas (subida del salario mínimo, reforma laboral, pacto de reforma de la Constitución…) que les salve la cara ante votantes y militantes. En su entorno insisten en que a nadie gusta menos que a Díaz la idea de facilitar la investidura de Rajoy mediante la abstención del PSOE. Ella no le perdonará a Rajoy que hace poco más de un año la hiciera fracasar tres veces en su intento de investidura. Si no es por Ciudadanos, en Andalucía se habrían repetido las elecciones por la falta de sentido de Estado del PP, recuerdan en la sede de la Presidencia. Los mismos que le negaron el pan y la sal ahora le piden que se enfrente a Sánchez para que este permita la investidura de Rajoy. Hace pocos días Díaz se lo reprochó al PP en el Parlamento: “Ustedes jugaron con fuego en Andalucía y ahora se quema toda España”.

Dimisión o comité federal

A muy pocos dentro del PSOE andaluz se les pasa por la cabeza que Sánchez siga al frente del partido, especialmente sin el aval de Andalucía. Incluso en el hipotético caso de que siguiera, tendría que reconducir sus relaciones con Susana Díaz. De lo contrario, el partido cerraría la crisis en falso. En definitiva, porque Díaz quiere el puesto o porque sin Andalucía no hay solución, dicen que es imprescindible despejar toda duda nada más concluir las elecciones vascas y gallegas. Si no lo hacen antes es por lealtad con los compañeros de esas dos comunidades.

Algunos apuntan que si los resultados son tan malos como se prevé, la misma noche electoral Sánchez tendría que presentar su dimisión y dar paso a una gestora. Si no, convocar de inmediato un comité federal que desbloquee la situación antes de que finalice octubre y a Rajoy se le pase su última oportunidad. Porque a Sánchez ya se le ha pasado.

Una larga tradición de enfrentamientos

José Bejarano

Los periodos de sintonía entre los socialistas de Madrid y Sevilla son la excepción. La constante a lo largo de 36 años de autonomía ha sido el desencuentro, siempre con el resultado final a favor de Madrid. Goliat siempre ganaba la batalla. No hay más que enumerar los presidentes de la Junta de Andalucía para que acuda a la memoria que las caídas de Rafael Escuredo y de José Rodríguez de la Borbolla fueron a consecuencia de su enfrentamiento con Madrid, con Alfonso Guerra concretamente. José Antonio Griñán se llevó a muerte con Alfredo Pérez Rubalcaba mientras este fue secretario general. Carme Chacón disputó el cargo a Rubalcaba y fue vencida en el congreso de Sevilla pese al apoyo decidido de Griñán. La única excepción fue Manuel Chaves, que llegó a Sevilla bajo el manto protector de Felipe González. Pese a que Pedro Sánchez contó con el apoyo inicial de Susana Díaz, los avatares y la ambición los han situado frente a frente. Discrepan, entre otras cosas, sobre la apelación a las bases cada vez que haya una decisión trascendente. Es lo que en el entorno de Díaz califican de “partido asambleario”, frente a uno en el que la dirección asume la responsabilidad de decidir y liderar. A riesgo de equivocarse y asumir las consecuencias. La andaluza no solo sueña con abrir una nueva era volcando esta vez la balanza a su favor, sino también hacerse con el liderazgo del partido y dar continuidad a la tradición del socialismo andaluz. David reta de nuevo a Goliat.