14/10/2019
Literatura

Rose Ausländer. La memoria del futuro

Se publica Aún queda mucho por decir, el poemario de la escritora ucraniana que fundó un mundo particular

Juan Marqués - 18/03/2016 - Número 26
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Escribir un poema es manifestar que uno está vivo, que todavía piensa y siente, que existe y que resiste. Y que todavía anhela. Y que se propone recordar. Y eso, tan elemental, a veces lo ha sido todo para determinadas personas que se han sabido amenazadas, que se han visto en un peligro cierto, que han sido conscientes de que su nombre estaba escrito en la lista negra de los que van a callar para siempre.

Sí que pudo haber poesía después de Auschwitz, aunque es verdad que a menudo la traslación de esa experiencia a los versos llegó décadas después de los sucesos, como una réplica lejana de algo de lo que uno no puede desprenderse y que inevitablemente emerge y regresa. Ese fue el caso de la poeta Rose Ausländer (Chernivsti, Ucrania, 1901 - Düsseldorf, Alemania, 1988), quien, aunque había publicado un libro en el mismo año en que comenzó la guerra que retorcería su destino, hasta 1956 no pudo volver a dar a luz más palabras, algo que paulatinamente iría consiguiendo con mayor regularidad y vigor, hasta llegar a unos fecundos años finales, en los que escribió poemarios que la convirtieron en una de las voces poéticas en lengua alemana más sólidas y relevantes de la segunda mitad del siglo XX.

Ausländer consigue transmitir la reconfortante sensación de que la vida todavía importa

A la obra de Rose Ausländer se le podría aplicar lo que ella atribuye a Rembrandt en un falso monólogo del pintor holandés: “Yo extraigo luz / de lo oscuro”, pues, aunque la suya es, sin remedio posible, una poesía dolorida, no tan traumática como decepcionada, más estremecida que temerosa, en ella se hace hueco la esperanza: “Enterramos nuestra muerte diaria / en la palabra / resurrección”.

La poeta, que durante dos años vivió en el gueto de Chernivsti, su ciudad natal (donde conoció a Paul Celan, a quien también dedica uno de los poemas de Aún queda mucho por decir), consigue transmitir la reconfortante sensación de que la vida todavía importa y, sobre todo, de que la vida urge: “Escribe / tu propio mundo / hasta el final // antes de que el final / te prescriba”.

Al hablar de poesía la inteligencia siempre ha estado un tanto sobrevalorada, lo mismo que el afán de exploración lingüística. Sin cierta lucidez y sin algo de conciencia del lenguaje no hay gran poesía, desde luego, pero conviene que todo eso esté mezclado con una pequeña pizca de inocencia, sin la cual es complicado acceder a determinado nivel de verdad, y que al final suele resultar salvadora, no solo en cuanto a la calidad del texto sino a su posible poder lenitivo. Rainer Maria Rilke, al que Ausländer alude en el poema “Cinco poetas”, es un ejemplo sublime de esa estratégica “falsa inocencia”. En Aún queda mucho por decir también se recurre elegantemente a ella para lograr ser más eficaz y profundo en lo que se quiere decir, en lo que reclama ser aullado para que no se olvide.

Es una poesía dolorida, no tan traumática como decepcionada, en la que se hace hueco la esperanza

Otra de las razones de la fuerza de sus versos es que Ausländer, tal vez desesperada por agarrarse a algo firme e inmutable, a algo no dependiente de los caprichos y los fracasos de la historia, hunde los brazos en la tradición popular germánica. Y entregarse a ella supone una gran idea porque la tradición, aparte de ser un atajo infalible para expresar casi automáticamente ciertos sentimientos instintivos, siempre es maternal y protectora, aunque sea una mitología boscosa llena de brujas y lobos: “Vuelto verdad / el augurio de la gitana // Tu país va / a abandonarte / vas a perder / hombres y sueño”.

Según Emily Dickinson, ser poeta consiste fundamentalmente en extraer sentidos sorprendentes de los significados ordinarios, y en eso Ausländer fue portentosa, reinventando el lenguaje y fundando un mundo muy particular. Hace falta poseer mucho talento para ser capaz de expresar sentimientos y pensamientos tan complicados y sutiles con tanta desnudez, de un modo tan directo y ajustado.

La poesía de Rose Ausländer no es sencilla ni fácil porque no puede serlo, pero en ella se explora con pasmoso acierto la posibilidad de ser a la vez significativo y lacónico, decir todo lo que es preciso decir sin renunciar a un afán de brevedad que tiene tanto que ver con la voluntad de ser exacto, tan rilkeana, como con una enorme aversión hacia la palabrería (que es una de las peores enemigas de lo poético).

Así se articulan unas intuiciones que alcanzan mucho más allá de los poemas y, no tanto en lo literario como en lo puramente vital, buscan perdurar mucho más lejos que todo lo demás, como se explica con enorme potencia y convicción en el poema titulado “Co-crecimiento”: “No te preocupes / por mi muerte // Yo viviré / también / bajo la tierra // Ella me alberga / me guarda / en su respiración // Juntas / crecemos”.

Aún queda mucho por decir
Aún queda mucho por decir
Rose Ausländer
Traducción de Nuria
Manzur Bernabéu
Sexto piso, Madrid,
2016, 320 págs.