14/12/2019
Análisis

Si la izquierda ganara

Podemos debe rectificar sobre el referéndum catalán y aceptar la pertenencia de España a la UE para que el pacto con el PSOE sea posible

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Si la izquierda ganara
Iglesias y Sánchez en el Congreso de los Diputados. Juan Carlos Hidalgo / EFE
Todo parece indicar que la dialéctica izquierda-derecha sigue vertebrando la política española. La pretensión, poco científica, de algunos profesores de Ciencia Política de la Complutense —reunidos en Podemos— de dividir arbitrariamente a la sociedad entre “gente” y “casta”, olvidando de paso la progresista categoría de “ciudadano”, ha sido derrotada.

En esta campaña, la lucha “patente”, la que veremos cada día, será entre PP y Ciudadanos de un lado y entre PSOE y Podemos de otro. Son mutuos adversarios compitiendo por el mismo electorado. Pero la lucha “latente”, la políticamente válida y operativa en última instancia, es la que se dirime entre el bloque de la derecha y el de la izquierda. Ahí se juega de verdad el gobierno: si suma la derecha más que la izquierda o viceversa.

Si gana la derecha no habrá duda del seguro predominio e iniciativa del PP sobre el partido de Rivera. Hay mucha distancia entre ellos. Pero si gana la izquierda,  PSOE y Unidos Podemos (holding de una multitud de partidos) van a quedar cerca uno del otro. Por ello, la negociación de la investidura y del gobierno —dos momentos no exactamente iguales— será previsiblemente de gran dureza. Y ello sea cual sea quien quede por delante (en escaños, naturalmente, que es la única cifra que cuenta en una democracia parlamentaria).

El socio natural

Pablo Iglesias va a pasarse la campaña electoral exigiendo al PSOE que diga con quién va a pactar: con el PP o con Unidos Podemos (UP). Y cuando no lo diga él, lo dirán los periodistas. Pero esa es una pregunta absolutamente reduccionista y simplona, solo útil a efectos de venta televisiva y para enmascarar los verdaderos dilemas políticos de fondo. Y es que el PSOE tiene como socio natural a Podemos, le guste o no. No hay otro posible. Salvo que unas terceras elecciones sean una opción, lo que no es el caso.

Así que la pregunta al PSOE no es con quién pactará. Ese no es el asunto central a dilucidar durante la campaña. La cuestión clave es qué se va a pactar, con qué objetivos de gobierno y sobre qué premisas esenciales. Y esto sí que debe conocerse antes del 26-J.

Los ciudadanos tienen derecho a conocer si Unidos Podemos rectificará antes de ir a votar el 26-J

De hecho, en la fenecida y fracasada legislatura Podemos no votó la investidura del líder socialista. Por razones de programa, según dijo. Lo malo para el PSOE es que ese voto no lo pagará Podemo, según muestran las encuestas, entre otras cosas porque la sobreactuación en el estéril acuerdo PSOE-Ciudadanos transmitió una imagen distorsionada, y no comprendida, del Partido Socialista. Lo empujó inútilmente a la derecha, dando un poder de veto a Rivera, y dejando a Iglesias todo el espacio para justificar el no a la investidura, algo que, por supuesto, tenía decidido desde el minuto uno.

Las líneas rojas del PSOE

Ahora vivimos otro momento. A Pedro Sánchez no se le va a ocurrir establecer otro “acuerdo de hierro” con Rivera. Si gana la izquierda, PSOE y Podemos tendrán que hablar, negociar y, en su caso, hacer un gobierno. Sin embargo, desde la perspectiva del PSOE, hay dos líneas rojas infranqueables en mi opinión, que ya se deberían haber planteado con firmeza. Objetivo: que Unidos Podemos se pronuncie sobre esos dos puntos antes de que los electores vayan a votar.

Quiero empezar aclarando que no me refiero a la esencial política económica. Las propuestas del PSOE y Unidos Podemos son casables, si ambos ceden. En concreto, las respectivas propuestas fiscales —que son el punto fundamental para financiar el Estado de bienestar— no son incompatibles. Tienen, efectivamente, una inspiración socialdemócrata.

A lo que yo me refiero es al asunto de mayor gravedad: la “cuestión catalana”, mejor dicho, la “cuestión española”. El PSOE, que defiende la Constitución, no puede admitir un referéndum de autodeterminación, o de libre determinación, o de derecho a decidir, o como se lo quiera llamar.

Hay algo absolutamente nuclear para un gobierno español. Estamos hablando del concepto del Estado. El referéndum en Cataluña, o en cualquier otro territorio, para decidir si quiere seguir siendo parte del Estado es, ni más ni menos, que entregar la soberanía a ese territorio. Y hacerlo por anticipado. Es igual si Cataluña votara sí o no a seguir en España. Si tal decisión dependiera de su voluntad, la soberanía nacional (y popular) se habría entregado a ese territorio y, por tanto, habría desaparecido. Sería el principio del fin del Estado español.

El problema de fondo es que Unidos Podemos sostiene, y reitera con claridad y de modo irreversible, que se realice ese referéndum en Cataluña, o en el País Vasco, o  en Galicia, o en cualquier otra comunidad. Es un principio esencial de su programa electoral. Lo es porque ese derecho a decidir es el cemento que realmente mantiene unidas a fuerzas tan distintas (y “soberanas”) como Podemos, IU, En Marea, En Comú Podem, Compromis, Equo, etc.

Si Unidos Podemos mantuviera esa posición, es decir, si no rectificase en toda regla —con o sin reforma constitucional—, sería imposible para el PSOE, para la izquierda, pactar una investidura y un gobierno. Es así de claro. El fundamento de todo gobierno español democrático es su creencia en el Estado mismo, o sea, en el instrumento esencial de transformación que los ciudadanos —y en especial los más vulnerables— tienen. El Estado es el elemento político de mayor fortaleza para sostener los intereses de los pueblos de España en la Unión Europea.

Con ello entro en el segundo problema básico y esencial que habría de ser compartido en un gobierno español por quienes lo componen: Europa. No se puede gobernar España en el siglo XXI sin una inserción leal y activa en el proyecto de Europa. Una reforma de la Constitución en ese sentido sería necesaria para que figurase en la misma una “cláusula europea”.

No puede caber ninguna duda a nadie, ciudadanos, agentes económicos, gobiernos de otros países, sobre la irreversible integración de España en la Unión Europea, en la moneda única y su gobernanza, y en su sistema de seguridad y de defensa. Un gobierno de coalición que no tuviese una posición nítida e idéntica en ese punto no tendría la más mínima consistencia ni viabilidad. Sería necesario, por ejemplo, saber cuál es su posición en relación con el pago de la deuda del Estado español. De ello dependerán las decisiones de los inversores y el acceso a la vital financiación de un país como el nuestro, que la requiere para devolver la enorme deuda (100% del PIB) que pesa sobre las espaldas de todos los ciudadanos. No es asunto menor.

Pero resulta que Podemos no lo tiene así de claro. Y sus otras “confluencias” tampoco. Y que IU, y su fuerza nuclear, el PCE, propone como núcleo de su programa la salida de España de la Unión, del Tratado de Lisboa y del euro.

Si la cuestión del Estado español y la cuestión de Europa no quedan despejadas y clarificadas por parte de Unidos Podemos, si no renuncia al referéndum en Cataluña o en otras comunidades sobre la pertenencia al Estado y si no elimina de los programas de quienes componen Unidos Podemos la propuesta, manifiestamente rechazable, de que España se vaya de la Unión y del euro, el PSOE no podría aceptar, en ningún caso, una negociación de gobierno con esa fuerza política.

La pregunta pertinente

Y eso en cualquier circunstancia nacida del 26-J, con sorpasso o sin él. Porque, si la izquierda gana, la pregunta no es la que hace Iglesias: si el PSOE pactará con el PP o con Podemos. La pregunta pertinente es si Unidos Podemos rectifica sobre el referéndum catalán y acepta la soberanía nacional y la integridad del Estado, y si acepta como parte de la identidad española y de sus principios constitucionales la pertenencia de nuestro país a la Unión Europea, a su arquitectura económica monetaria y a sus valores. La respuesta por parte de Unidos Podemos convendría que la supiéramos antes del 26-J. Si hay algo que los ciudadanos tienen derecho a conocer antes de ir a votar es el proyecto político de un partido o coalición: el corazón de su propuesta.

El pacto PSOE-PP está descartado. Todo el mundo lo sabe. Incluso Iglesias, aunque lo cuestione en campaña

La idea de Estado, su estructura y su relación con Europa, forma parte de la personalidad intrínseca de una fuerza política. Sobre todo cuando, como he señalado, la cuestión catalana y la actitud de Podemos ante el proyecto europeo, chocan tan frontalmente con el aliado al que apela constantemente: el PSOE. Y también por otra razón. Unidos Podemos es una nueva coalición, que incorpora a partidos hasta el momento competidores entre ellos: Podemos e Izquierda Unida (dirigida por un PCE muy diferente del que combatió al franquismo y colaboró decisivamente al nacimiento y desarrollo del régimen constitucional de 1978).

En suma, si las izquierdas suman más que las derechas, como apuntan las encuestas más solventes, aquellas no tendrán que elegir entre un acuerdo de gobierno PSOE-Podemos o un acuerdo PSOE-PP. Este último está descartado y todo el mundo lo sabe. También Iglesias. Lo que hay que saber es si el pacto de la izquierda tiene cimientos sólidos y sentido del Estado.