20/6/2019
Análisis

Te vendo un futuro

Los anuncios electorales de los partidos prometen sistemáticamente un futuro mejor, pero lo hacen utilizando de manera distinta el pasado y el presente

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Te vendo un futuro
Imágenes de los spots publicitarios de los partidos.
En esta campaña, los spots electorales han sido una vez más el lugar privilegiado en el que los partidos políticos construyen su propia imagen. Es ahí donde proponen su contrato a los potenciales electores, hoy más indecisos que nunca.
 
En ellos, el elemento especialmente pertinente en la búsqueda de credibilidad, de confianza, es la específica actitud ante el tiempo y la temporalidad. Podría parecer una obviedad afirmar que las elecciones son una ocasión para decidir sobre el futuro. Sin embargo, el acceso a ese futuro se puede hacer, por ejemplo, desde la legitimidad de un pasado o desde la urgencia de un presente.

El PP, el partido del Gobierno saliente, propone una actitud ante el tiempo que declina el futuro como ya presente. Tras hacer referencia a algunas de las supuestas mejoras económicas conseguidas en la última legislatura, así termina su spot titulado “Despertador”: “Por eso solo queremos pedirte una cosa, que a la hora de volver a votar cierres por un momento los ojos y pienses en qué país te quieres despertar dentro de cuatro años”. El presente ya es futuro: en el presente cabe la esperanza y desviarse de esto conlleva riesgos. Por eso hay que tomárselo “en serio”, y la política se hace con hechos que el PP traduce en datos. El pasado, en cuanto a narraciones, es expulsado como no pertinente y el futuro es la consecuencia de

Para el PP, el presente ya es futuro, en el presente cabe la esperanza y desviarse conlleva riesgos

estos números actuales. Aunque también se habla de cerrar los ojos en el vídeo “Venimos de muy lejos”, de Unidad Popular. Aquí este gesto adquiere un significado completamente diferente que remite a la memoria de cualquier militante de izquierdas. En la pantalla se suceden iconos como La Pasionaria, Salvador Allende, la Revolución de los claveles, el “No a la guerra” y el 15-M. Al abrir los ojos, lo que se ve es el eslogan “Por un nuevo país”, cuyo futuro ya está claro porque es aquel que siempre se ha imaginado. Es un futuro pasado, un futuro como déjà vu.

El pasado glorioso

Parecido es el caso del PSOE, en el que la construcción de la credibilidad y de la legitimidad reside en el pasado glorioso de los gobiernos en los cuales fue capaz de modernizar España. Como se observa en el vídeo “Orgullo socialista”, se anhela la recuperación de estos logros del pasado, en el que se condensan sus valores: Europa, sanidad, educación. Toda la fuerza de ese pasado desemboca en el eslogan que define su proyecto, “Un futuro para la mayoría”. También aquí, como en el caso anterior, nos encontramos ante un futuro pasado.

Diferente y tal vez más compleja es la actitud temporal en el vídeo “El nuevo proyecto común para España”, de Ciudadanos. En su discurso, que valora eufóricamente el presente, aparece como necesaria, no obstante, la construcción de un determinado pasado. Para ello se instaura un sujeto histórico, “los ciudadanos”, cuyo origen se remonta a la revolución

En el caso del PSOE, la credibilidad reside en los gobiernos con los que fue capaz de modernizar España

liberal de 1812. A partir de este acontecimiento inaugural se pone en marcha una narración histórica anacrónica contada en la pantalla de un viejo televisor. Frente a los episodios grises que conforman ese pasado y que son presentados en blanco y negro, se contraponen breves acontecimientos en color que desembocan en ese presente eufórico. Es la historia de una España que no pudo ser y que se encarna en Ciudadanos, protagonista y a la vez cronista de esa historia. En esta narración, el partido naranja se coloca así en un presente que, incluyendo ese pasado mítico, resulta atemporal.

Si el presente de Ciudadanos encuentra su crédito en una narración televisada, UPyD busca su legitimidad haciendo uso de recortes de periódicos para representar una denuncia continua contra una España corrupta. Así pues, se orienta hacia un presente crónico, declinado en la forma de una protesta que perdura y que debe perdurar. Una actitud distinta, entre otras, de la de Ciudadanos, que pretendiendo erigirse en la fuerza transversal representante de todos los españoles, expulsa el conflicto de su discurso.

En nítida relación con la temporalidad, quien sin duda sitúa el conflicto en el centro de toda su estrategia discursiva es Podemos, que pone un fuerte acento en un “cambio” continuo. Al mismo tiempo, su origen no aparece vinculado tanto a un tiempo como a unos determinados valores. En uno de sus spots, los principios del fundador del PSOE, Pablo Iglesias, son personificados en la figura del homónimo líder de Podemos, y actualizados en el movimiento 15-M, origen de la formación morada. De esta manera, el pasado pierde relevancia en aras de un presente sin caducidad, pletórico de acontecimientos.

Incertidumbre ante el futuro

Por supuesto, no solo las actitudes ante el tiempo que los distintos partidos han adoptado en esta campaña son importantes, y, en ese sentido, es muy significativa la ausencia, en estos spots, de temas como la cultura, la defensa, los refugiados o la política exterior. Pero parece evidente que un rasgo característico de la sociedad actual es su incertidumbre ante el futuro, que obliga a los partidos a tomar una posición ante el tiempo, sus pasiones y sus consecuencias (esperanza, ilusión, indignación, miedo, angustia...). Es a partir de estas distintas actitudes que los partidos construyen su proyecto político, su posición respecto al patrimonio, la conservación, la economía, las finanzas o la inmigración. En este sentido, no es lo mismo colocarse en un futuro pasado (PSOE, UP), en un futuro ya presente (PP), en un presente continuo (Podemos) o en un presente que oscila entre lo crónico (UPyD) y lo acrónico (Ciudadanos).