26/11/2020
Política

Tregua, pero no paz, en Podemos

Iglesias y Errejón mantienen las discrepancias políticas y organizativas que provocaron la crisis

AHORA / Jacobo Pedraza - 01/04/2016 - Número 27
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Tregua, pero no paz, en Podemos
Íñigo Errejón e Irene Montero conversan en sus escaños del Congreso de los Diputados. J. J. GUILLÉN / EFE
El número dos de Podemos, Íñigo Errejón, volvía el pasado martes al foco mediático tras dos semanas apartado por voluntad propia, lo que ha explicado como un silencio reflexivo y crítico pero se ha interpretado como una expresión del malestar que le provocó la decisión del número uno, Pablo Iglesias, de destituir a Sergio Pascual como secretario de organización. Con su regreso (se había ido a Londres para poder “elevar la mirada”) vino a confirmar que Podemos no es un partido como los demás, al menos en algunas formas. Nadie se imagina, por ejemplo, a César Luena sosteniendo tras 13 días de elocuente silencio que no está de acuerdo con una decisión de Pedro Sánchez, menos una de tanto calado como la destitución, en términos bastante agresivos, del número tres. Lo que en otro partido sería una simple desautorización del líder aquí se trata de llevar a la categoría de normal, aunque no deje de ser lo que es. Pero así es como se firman las treguas en Podemos, “unidos por el bien del proyecto” pero sin ningún síntoma de que el debate interno que ha desembocado en esta crisis vaya a desaparecer. Porque Podemos vive en el debate para bien y para mal.

“No comparto todas las decisiones de mi secretario general”, aseguraba Errejón, que ponía como ejemplo el cese de Pascual, persona muy próxima a sus postulados: “Es evidente que ha habido tensiones organizativas, como no podía ser de otra forma. Ningún modelo sirve para todo. Ahora la organización se tendrá que adaptar, pero no comparto que las dificultades y tensiones que ha habido tengan un nombre propio. No comparto que tuviesen nombres y apellidos”. Aunque se intente presentar como algo natural, no es baladí que el número dos no esté de acuerdo con el número uno en la decisión de apartar de su cargo al número tres. De hecho, Errejón no solo explicó que no siempre comparte las decisiones de Iglesias sino que aprovechó su comparecencia en la sala de prensa del Congreso para expresar “respeto y admiración” por el trabajo de Pascual —que ha sido denostado, además de destituido, desde la secretaría general—. No obstante, quiso también dejar clara su lealtad a Iglesias, a pesar del desencuentro, y su voluntad de seguir trabajando con él “para lograr un gobierno al servicio de la mayoría de desfavorecidos”. Lealtad, sí. Debate, también. Porque Errejón deslizó en varios momentos puntos de fricción con la versión oficial sobre la crisis de Podemos y anticipó algunas de las áreas de discusión que el partido tratará en su consejo ciudadano del sábado 2 de abril.

Cesiones a los socialistas

La lealtad y la unidad en lo esencial quedaron claras cuando Errejón aseguró que hay “unanimidad plena” en torno a que no es buena opción para Podemos otorgar un “cheque en blanco” al acuerdo Sánchez-Rivera. El secretario político reclama, como todos sus compañeros, un “gobierno de coalición de inspiración valenciana”. Considera fundamental la formación de un gobierno de coalición para alcanzar acuerdos con el PSOE, visto que solo les separan 300.000 votos y que es una fórmula habitual en pactos similares en otros países de Europa. Una posición plenamente coincidente con el resto del partido, acordada y dialogada con Iglesias y con el resto de participantes en la negociación. No obstante, Errejón no descarta cesiones en otros ámbitos de cara a entenderse con los socialistas. Esta posición, por otra parte, entronca con la voluntad de no ir a otras elecciones que el número dos de Podemos ha defendido desde el primer momento. Las diferencias internas sobre cómo negociar con el PSOE y con qué objetivos parecen alejarse. Pero siguen existiendo.

Organizativo o político

Casi pisando la comparecencia de Errejón, en una sala contigua del Congreso, Carolina Bescansa atendía a La Sexta. Trataba, una vez más, de ceñir la crisis en su partido al modelo organizativo: “A raíz de cuestiones organizativas ha habido decisiones. El que haya intentado ver en una cuestión organizativa algo más allá lo está mirando desde fuera y con otros objetivos. Una intersección muy nociva y ofensiva que tiene que ver con el divide y vencerás”. Señalaba a los medios como amplificadores de la crisis pocos minutos antes de que Errejón vinculase con total claridad el debate organizativo al político: “La del modelo organizativo es una discusión que tenemos que abrir y que politizar mucho. Tenemos que ser capaces de sacar esta discusión de los dimes y diretes sobre nombres. Tenemos que redoblar los esfuerzos para mantener la discusión en el terreno político, el de qué instrumentos para hacer qué cosas”. Coincidía así con otra visión apartada de la oficial, la de Juan Carlos Monedero, que también vincula estrechamente el debate organizativo al político en Podemos. Van unidos y no parece ser una simple crisis de crecimiento, más si las dimisiones y las destituciones por razones organizativas se producen (casualmente) al mismo tiempo que se celebran las negociaciones para la posible investidura del líder socialista, Pedro Sánchez.

El consejo ciudadano del sábado tratará de escenificar unidad sobre las negociaciones con el PSOE

Errejón anticipó que el del sábado será un consejo ciudadano de discusión en ambos frentes, en lo político y en lo orgánico. La parte política se centrará evidentemente en la búsqueda de un pacto con el PSOE tras la reunión entre Iglesias y Sánchez. La intención es escenificar unidad de planteamientos en este apartado.

Ratificar a Echenique

En lo orgánico el máximo órgano de Podemos tiene que ratificar el nombramiento de Pablo Echenique como nuevo secretario de organización, algo que no parece complicado dado que, como manifestaba el martes el propio Errejón (que votará a favor), “es una propuesta de consenso”, que contenta a todos los sectores de la formación morada, empezando por los anticapitalistas de Teresa Rodríguez, entusiasmada con el ascenso del que fuera su aliado en la asamblea fundacional de Vistalegre, en octubre de 2014, frente al modelo que entonces proponían conjuntamente Iglesias y Errejón.

La discusión organizativa se encamina a construir estructuras más estables en los territorios y dotarlas de una mayor autonomía y capacidad de decisión. Un asunto de fondo en el que todos parecen estar de acuerdo. Echenique lo manifestó en la rueda de prensa en la que Iglesias le propuso como nuevo número tres y, de hecho y como modelo de funcionamiento más descentralizado de la organización, declaró su intención de llevar sus funciones desde su lugar habitual de residencia, Zaragoza.

Un partido federal

Errejón abundaba en ello el martes al defender un modelo “federal o federalizante”, lo que supondría un cambio significativo en el partido, que ha venido recibiendo críticas por su excesivo centralismo precisamente desde los territorios en los que han tenido algunos de los mejores resultados y en los que defienden la autodeterminación, como son el País Vasco, Cataluña o Galicia. Con su habitual pragmatismo, Errejón defendía el éxito del anterior modelo a la luz de los resultados electorales y pedía un nuevo marco “para el próximo ciclo político que se abrirá tras la formación de gobierno” centrado en “atraer a la gente que falta” en Podemos, gente que pueda simpatizar con el partido si se gana en implicación territorial y social.

Los dirigentes de Podemos están ahora esperanzados tras los contactos mantenidos con los socialistas

El consejo, en el que Echenique presentará un documento con su propuesta, girará también en torno al papel de los círculos —que muchos consideran de capa caída desde hace ya demasiado tiempo— y a los plazos y la fórmula con los que se deben abordar los cambios. Es decir, un debate también sobre las formas. Errejón propone abrir la discusión a la militancia, “como la discusión previa a Vistalegre, que fue muy rica en textos y en contraposiciones políticas e ideológicas de compañeros con diferentes culturas políticas y experiencias”, alejarse de los “dimes y diretes” del debate de los nombres y de las familias, confrontar argumentos (enriquecidos por ser un debate abierto) y decidir cuál es mejor. Hasta que llegue ese debate sosegado, el número dos plantea ir trabajando día a día en el fortalecimiento de los territorios y de la participación. Las atribuciones del secretario general y de otros órganos, como por ejemplo su capacidad para destituir unilateralmente a cargos de la ejecutiva, quedarían sin discutir hasta entonces.

Otro de los puntos en los que Errejón pareció matizar los planteamientos sostenidos hasta ahora por muchos de sus compañeros y por su secretario general fue la inexistencia de familias. De nuevo Errejón lo afrontó como lo que es, algo natural: “Es normal que haya gente que sirva de referencia, ahora bien, eso no significa que haya diferencias ideológicas profundas. Los militantes de Podemos no salen de una fábrica sino de su casa, de su padre y su madre, tienen diferentes ideas y diferentes criterios. Unos vibran más con otros”. Los grupos existen pero no impiden el funcionamiento del partido. Se discute, se trata de convencer, pero la batalla real es hacia fuera.

Reuniones con los socialistas

Hacia fuera es hacia donde trata de mirar ahora Podemos. Hacia un PSOE al que Errejón, tras conversaciones suyas con Antonio Hernando y de Irene Montero con José Enrique Serrano, observa con esperanza de entendimiento: “Hemos percibido buena sintonía para un gobierno de cambio”. Con ellos sí, y en ese sentido aprecia que el líder del PSOE ya hable de la posibilidad de compartir el ejecutivo. En Podemos, no obstante, descartan la hipótesis de entrar en un gobierno en el que también esté Ciudadanos, salvo que el partido de Albert Rivera diese un giro radical en sus políticas. “He escuchado a portavoces de Ciudadanos a favor del repago en la Sanidad, algo con lo que estamos radicalmente en contra”, afirmó Errejón. Con esos planteamientos ve difícil un acuerdo porque, en su opinión, “no se puede contentar a los dos partidos”, y explicaba que quien fuera el ministro de Sanidad “tendría que ir en una de las dos líneas”. Ese ejemplo le sirvió para pedir un “gabinete coherente, que dure una legislatura y no tenga posiciones antagónicas”. Y es que para Podemos, el gobierno a tres que propone Sánchez no es mestizaje político sino un “ejercicio Frankenstein”.

A vueltas con los círculos

Jacobo Pedraza
La nueva política de organización prevé cambios en las agrupaciones, de capa caída desde hacía tiempo para buena parte de los integrantes de Podemos y solapadas con el proyecto de las Moradas, las sedes sociales de Podemos, ajenas a los círculos.

Lo anticipaba Pablo Echenique poco después de ser propuesto por Pablo Iglesias como secretario de organización de Podemos, antes de Semana Santa: uno de los ámbitos de actuación iba a ser la revitalización de los círculos, que en su opinión y en la de muchos han perdido fuerza a lo largo del tiempo. Las agrupaciones locales y sectoriales, que en los albores del partido morado habían sido uno de sus puntales de movilización y participación, han languidecido en un mar de problemas y desatención entre tanta urgencia electoral. Su protagonismo en las elecciones europeas, las primeras a las que se presentó Podemos, fue indiscutible y en buena parte responsable del sorprendente resultado conseguido: cinco escaños a los tres meses de vida.

La diferencia de la importancia de los círculos en esa campaña frente a las posteriores es indiscutible. Buena parte de la participación ciudadana se desplazó en las autonómicas y locales hacia las candidaturas municipales, proyectos ilusionantes y abiertos en los que se integraron ciudadanos que habían participado en círculos de Podemos al verlos más activos y menos polarizados. Juan Carlos Monedero o Eduardo Maura (Podemos Euskadi) han coincidido en los últimos días en señalar la pérdida de fuelle de los círculos, desoídos en opinión del fundador del partido, que cree que son importantes de cara a que Podemos destaque por su “vector participativo” y siga siendo una fuerza política diferente.

Los círculos, órganos heterogéneos que funcionan de distintas maneras según el caso y la gente que los integre, echan de menos tres elementos que en esencia tienen que ver con un sentimiento de abandono por parte de la dirección: comunicación, atribuciones propias (algo que se descartó en Vistalegre pero que ahora, con la llegada de Echenique a la secretaría de organización, vuelve a estar en la palestra) y algún tipo de pauta de funcionamiento para ordenarse y cumplir su papel de apertura a la ciudadanía con éxito. Esa función, además, choca con la creación de Moradas. 
Por su parte, Íñigo Errejón defendía el martes 29 de marzo el proyecto de las Moradas para potenciar al partido como “movimiento popular”.

Apuntaba que había que construir “Moradas como espacios comunitarios de socialización”, una definición que podría aplicarse perfectamente a los círculos, a los que el propio Errejón dejó sin funciones específicas en su día, con lo cual se anticipa un debate entre sus posiciones y las de los defensores de los círculos para la nueva construcción.