25/4/2017
Análisis

Tres paradojas en la defenestración de Sánchez

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El “sábado rojo” que vivió el PSOE el pasado 1 de octubre no fue un episodio inédito en la historia de los partidos políticos, ni siquiera del PSOE. En la vida de estas organizaciones suele ocurrir que, cuando la lucha por el poder interno llega a un punto de división profunda irreversible y las fuerzas están muy igualadas, la disputa final sea virulenta y sin cuartel. Solo quien está en disposición de utilizar todos los resortes al alcance acaba sobreviviendo. Que Pedro Sánchez tuviera que dimitir nos indica la fragilidad con la que había llegado a esta cita frente la determinación de sus oponentes. Las formas no fueron muy distintas a las de la caída de Santiago Carrillo o Margaret Thatcher, por mencionar solo algunos referentes conocidos. La diferencia fueron La Sexta y Twitter.

Muchos analistas han señalado las dudas estratégicas sobre la jugada, puesto que el PSOE se encuentra hoy en una posición peor que hace un mes para resolver sus dilemas. Si Sánchez tenía ante sí tres alternativas (abstenerse ante Rajoy, apostar por unas terceras elecciones o intentar un improbable gobierno alternativo), hoy el partido solo puede optar entre claudicar ante Rajoy (tras perder cualquier capacidad de negociación seria) o acudir a unas elecciones que irremediablemente significarán su hundimiento electoral. Como lo segundo es peor que lo primero, apenas existen dudas de lo que acabará votando el grupo parlamentario socialista (o una parte de él): ganar tiempo.

Las formas fueron como las de la caída de Carrillo o Thatcher, la diferencia estuvo en La Sexta y Twitter

La caída de Sánchez buscaba abortar el inminente acercamiento a Podemos y a los partidos nacionalistas en una última tentativa para formar gobierno, y trataba de evitar que lo hiciera protegido por el apoyo de las bases. Sin embargo, a medio plazo, la nueva dirección que surja en el próximo congreso no va a alterar sustancialmente estos parámetros seguidos por Sánchez. Esta será la gran paradoja de su defenestración, que en realidad son tres.

La primera paradoja, virando a la izquierda. El declive electoral del PSOE está bien identificado. Ha perdido electores en todas las direcciones, y muchos partidos se han beneficiado de ello. Pero su mayor caudal de pérdidas se dirige a Podemos, en el que han acabado muchos exvotantes (uno de cada tres de los que apoyaron a Iglesias), y, aún más preocupante para el PSOE, muchos potenciales votantes jóvenes que ya ni siquiera se plantearon tomar la papeleta socialista.

Como sucede con otros partidos socialdemócratas europeos, la transformación social de largo alcance, el impacto de la crisis en las clases medias y el coste de haber tomado duras medidas al inicio de esta son algunas de las principales causas de la pérdida de músculo electoral. Se trata de votantes con estudios universitarios, en entornos urbanos, más bien jóvenes y difícilmente persuasibles con la retórica tradicional de la izquierda estatista. Un perfil de ciudadano que probablemente observó con mucha severidad la cadena de acontecimientos de la crisis interna del PSOE. Parece difícil que se pueda recuperar a ese votante con el mismo discurso que muchos líderes autonómicos utilizan todavía para mantener el apoyo de los votantes socialistas más fieles. No está claro que sea un apoyo recuperable, pero una cierta podemización del discurso del PSOE parece ser ineluctable.

En las comunidades con partidos nacionalistas Podemos ya ha dado el sorpasso y relegado al PSOE

La segunda paradoja, mirando al norte. La caída del PSOE ha sido particularmente intensa en aquellas comunidades donde compite con partidos regionalistas o nacionalistas. En realidad, en todas ellas Podemos ya ha alcanzado el sorpasso y ha relegado al PSOE a la tercera o cuarta posición en alguna de las elecciones realizadas en el pasado ciclo. Y en todas ellas la mayoría de exvotantes socialistas se ha ido hacia formaciones políticas con un discurso más favorable a la autonomía, apoyando una descentralización mayor y un reparto distinto de la financiación autonómica. De nuevo, Podemos ha resultado el principal beneficiado. Quizá Cataluña sea el caso más ejemplar, pero no el único. Tradicionalmente, estas comunidades aportaban el mayor número de diputados al grupo parlamentario socialista del Congreso. Sin embargo, desde diciembre de 2015 su peso ha caído hasta quedar eclipsado por el de los diputados que provienen de las comunidades meridionales. ¿Se está convirtiendo el PSOE en el partido del sur? Es sin duda un juicio impresionista. Pero cualquier atisbo de recuperación socialista pasará por mejorar su posición en las autonomías del norte con identidad plurinacional.

La tercera paradoja, apelando a las bases. El detonante de la caída de Sánchez fue el anuncio del calendario de primarias inminentes. En este aspecto, Sánchez realizó un movimiento Corbyn: tratar de reforzar su autoridad ante las crecientes críticas internas apelando a las bases. Los críticos han evitado el primer intento, y han alertado de la perversión a la que puede abocar la lógica plebiscitaria, sobre todo cuando esta se opone al interés electoral del partido. Sin embargo, a pesar de las contradicciones y problemas presentes en los mecanismos de democracia directa dentro de los partidos, que puede alimentar contradicciones entre militantes y votantes, el creciente papel de las bases en la legitimación interna no tiene marcha atrás. El próximo líder del PSOE deberá pasar la prueba del voto directo. Por eso, la batalla al respecto no será tanto sobre la conveniencia o no de este mecanismo, sino más bien sobre quién redactará las reglas bajo las que se celebren las próxima primarias.