7/4/2020
Cine

Un acto de fe

Los hermanos Coen logran en ¡Ave, César! una de las cumbres de lo referencial, algo de lo que han hecho gala en toda su filmografía

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Un acto de fe
George Clooney en un fotograma de ‘¡Ave, César!’ TOUCHSTONE PICTURES / MIKE ZOSS
Cuál es el improbable vínculo que une a Esther Williams, Herbert Marcuse y Saulo de Tarso? En el cine estadounidense de hoy en día solo los hermanos Joel y Ethan Coen pueden responder a esa pregunta. Lo hacen con uno nuevo vodevil de filias y obsesiones, entradas y salidas a la carrera, amén de una buena dosis de diálogos rocambolescos, en el que vuelven a fijarse en el Hollywood Babilonia de la década de los 50. Ya lo hicieron hace 25 años en Barton Fink (1991), pero si allí su mirada sobre la fábrica de sueños se ceñía a la visión solitaria y ambiciosa de un guionista malogrado, en ¡Ave, César! enseñan las bambalinas del sistema de estudios en una época en que la ostentación cinematográfica se traducía en westerns acrobáticos, fantasías musicales bajo el agua o péplums que reclamaban la bendición divina.

También el altísimo hace acto de presencia en ¡Ave, César!: como en algunas de sus comedias más disparatadas —El gran Lebowski (1998), Un tipo serio (2009)—, el hecho religioso es motivo de broma, pero al mismo tiempo su participación en el mecanismo cómico no es una frivolidad. Aquí los dos grandes protagonistas del filme se enfrentarán cada uno por su lado a la figura de Jesucristo en dos escenas que funcionan casi como telón de apertura y clausura, de búsqueda y de redención chistosa y existencial ante el barullo y la confusión que sienten frente al mundo de cartón piedra en el que se mueven.

La película enseña las bambalinas del sistema de estudios en una época de ostentación cinematográfica

Nada más arrancar la película, Eddie Mannix (Josh Brolin), “arreglatuertos” de Capital Studios en crisis de fe profesional, solicita la ayuda al señor en la intimidad del confesionario. Es un hombre de familia católico resignado, tan recto que se fustiga por fumar a escondidas de su mujer, pero a quien, sin embargo, no le tiembla el pulso a la hora de buscar una solución rápida, legal pero de dudosa ética, ante el embarazo imprevisto de su starlette más rentable (Scarlett Johansson).

El encuentro de Baird Whitlock (George Clooney) con el todopoderoso tiene más que ver con su condición de protagonista de una de romanos, rodaje trasunto del de Ben-Hur (William Wyler, 1959), aunque tampoco se escapa de sufrir su propio vía crucis intelectual cuando es secuestrado por un grupúsculo de guionistas rojos liderados moralmente por el mismísimo Marcuse. ¿Acabará la gran estrella del Hollywood del macarthismo convertido a la religión prohibida y luchando contra los medios de producción capitalistas aun a costa de sacrificarlo todo?

Scarlett Johansson en un fotograma de ‘¡Ave, César!’ TOUCHSTONE PICTURES / MIKE ZOSS PRODUCTIOS / WORKING TITLE FILMS

Tan lejos y tan cerca, mártires a su pesar, uno y otro son las dos caras del antihéroe arquetípico de los Coen: el primero, un hombre acorralado por sus propias dudas; el segundo, un idiota feliz en su constante perplejidad, y, ambos, figuras que arrastran como Sísifo el peso de la humanidad en un mundo tan cambiante como un plató de cine.  Mientras Mannix trata de averiguar dónde demonios se encuentra Whitlock, el espectador le acompaña en su recorrido por las instalaciones de un estudio de Hollywood ficticio de los años 50, lo que le permite pasear por los principales géneros cinematográficos de esa época del cine tan dorada como barroca.

Carrusel de referencias

Los Coen, abiertos practicantes del pastiche posmoderno, logran así pues en ¡Ave, César! una de las cumbres de la referencialidad de la que han hecho gala en su filmografía: en el musical acuático que protagoniza la sirena Johansson hay ecos de las coreografías del genial Busby Berkeley, así como un homenaje nada velado a Esther Williams; en el péplum bíblico del que han raptado a Clooney resuenan tanto Cecil B. DeMille como Charlton Heston; la maravillosa secuencia de claqué que interpreta Channing Tatum, candidata a mejor sketch del año, le debe todo a los memorables bailes de Gene Kelly en Un día en Nueva York (Stanley Donen, Gene Kelly, 1949); mientras que la película a cargo del personaje de Ralph Fiennes, clon de George Cukor que intenta redirigir la poca versatilidad de Hobie Doyle (Alden Ehrenreich), copia a su vez del cowboy cantante Audie Murphy, es un melodrama refinado asimismo inspirado en las screwball comedies de alto copete que triunfaron en esos años.

Los dos protagonistas (Josh Brolin y George Clooney) son las dos caras del antihéroe arquetípico de los Coen

Por no obviar ni una de las piezas del engranaje del sistema de estudios, aparece incluso el calco de Hedda Hopper, la temida cronista de cotilleos encarnada en la cinta de los Coen por una Tilda Swinton generosa y, como es habitual, exquisita y precisa. Hasta los decorados evocan la majestuosidad de esos años: del parque natural Vasquez Rocks, donde en su día se rodaron unas cuantas películas del oeste, hasta los estudios Warner Bros., que han servido de escenario para recrear esos imaginarios Capitol Studios, nada ha quedado al azar. Tampoco faltan en esta antología urgente del cine clásico a cargo de los Coen los homenajes a sí mismos y a su filmografía. Un carrusel de la cita.

Un arte en colisión

Pero toda esa artillería de guiños, reformulaciones e intertextualidad es solo una superficie lustrosa (como ninguna otra en hace mucho tiempo) desde la que reflexionar, casi como una moneda lanzada al aire, sobre una manera de comprender una industria y un arte muchas veces, más bien siempre, en colisión. En ¡Ave, César! el cine se entiende como un campo de batalla ideológico incapaz, por otra parte, de representar el mayor de los misterios de lo humano (la iluminación, la religión, la esencia del creer) y que, pese a todo, es uno de los mayores actos de fe. Ver es creer. El cine es una epifanía. Y detrás de todo esa montaña sagrada de tópicos hay un gran circo incontrolable, caótico y tumultuoso que se rige por las anárquicas reglas de un universo en el que el gran protagonista ya no es dios.

¡Ave, César!
¡Ave, César!

Escrita y dirigida
por Joel y Ethan Coen
Con George Clooney,
Scarlett Johansson y
Josh Brolin
En cartelera