27/3/2019
Análisis

Un divorcio amistoso

El 23 de junio debería marcar el final de cualquier ilusión sobre si los ingleses quieren verse a sí mismos como europeos

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Un divorcio amistoso
El exalcalde de Londres, Boris Johnson, visita una fábrica de jabón como parte de la campaña “Vote Leave” en Stratford-upon-Avon. A. PARSONS POOL / GETTY
Ha llegado el momento de que la UE pida educadamente a Reino Unido que se marche. Durante décadas, Londres ha practicado un doble juego: beneficiarse de la pertenencia a la UE mientras la socava y la chantajea desde dentro. En su referéndum del 23 de junio, una pequeña mayoría del país votará probablemente por quedarse. De modo que el doble juego continúa, justo cuando la UE necesita un ajuste fundamental para sobrevivir y, por lo tanto, que sus miembros actúen de buena fe. Mucho mejor, pues, que Bruselas presione para conseguir un divorcio amistoso.

Si se está de acuerdo con el escritor británico Martin Amis en que Gran Bretaña ha respondido a la pérdida del imperio echándose en brazos de la frivolidad, el referéndum sobre la UE ofrece muchas pruebas. Los partidarios de quedarse no paran de sacar historias sobre los desastres que esperan al mundo si Reino Unido abandona la UE: caos económico, precios de casas más bajos en Gran Bretaña y guerra en Europa (sí, el primer ministro británico ha afirmado con toda seriedad que lo que impide que la UE se masacre es la pertenencia británica a la UE). Por su parte, los partidarios de irse están anunciando alegremente una mentira tras otra, esparciendo datos engañosos como confeti y soñando en voz alta lo grande que sería su país fuera de la UE.

El proyecto miedo frente al proyecto fantasía. Eso es en lo que se ha convertido el “debate” sobre la consulta en Reino Unido. Y por esta razón, este referéndum ha resultado ser muy útil. Quizá no para los británicos, que siguen careciendo de una discusión honesta, pero sí para los demás europeos. Este referéndum debería marcar el final de cualquier ilusión sobre si los ingleses quieren verse a sí mismos como europeos.

Cameron ha llegado a decir que lo que impide que la UE se masacre es la pertenencia británica a la Unión

Como muestra el “debate” cada día, una parte de los medios de comunicación y la clase política con sede en Londres están utilizando una caricatura ridícula y mendaz de la UE para sentirse superior a los europeos y permitirse fantasías sobre “hacer a Gran Bretaña grande otra vez”. Algunos de los partidarios de quedarse, como el primer ministro David Cameron, consideran la pertenencia como un favor a Europa por el que su país tiene derecho a concesiones. Otros partidarios ven la pertenencia como un mal menor o una carga que sobrellevar. El líder laborista Jeremy Corbyn se pasó toda su carrera hablando contra la UE para ahora recomendar a regañadientes a sus seguidores que la acepten con todos sus defectos. Los únicos partidos que abrazan la UE son los nacionalistas escoceses y los liberal demócratas -—estos últimos, diezmados en las últimas elecciones—. Después están Tony Blair, Gordon Brown y el resto de la facción del Nuevo Laborismo. Han sido apartados por Corbyn después de ver cómo su credibilidad quedaba destruida por la invasión ilegal de Irak y su proximidad a la élite financiera internacional.

Euroescéptico no, eurofóbico

Este es el mayor descubrimiento que ha permitido el referéndum: el grado de eurofobia y la ausencia en el “debate” de cualquier argumento favorable a la UE. La razón está también clara ahora: los argumentos favorables a la UE se basan en el reconocimiento de la irrelevancia global de los países europeos individualmente, lo que hace que compartir la soberanía sea una solución lógica. El problema es que en Reino Unido cualquier sugerencia de que el país es ahora pequeño y cada vez más irrelevante es un tabú nacional.

Para empeorar las cosas, tabloides como The Sun, Daily Mail y Daily Express han presentado durante décadas a sus millones de lectores una dosis diaria de exageraciones, falsedades y mentiras sobre la UE, y los más respetables Daily Telegraph y The Times han hecho esencialmente lo mismo, solo que con más educación. Mientras tanto, se exige a la BBC unos estándares de imparcialidad imposibles de cumplir, lo que en la realidad se traduce en que a cada argumento sobre la UE deben contraponer otro de los partidarios de la salida.
Esto hace parecer que la verdad siempre está en medio y da credibilidad hasta a las más extravagantes afirmaciones de los partidarios de la salida.

Reino Unido, o más bien Inglaterra, porque Escocia es en su mayoría pro-UE, no es euroescéptico. Es eurofóbico. Al mismo tiempo, muchos británicos se dan cuenta de que no hay ningún argumento económico para abandonar la UE, y que hacerlo podría suponer el fin de Reino Unido: si los ingleses votaran irse y los escoceses quedarse, los nacionalistas escoceses volverían a presionar por la independencia. Esta es la razón por la que el 23 de junio una pequeña mayoría de británicos podría votar quedarse. Sin duda, los gestores de las crisis en Bruselas y en las capitales de los países de la Unión lo celebrarán. Pero esa es una visión a cortísimo plazo. Como afirmó recientemente el veterano corresponsal en Bruselas de Liberation Jean Quatremer, si Reino Unido decide quedarse “hará la vida más horrible que nunca” a las otras 27 naciones.

Quatremer: “Si Reino Unido decide quedarse hará la vida más horrible que nunca a las otras 27 naciones”

Para sobreponerse a los refugiados y a la eurocrisis, y finalmente volverse democrática, la UE tendrá que hacer un profundo ajuste. Mientras lo hace, afirma Quatremer, Cameron y sus sucesores negociarán una concesión tras otra y vetarán por principio cualquier otra transferencia de soberanía. Políticos y tertulianos en Londres, tanto de izquierdas como de derechas, ya están jugando con la idea de otro referéndum si Gran Bretaña decide quedarse: el neverendum (referéndum de nunca jamás). Recordemos también que los periódicos eurofóbicos británicos son propiedad de un puñado de millonarios, el más poderoso de los cuales es Rupert Murdoch. Hace no mucho se le citó cuando dijo que su oposición a la UE era fácil de comprender: “Cuando voy a Downing Street hacen lo que digo. Cuando voy a Bruselas, ni se dan cuenta”. He aquí la soberanía británica.

A punto de romperse

Ya basta. En tiempos normales, el sabotaje británico sería irritante pero tolerable. Pero no estamos en tiempos normales. La UE no está en crisis, la UE está a punto de romperse. Schengen no funciona. El euro no funciona. Y en su forma actual la UE es básicamente antidemocrática. Una UE democrática implicaría que los ciudadanos decidieran en elecciones qué clase de Unión quieren. Esto no es en absoluto lo que el sistema actual ofrece. En lugar de eso, los ciudadanos son invitados periódicamente a ratificar lo que quiera que haya sido negociado tras las bambalinas entre los tecnócratas de la Comisión Europea, un lobby empresarial extraordinariamente dotado, el Parlamento Europeo y su propio primer ministro o presidente.

Quizá los próximos años mostrarán que la crisis de los refugiados es imposible de superar, que el euro no se puede reparar y que una UE democrática es una ilusión. Quizá. La cuestión es si estamos dispuestos a tirar la toalla o si los europeos todavía tienen ganas de luchar y hacer que esto funcione. En el segundo caso, necesitamos países con gobiernos racionales, realistas y sensatos, que actúen de buena fe y cuya opinión pública no haya sido secuestrada por un puñado de millonarios eurofóbicos.

Reino Unido, particularmente Inglaterra, no cumple ninguna de estas condiciones, y durante lacampaña de este referéndum ha mostrado un interés casi nulo en reformar y se ha apoyado en la visión de consenso de que la UE es “irreformable”. Como los británicos reciben tantos beneficios económicos de su pertenencia a la UE, no saldrán de la miseria que les provoca. Ni dejarán de socavar a la UE. Así pues, que el resto de Europa sea más sabio. Dejemos de creer que la opinión pública inglesa mayoritaria querrá ser europea algún día. Un divorcio amistoso. ¿No es esto, vistas nuestras diferencias, la salida más digna de todas?