10/12/2019
Internacional

Un Parlamento amigo de la inversión extranjera

Teherán no quiere vender petróleo e importar todo lo demás y pone condiciones a los interesados como la transmisión de conocimientos

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Empleo, gestión, reforma, inversión. Esas fueron las palabras más escuchadas antes, durante y después de las recientes elecciones parlamentarias en Irán, y previsiblemente lo seguirán siendo mientras el presidente Hasán Rohaní siga en el poder.

La cuestión económica es desde hace mucho tiempo la mayor preocupación de las autoridades y el pueblo iraní, y ha estado en boca tanto de los conservadores más extremistas como de los moderados posibilistas o de los reformistas más críticos con el sistema. Todo ha estado supeditado a ese crucial asunto, clave del éxito electoral de Rohaní y sus aliados, que han recibido un claro apoyo popular para profundizar sus políticas de apertura a la inversión extranjera e impulsar una cierta austeridad en el gasto público, así como para iniciar la reforma de la estricta legislación económica del país.

Los diputados electos son abiertamente favorables al dominio del  capital privado en la economía, no le hacen ascos a las empresas extranjeras y apuestan por una mayor interacción comercial con el resto del mundo. También se espera que la ya incipiente invasión de extranjeros dispuestos a aprovechar las oportunidades económicas que ofrece Irán pase de ser un goteo a un torrente, y no solo en el obvio campo de la industria de los hidrocarburos —el caramelo más goloso que la República Islámica ofrece al mundo— sino en todos los sectores de la compleja y amplia economía.

“La labor del nuevo Parlamento será legislar para la apertura económica, y ahora tiene la composición para hacerlo. Los inversores estaban preocupados por cuestiones como la seguridad jurídica o las rígidas disposiciones sobre la industria del petróleo. Entendemos que ahora se podrá avanzar sobre estos asuntos”, analiza para AHORA el embajador de un país occidental con muchos intereses en Irán.

El interés en el país arrancó inmediatamente después de que el pasado julio se anunciara el acuerdo nuclear que puso fin a las sanciones económicas. Entonces arrancó la carrera por granjearse de nuevo la amistad iraní y poder llevarse parte del pastel de un mercado considerado por muchos analistas como la última gran economía virgen del planeta. Europa, liderada por Alemania y Francia, ha sido la más activa en este aspecto y en los últimos meses se han podido contar por decenas las visitas de alto rango a Teherán orientadas a impulsar los negocios.

Muchos buscan hacerse un hueco en un mercado visto como la última gran economía virgen del planeta

Irán se ha dejado querer e incluso ha puesto condiciones: no quiere vender petróleo e importar todo lo demás, sino que está exigiendo inversión en el país, producción local orientada a la exportación y transmisión de conocimientos y tecnología. Los españoles no han sido ajenos a este interés por Irán, interés que además es mutuo, ya que existe un gusto generalizado por España y desde las altas esferas se mira a nuestro país con simpatía. Más allá del asunto de la refinería que Irán quiere comprar en Algeciras, que según funcionarios de la industria del petróleo de paso por Irán tiene más de deseo que de realidad, el campo para ampliar lazos comerciales bilaterales es muy amplio.

Así, Paladium, el centro comercial más exclusivo de la zona norte de Teherán, está plagado de tiendas de Zara o Cortefiel, con gran éxito entre los iraníes, un pueblo muy consumista. Las infraestructuras, con proyectos de construcción de ferrocarril, metro y autovías, son algunas de las opciones en las que hay empresas españolas interesadas, así como en la venta del material asociado. Talgo acaba de anunciar que realiza pruebas de maquinaria en el país para presentarse a una licitación. Meliá también ha anunciado su entrada en el mercado iraní con la próxima apertura de un hotel de cinco estrellas, el primero de este tipo gestionado por un grupo extranjero en un paso pionero para el desarrollo de la industria del turismo en Irán, que prevé dispararse en los próximos años. Sin embargo, pese a las promesas y proyecciones tras el fin de las sanciones, pese al Gobierno amigo de la empresa privada y el Parlamento afín a sus políticas, entrar en el mercado iraní no está exento de complicaciones.

En Irán la competencia será feroz. Los iraníes son negociantes duros y exigentes y las dificultades culturales y políticas son notables. Nada es imposible para un empresario interesado, pero nunca será un paseo.