15/10/2019
Política

Una campaña particular

Los candidatos solo hablan para sus clientelas y evitan entablar debates. El PP se mantiene en los sondeos como la primera fuerza pese a estar asediado por la corrupción y por mentir sobre su compromiso con la UE de hacer más recortes

AHORA / Rosa Paz - 27/05/2016 - Número 35
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Una campaña particular
Susana Díaz está arropando a Pedro Sánchez en el arranque de la campaña del 26-J. miguel ángel molina / eFE

Falta un mes escaso para la celebración de las segundas elecciones generales en seis meses y en los cuarteles de campaña de los principales partidos dudan incluso de que los electores sean conscientes de que están llamados a votar de nuevo el 26 de junio. Un domingo de verano, que en Cataluña, Galicia, La Rioja y Murcia coincide con el puente de San Juan, y en esas y otras comunidades “con la resaca de las verbenas de la noche del día 24”, como ironiza un veterano político catalán. Son estos algunos datos que sumados al hastío que han causado en la ciudadanía los meses previos de estériles negociaciones podrían incrementar la abstención. Pero no se sabe. Porque la campaña hasta el momento está siendo “incolora, inodora e insípida”, a juicio de algunos analistas políticos y, por tanto, no se está viendo ni mucho entusiasmo por parte los candidatos ni mucha movilización en el electorado.

A su clientela

Parece que cada líder va a lo suyo. Como siempre, se podría decir, pero en otras ocasiones interactúan más unos con otros. Se responden, aunque sea para descalificarse mutuamente. En estas semanas, sin embargo, cada uno predica en su propio desierto —o en su oasis particular—, recita su discurso, sus propuestas, sus quejas o sus reproches como monólogos dirigidos exclusivamente a su clientela, sin molestarse en contestar a los rivales y, mucho menos, en entablar un debate serio sobre qué hacer para resolver los problemas que aquejan a la sociedad española. A lo mejor están esperando para hacerlo a que les llamen de las cadenas de televisión. O quizás están transmitiendo la impresión de que tendrían que empezar por pedir perdón a los electores por no haber sido capaces de formar gobierno.

El PSOE intenta evitar quedar emparedado entre PP y Unidos Podemos, que quieren polarizar las elecciones

Esto último, unos más que otros. Más aquellos que lo intentaron —PSOE y Ciudadanos—, porque los otros aparentan sentirse cómodos con su actuación en la legislatura frustrada y con su decisión de polarizar la campaña entre ellos: PP y Unidos Podemos (Podemos más IU). No es una idea nueva. Ya lo intentaron en diciembre con poco éxito, porque los socialistas evitaron —por los pelos— quedar emparedados en ese sándwich y lograron en el reparto de escaños una posición central que, finalmente, no les sirvió para su objetivo de investir presidente a Pedro Sánchez.

Seguir gobernando

Pero ahora esa polarización arrecia. Porque el PP ve que todas las encuestas le dan como primera fuerza —“pese a sus escándalos de corrupción y sus mentiras sobre el déficit y los recortes”, recuerdan sus oponentes—, y esta vez confía en sumar los suficientes escaños con Ciudadanos para mantenerse en el poder. Para intentarlo ha recuperado el discurso del “desastre” al que llevarían a España los “radicales, extremistas y comunistas” de Unidos Podemos, que, según ese discurso, llegarían al poder de la mano del PSOE, tanto si les arrebatan o no a los socialistas la hegemonía de la izquierda.

A la formación que lidera Pablo Iglesias también le viene bien polarizar la campaña con el PP, porque si lo consiguen pueden dejar al PSOE en tierra de nadie, en medio de una pinza desde la que le costará emitir sus mensajes al electorado. Los últimos sondeos apuntan a que con la confluencia de Izquierda Unida, el sorpasso a los socialistas es posible, al menos en número de votos, así que Iglesias se muestra condescendiente con los socialistas —“el PSOE seguirá siendo una fuerza imprescindible”, dijo el martes pasado— y generoso al ofrecerle gobernar juntos. Justo lo que él se negó a hacer hace dos meses. Lo que dice en esta campaña responde a su convicción —o a la necesidad de convencer a los suyos de que es posible— de que su partido gana o queda segundo después del PP, no tercero como en diciembre detrás también del PSOE.

Escapar de la pinza

Así que Sánchez está lanzando a una intensa campaña, de la mano de su principal rival interna, la presidenta andaluza, Susana Díaz, y rodeado de barones hostiles, en la que ha empezado por sacar de la sombra al que pretende que sea su gobierno si llega a La Moncloa. El secretario general del PSOE ha lanzado también un mensaje claro a los electores que quieren que Rajoy deje de ser presidente y el PP sea desalojado del poder: “Si dependo del voto de Pablo Iglesias, no seré presidente. Lo sé por experiencia”. De modo que Sánchez apela al voto útil de la izquierda. No lo tiene fácil, porque el electorado socialista está deprimido y el único golpe de efecto que se ha producido hasta el momento en esta campaña ha sido la alianza de Podemos con IU, aunque no se sabe si esa influencia positiva en el electorado se va a mantener hasta el 26-J.

Como los partidos no han renovado su programa electoral —no tuvieron tiempo de aplicarlo en la nanolegislatura—, ahora parecen haberse olvidado de él. Menos los socialistas, que en ese mismo intento de no quedar aplastados entre PP y Unidos Podemos están aireando sus principales propuestas: pagar las pensiones con impuestos, crear miles de puestos de trabajo, hacer una reforma de la fiscalidad más progresiva en la que paguen más los que más tienen. De momento, ningún otro partido les responde. No entrar en el debate es también una estrategia para ningunearles.

Iglesias se muestra ahora condescendiente con los socialistas: “El PSOE será una fuerza imprescindible”

Y mientras, Ciudadanos va quedando cada vez más difuminado —aunque la visita de Albert Rivera a Venezuela le permitió ocupar mucho espacio en los medios— y  no parece que vaya a capitalizar en las urnas sus esfuerzos para formar gobierno y evitar esta repetición electoral. De hecho, ahora que aparece más centrado, puede perder ese voto que recibió de votantes descontentos del PP, que buscaban en el nuevo partido una derecha más moderna y más decente, que espoleara al PP y le empujara a desprenderse de la corrupción, pero no que pactara con el PSOE.

Si la campaña está siendo “atípica”, a juicio de los consultores políticos, tampoco los expertos demoscópicos saben hasta qué punto son de fiar los sondeos. Aunque parece que hay algunos elementos claros: la estabilidad del voto del PP es el principal de ellos. Lo que no deja de sorprender a analistas y a dirigentes de la oposición.

El PP y la fianza de 1,2 millones

Porque mientras las encuestas dan al PP como el partido más votado y con más posibilidades de seguir en el poder que en diciembre, las noticias de los últimos días supondrían un deterioro de las expectativas de cualquier partido, en opinión de los expertos. La más grave, la decisión del juez de la Audiencia Nacional José de la Mata de darle 10 días para pagar una fianza de 1,2 millones de euros por donativos y pagos realizados desde la caja B de ese partido. Las grotescas explicaciones que han dado sus portavoces y la propia vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, a ese requerimiento judicial no han sido menos graves.

Y se ha conocido también estos días la carta del presidente en funciones y candidato del PP, Mariano Rajoy, al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en  la que promete que si sigue en el Gobierno adoptará las medidas necesarias para cumplir, esta vez sí, con la reducción del déficit. Una misiva escrita mientras en su discurso de campaña habla de que no habrá más recortes, el ministro José Manuel García Margallo asegura que se han “pasado cuatro pueblos” con los recortes ya realizados y todos siguen insistiendo en que bajarán los impuestos. El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, dice incluso que es compatible recortar el déficit y recortar los ingresos con esa bajada de impuestos. Será magia.