Política

Urkullu se decanta por el PSE y Bildu

El PNV confía en tener claras sus alianzas en noviembre e incluso en que la investidura del lehendakari se haga en ese mes

Mikel M. Murga - 07/10/2016 - Número 54
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Urkullu se decanta por el PSE y Bildu
Iñigo Urkullu en la fiesta del PNV, el pasado 2 de octubre. adrián ruiz del hierro / efe
Lo reiteró hasta la saciedad el candidato del PNV a repetir como lehendakari, Iñigo Urkullu: “Euskadi no se va a sumir en el desgobierno. Necesita estabilidad, responsabilidad y solidez”. Por ello, apenas cuatro días después de los comicios vascos celebrados el 25 de septiembre, comenzó una serie de reuniones con todos los partidos que obtuvieron representación parlamentaria en esas elecciones (EH Bildu, Elkarrekin-Podemos, PSE-EE y PP). Y nada más terminar dichos encuentros, empezó a deshojar su margarita. De tal manera que solo ha dejado dos pétalos, abertzales y socialistas, con los que se apresta a negociar en una segunda ronda de conversaciones. Según dijo el pasado miércoles el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, solo estas dos formaciones han mostrado una “disposición abierta al diálogo en general”, para formar “un gobierno fuerte y abierto”.

Un “segundo estadio de conversaciones” que, dijo Ortuzar, el PNV afronta sin “líneas rojas” y sin preferencia por ninguna de las dos formaciones, aunque la situación de partida no es la misma. Con el PSE, dijo, existe “la experiencia” de los acuerdos alcanzados durante la legislatura pasada y los pactos en diputaciones y ayuntamientos, mientras que en el caso de EH Bildu, llegan “de una situación de bloqueo”. De hecho, advirtió a la coalición abertzale de que previamente es necesario un acuerdo, con un diagnóstico común, que permita avanzar definitivamente en materia de paz y convivencia.

Así pues, toda conjetura sobre posibles alianzas queda acotada por el propio PNV, ganador de unas elecciones (logró 28 escaños, uno más de los que consiguió en 2012) en las que las aguas políticas vascas volvieron a su cauce habitual, tras la zozobra que arrojaron los resultados de las generales del 20-D y el 26-J. En ambas citas, Podemos fue el claro vencedor; Euskadi quería cambio en el gobierno de España y así lo hicieron saber sus ciudadanos.

Panorama tras el 25-S

Al refrendo de los vascos al Gobierno de Urkullu, traducido en esos 28 escaños, se unió la recuperación de EH Bildu, tras una serie de fracasos electorales. La figura tractora de Arnaldo Otegi —pese a no ser elegible— llevó a los abertzales a recuperar sensaciones y, aunque perdió parlamentarios (18 en lugar de los 21 que tenía), su resultado puede calificarse de satisfactorio. ¿Y Podemos? Sus 11 parlamentarios son de hecho la irrupción más exitosa de un partido nuevo en el Parlamento de Vitoria, pero no esconden la pérdida de casi 180.000 votos respecto a la anterior cita con las urnas. La debacle socialista (obtuvo 9 escaños tras perder 7), no por anunciada resultó menos significativa; mientras que el PP (9, por los 10 anteriores) aguantó el tipo. Ciudadanos no logró tomar el relevo de UPyD y no estará en los escaños de la Cámara vasca.

Urkullu podría ser elegido lehendakari en la segunda votación solo con los votos de los diputados del PNV

Durante una semana el PNV figuró como poseedor de 29 escaños. Esto llevó a muchos analistas —y a los propios partidos, por qué negarlo— a realizar las cuentas de la lechera: le bastaban los 9 parlamentarios del PSE-EE para lograr una mayoría absoluta en la Cámara de Vitoria (38 parlamentarios). Pero si adoptara esa decisión, los nacionalistas se encontrarían con una EH Bildu en las trincheras, una formación con la que tarde o temprano querrán converger en las aspiraciones soberanistas que mantiene. Una semana después, la idea de esa mayoría absoluta saltaba por los aires al revisar la Junta Electoral el recuento de votos en varias mesas, impugnadas por EH Bildu: el último escaño por Vizcaya, que la noche electoral se había resuelto a favor de los peneuvistas por un puñado de votos, pasó definitivamente a manos abertzales. Adiós a la suma suficiente de PNV y PSE-EE.

No es nada preocupante para un PNV que tiene asegurado que Urkullu repetirá como lehendakari. El reglamento para la designación de presidente autonómico evita los bochornosos espectáculos vividos estos 9 meses en la Carrera de San Jerónimo. Todos los partidos con representación parlamentaria pueden presentar su candidato. En una primera votación, si alguien saca mayoría absoluta, es elegido. Si no, se convoca otro pleno 24 horas después, en el que los parlamentarios no votan sí o no, sino que escogen entre los candidatos —si hubiere más de uno—. En esta ocasión, quien saca más votos es nombrado presidente. Urkullu lo logró en 2012 con el único apoyo de los 27 parlamentarios del PNV.

Superado el escollo del lehendakari, queda la gobernabilidad. El PNV inició el 29 de septiembre la citada ronda de encuentros con todas las fuerzas políticas. Según se sabe ahora, esta ronda sirvió para reducir a dos el círculo de posibles compañeros de viaje en la legislatura, sin obviar la colaboración del resto de formaciones en momentos concretos.

Acuerdos posibles

La primera reunión fue con EH Bildu. Otegi dijo después que los acuerdos eran posibles. Pero también advirtió: un pacto PNV-PSE sería “contra el derecho a decidir”. Ortuzar respondió el 2 de octubre, durante el Alderdi Eguna (Día del Partido) que su formación está dispuesta a “hablar, compartir y acordar” con todos, para añadir a continuación que: “Especialmente, con los que consideren que Euskadi es una nación y que como tal debe ser reconocida”. Elkarrekin-Podemos se colocó en la oposición tras el encuentro con el PNV, aunque valoró la posibilidad  de acuerdos si lo ven apropiado, según reconoció su candidata electoral, Pili Zabala. Los resultados, por cierto, han pasado factura a Zabala, que no ejercerá como portavoz en la Cámara vasca, según decisión del Consejo Ciudadano de Podemos Euskadi. La voz del partido será la de Lander Martínez, cabeza de lista por Vizcaya y secretario de organización en el País Vasco.

Nacionalistas y socialistas ya tienen pactos de gobierno en las tres diputaciones y en 40 ayuntamientos

Los socialistas, por su parte, perjudicados en campaña por los problemas internos que se produjeron en torno a Pedro Sánchez, manifestaron su predisposición a alcanzar acuerdos. A su favor juegan los antecedentes, en forma del pacto de estabilidad acordado en 2013 en el Parlamento Vasco, sobre fiscalidad y lucha contra el fraude. Un acuerdo que se refrendaba anualmente con el apoyo a los Presupuestos de la Comunidad y que en 2015 saltó a los escenarios locales, con el pacto global en las tres diputaciones, que gobiernan en coalición, y en casi 40 ayuntamientos.

El PP no ha variado: nada de aventuras independentistas. A partir de ahí, abrirá espacios de confianza para abordar cualquier negociación. Los recursos del Ejecutivo de Rajoy —aun estando en funciones— contra leyes vascas abren una brecha enorme, pero lo mismo puede abrir puertas con su retirada que cerrarlas.

La solución, en breve. Los nacionalistas esperan tenerlo todo muy claro ya en noviembre. Pretenden que la investidura de Urkullu sea la cuarta semana de ese mes.