25/3/2019
Libros

W. Somerset Maugham. El escritor más solo del mundo

Lluvia y otros cuentos reúne 12 piezas que muestran la lucidez de su estilo y su capacidad para crear personajes humanos

Joaquín Torán - 01/07/2016 - Número 40
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W. Somerset Maugham. El escritor más solo del mundo
W. Somerset Maugham. Evening Standard / Getty
William Somerset Maugham (París, 1874 - Niza, 1965) murió como vivió: profundamente solo. Cuenta Selina Hastings, autora de la biografía The Secret Lives of Somerset Maugham (Penguin Random House, 2010), que en sus últimas horas pidió a su enfermera que le abrazara de la misma manera en que lo hacía su madre. Sus últimos recuerdos fueron para Edith Mary Snell, la madre perdida a los 8 años y a la que se sentía muy vinculado. La inocencia terminó para el escritor prematuramente; a partir de entonces, no volvió a ser plenamente feliz nunca más.

La afirmación parece drástica al referirse a uno de los escritores más célebres del siglo XX, y también al más rico y mejor pagado, pero la realidad es que las sombras no dejaron de perseguirle durante toda su larga existencia, hasta el extremo de condicionar su personalidad. Tras la careta de triunfador social y cosmopolita se ocultaba un hombre de carácter tímido y acomplejado, cruel y vulnerable, tartamudo a costa de las burlas de sus compañeros ingleses por el marcado acento francés que arrastraba prácticamente desde la cuna. Fue un amante y padre despiadado: a su única esposa conocida, la heredera pudiente Syrie Wellcome, le hizo la vida imposible; a su última conquista, el leal y sumiso Alan Searle, le golpeó con tanta violencia que tuvo que ser hospitalizado. Solo supo amar a Gerald Haxton, un joven estadounidense 18 años menor al que conoció en el frente, durante la Primera Guerra Mundial. Con él, durante tres décadas, se escapó a ver mundo y se abrió socialmente.

Entre la pasión y la tristeza

Con estos antecedentes, no resulta sorprendente que Maugham escribiera: “La pasión siempre tiene una sombra de tristeza, una pincelada de amargura o de angustia”. La cita pertenece al relato “Red”, incluido en la antología Lluvia y otros cuentos, recién publicada por la editorial Atalanta. El libro ofrece un completo retrato literario del Maugham más talentoso: el autor de cuentos. A lo largo de su prolífica carrera escribió casi un centenar: es en ellos donde mejor aflora la lucidez de su estilo y sus potentes composiciones humanas. Los personajes de Maugham son el fruto de una extraordinaria capacidad de observación, que da lugar a perfiles como el de Max Kelada, el “Don Sabelotodo”: “[su nombre] sonaba a portillas cerradas herméticamente y a una ausencia total de brisa nocturna”.

El gran telón de fondo de la obra entera de Maugham es la soledad. Del pánico a quedarse solo surge la melancolía

En todos sus cuentos, el autor explora los rasgos ocultos de la personalidad. En esta antología siempre hay alguien estupefacto por la conducta imprevisible de una persona a la que cree conocer bien. En el estupendo “La bolsa de libros”, bonita parábola sobre la amargura, el escritor advierte: “El ser humano es indescifrable, y quien crea saber de qué es capaz una persona es un estúpido”. Sus relatos están saturados de “estúpidos” con los que suele mostrarse poco complaciente, como el coronel Peregrine, abrumado y abochornado por la altura intelectual de una esposa a la que es incapaz de comprender (“La esposa del coronel”), o como el abogado Joyce de “La carta”, atónito por el hecho de que una mujer “elegante y distinguida” pudiese disparar seis veces a un vecino insidioso. Maugham desacredita a estos sujetos, a los que desprecia abiertamente, a través de una ironía traviesa, de un humor malevolente.

Mujeres determinantes

Detrás de cada uno de estos “estúpidos” hay siempre una gran mujer reprimida. Maugham demuestra la deuda contraída con Flaubert y Maupassant fundamentalmente en la construcción de sólidos personajes femeninos. Es norma común en estos cuentos que sean ellas quienes, bien por acción u omisión, por ausencia (desde el recuerdo) o presencia, determinen las reacciones de sus contrapartidas masculinas. Los hombres de Maugham crecen y maduran en la medida en que las mujeres de Maugham se lo permiten. Véase el caso de Ginger Ted, el haragán de “La nave de la ira”, transformado hasta lo irreconocible por el amor de la misionera Jones. O cómo la maldición de la indígena Sally condena irremisiblemente al plantador Gallagher en “El P. & O.”. Sadie Thompson es decisiva en el destino del fanático Davidson (“Lluvia”), mientras que la doncella Pritchard hace que su señor vuelva a experimentar los placeres sensuales en “La joya”. No es casualidad que Our Betters, la mejor obra teatral de Maugham, fuese llevada a la pantalla por George Cukor, el más destacado director de mujeres de la historia del cine.

Demuestra la deuda contraída con Flaubert y Maupassant en la construcción de sólidos personajes femeninos

El gran telón de fondo de la obra entera de Maugham es la soledad. A partir del pánico a quedarse solo surge una melancolía que tiñe de tristeza las páginas de Lluvia y otros cuentos. Sus personajes están abocados a vivir solos. Las uniones de las que habla en sus relatos son utilitarias, resignadas, carentes de amor aunque haya afecto. Generan dolores insaciables. Cuanto más grandes son las heridas, más poéticas y amargas se vuelve las escenas descritas, rayanas a veces en la ensoñación: “Los cocoteros eran como un ballet de solteronas frívolas posando con la afectación de la coquetería de la juventud perdida”, escribe en “Red”. A través de su literatura, Somerset Maugham buscaba sentirse menos solo, menos triste.

Lluvia y otros cuentos
Lluvia y otros cuentos
W. Somerset Mauhham
Traducción de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera, Atalanta, Gerona, 2016, 422 págs.