28/5/2020
Internacional

«La comunidad humanitaria está en bancarrota»

Guterres pide ayuda urgente para las agencias de la ONU, sin dinero para cubrir sus necesidades

Daniel Iriarte - 25/09/2015 - Número 2
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«La comunidad humanitaria está en bancarrota»
Un grupo de refugiados camina hacia Austria en Hegyeshalom, a 168 kilómetros de Budapest. Csaba Krizsan / EFE
Al poner el pie en la isla de Lesbos, los Samar no pueden ocultar su alegría. El que probablemente es el punto más peligroso del viaje, la travesía en patera desde Turquía hasta aquí, ha quedado atrás, y la familia espera encontrar la forma de llegar “a Alemania o Suecia”. La hija mayor, Gazal, de 10 años, habla turco con fluidez y nos explica que tanto ella como su hermano pequeño nacieron en un campo de refugiados en el centro de Irán, donde sus padres habían llegado huyendo de la guerra en su región, Bamiyán. “El año pasado cruzamos a Turquía y nos instalaron en Kütahya (una provincia de Anatolia occidental), pero allí las condiciones ahora son muy malas, así que mis padres decidieron que era el momento de ir a Europa”, relata. 

Su historia ilustra una situación de la que los expertos llevan tiempo alertando: las agencias que trabajan con refugiados cada vez reciben menos fondos —o al menos su presupuesto no se incrementa al ritmo que lo hacen sus necesidades—, lo que está provocando una desatención cada vez mayor a grandes grupos de población que dependen de estos suministros. En consecuencia, el número de personas en marcha hacia las regiones ricas del planeta está creciendo a gran velocidad. 

La financiación que recibe el Programa Mundial de Alimentos es un 63% inferior a sus necesidades, lo que le ha llevado a reducir a la mitad el pequeño presupuesto dedicado a los 211.000 refugiados sirios alojados en campos administrados por la ONU y a cortar toda ayuda a quienes viven fuera de estos lugares, como Jordania. La Organización Mundial de la Salud solo recibe un 27% de su presupuesto, y el plan específico de la ONU para los refugiados sirios solo ha recibido el 35% de lo solicitado. 

La Cruz Roja Internacional ha elaborado un presupuesto para 2015 que es un 25% superior al del año anterior, pero no sabe si será capaz de cubrirlo. Incluso las peticiones para el terremoto de Nepal solo recibieron la mitad de la ayuda solicitada. Esto ocurre, además, en un momento en que el número de refugiados y desplazados en el mundo es el mayor desde la Segunda Guerra Mundial. 

“Si miras la cifra diaria de desplazados por un conflicto, en 2010 era de 11.000. El año pasado era de 42.000. Esto implica un dramático incremento en las necesidades, desde alojamiento hasta agua y sanidad, comida, asistencia médica o educación”, declaró a principios de este mes el alto comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, António Guterres, al diario británico The Guardian. “Los presupuestos no se pueden comparar al crecimiento de las necesidades. Nuestros ingresos en 2015 serán un 10% menos que los de 2014. La comunidad humanitaria global no está rota, en su conjunto es más efectiva que nunca. Pero está en bancarrota”, añadió Guterres. 

La financiación que recibe el Programa Mundial de Alimentos es un 63% inferior a lo que necesita

Algunos de los grupos más afectados por estos recortes han sido los sudaneses y somalíes en Kenia, los desplazados internos en Irak y por supuesto los sirios de Jordania y Líbano. El Gobierno de este último país, que con una población de cuatro millones de personas acoge a un millón de recién llegados, se ha negado a autorizar campamentos oficiales, por lo que la dependencia de estas personas es todavía más extrema. En Chad los refugiados de la vecina Darfur podrían ver desaparecer sus raciones de comida para finales de año.

Sin cupones de comida

A veces el efecto es dramático. A principios de septiembre alrededor de 229.000 personas recibieron un mensaje en sus teléfonos móviles informándoles de que los cupones de comida que recibían del Programa Mundial de Alimentos, por valor de 14 dólares al mes, iban a ser suprimidos. Así, los sirios que viven en Jordania fuera de los campos de refugiados —a menudo alojándose en casas de parientes, dados los importantes vínculos tribales y familiares a ambos lados de la frontera— perdían todas las ayudas de comida que recibían hasta ese momento. “Hemos sido forzados a tomar algunas decisiones muy difíciles y hemos cortado las raciones a refugiados extremadamente vulnerables porque ya no podemos permitirnos continuar con este nivel de asistencia debido a la falta de fondos”, declaró entonces Julie Marshall, portavoz de la institución. 

Marshall aseguró que los mensajes de texto eran “una buena forma de llegar a los refugiados”, dado que en la mayoría de las familias registradas existe al menos un teléfono móvil mediante el que pueden ser contactados. De modo que cientos de miles de personas en todo el mundo se están poniendo en ruta. “Si la gente recibiese suficiente asistencia y pudiese tener una vida estable de algún modo allá donde estén, no tomarían esta decisión. Pero por desgracia a algunas personas se les está empujando al límite”, afirma Dina El-Kassaby, representante del Programa Mundial de Alimentos. 

229.000 personas recibieron un SMS informándoles de que se suprimían los cupones de comida 

En lugares como Turquía, la situación es aún más compleja. En el momento de firmar la Convención de la ONU sobre los Refugiados en los años 50, Ankara, consciente de la conflictividad existente en su vecindario, exigió una exención: solo aceptaría como refugiados a aquellas personas procedentes de Europa —como de hecho hizo durante las guerras de Bosnia y Kosovo— mientras que al resto solo se le garantizaría asilo temporal en tránsito hasta que pudiesen ser acogidos por un tercer país. Incluso hoy, los casi dos millones de sirios en territorio turco son calificados oficialmente de huéspedes para evitar las obligaciones legales que implica el estatus de refugiado. 

Los sirios, al menos, cuentan con la solidaridad de un Gobierno turco profundamente implicado en el conflicto de Siria y con la esperanza, pequeña pero real, de ser acogidos por algún país europeo. En cambio, los cientos de miles de iraquíes, iraníes y afganos desplazados a Turquía en los últimos años se encuentran en una especie de limbo de difícil solución. Según todos los testimonios, el trato dado por las autoridades turcas a estas personas es humillante, agresivo y está lejos de ser satisfactorio. Víctimas de guerras que ya no están de moda, sus posibilidades de ser aceptados por un tercer país son escasas si se trata de refugiados cristianos, y prácticamente nulas en caso contrario.

Y ante los recortes de las agencias de ayuda, sus horizontes en una Turquía cada vez más hostil se estrechan hasta la asfixia. Por eso miles de personas como los Samar siguen corriendo el riesgo de hacerse al mar. Desde este lado de la orilla, Europa sigue pareciendo muy próspera. 
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