18/9/2019
Series

‘Making a murderer’. A la sombra de Capote y la novela de no ficción

La serie sigue el proceso judicial del caso de Steven Avery, hoy condenado a cadena perpetua por asesinato

Jaime G. Mora - 06/05/2016 - Número 32
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‘Making a murderer’. A la sombra de Capote y la novela de no ficción
Making a Murderer Netflix
Liberado gracias al ADN y ahora inculpado por un nuevo crimen.” Laura Ricciardi y Moira Demos preparaban las tesis para acabar sus estudios de cine en la Universidad de Columbia (Nueva York) cuando vieron la noticia en el periódico. Steven Avery, que estuvo 18 años encarcelado por error, había sido arrestado de nuevo por el supuesto asesinato de una fotógrafa. Fue en 2005, dos años después de que una prueba de ADN lo absolviera de una acusación de agresión sexual que no cometió.

“Inmediatamente vimos que era una historia sin precedentes”, dijo Demos. Alquilaron un coche, pidieron prestada una cámara y se marcharon a Wisconsin para saber más. No tenían dinero, pero sí tiempo, y se pasaron 10 años detrás de la historia. El resultado es Making a Murderer, un documental emitido en Netflix, que en 10 capítulos cuestiona el sistema judicial de Estados Unidos. Es un éxito que renueva la crónica de sucesos: si con A sangre fría Truman Capote inauguró la novela de no ficción, Ricciardi y Demos marcan el camino de las series de no ficción.


La realidad supera la ficción

El laberinto judicial de Avery comenzó cuando tenía 23 años. Con antecedentes por robar un bar, prender fuego a un gato y coacciones a su prima, esposa de un agente, fue condenado a 32 años y declarado culpable de violar e intentar asesinar a Penny Beerntsen, que lo identificó como su agresor. Los Avery, que regentaban un negocio de desguaces, eran los raros de Manitowoc, un condado de 80.000 habitantes. Steven no era de fiar. Fue a la cárcel pese a que siempre proclamó su inocencia. “Fue una pesadilla —recuerda su padre en el documental—. Decía con lágrimas en los ojos: ‘Soy inocente. Yo no fui. Y tú sabes que es cierto porque estaba con él’.”

Avery pasó 18 años en la cárcel por un crimen que no había cometido y después fue condenado por asesinato

La policía del condado descartó seguir la pista a Gregory Allen, el verdadero autor del delito, incluso cuando en 1990 fue advertida de que Allen había reconocido el crimen por el que habían detenido Avery. Solo un avance en las pruebas de ADN lo exoneró de su condena injusta. Aquello había sido un ajuste de cuentas. Al quedar en libertad, un legislador apadrinó la causa de Avery, que presentó una demanda de 36 millones de dólares contra las autoridades de Manitowoc. Entonces, entre el final de primer capítulo de Making a Murderer y el principio del segundo, llegó la noticia: “Liberado gracias al ADN y ahora inculpado por un nuevo crimen”.

En un giro de guion propio de las mejores series de acción, pero sin actores, la misma policía que había encarcelado injustamente a Steven lo detuvo como responsable del asesinato de Teresa Halbach, una fotógrafa cuyo cadáver fue encontrado en la finca de los Avery. La víctima acudió allí, citada por Steven, para fotografiar unos vehículos el día de Halloween. Doscientos agentes registraron durante varios días la propiedad y hallaron sangre de Avery en el coche de Halbach, las llaves en la vivienda del acusado y un fragmento de bala en el garaje. La acusación contra Avery se refuerza con la declaración de su sobrino de 16 años, que reconoce ser cómplice de secuestrar y mutilar a la fotógrafa.

Abogados estrella

Making a Murderer muestra los hechos a partir de imágenes de los interrogatorios policiales, documentos periodísticos, fotografías, entrevistas a los implicados y conversaciones de Avery con sus abogados y su familia desde la cárcel. “Todo el mundo nos conocía. Estábamos entre el público, seguimos todos los procedimientos previos al juicio y las conferencias de prensa”, dijeron las autoras del documental a Vulture. “Desarrollamos una relación fantástica con la familia Avery”, explicaron, pero los Halbach declinaron participar. Por eso la narración tiene un único punto de vista, el de la víctima: el tesón de los padres de Avery y el trabajo de los abogados.

Los letrados Dean Strang y Jerry Buting son los héroes, los buenos de la película. Los seguidores del documental incluso convirtieron en un sex-symbol a Strang, un tipo con raya al lado y gafas discretas que viste con un traje de oficinista. En las entrevistas con las cineastas y en conversaciones entre ellos, ambos abogados detallan sus sospechas sobre la fabricación de pruebas contra Avery. Ponen en duda todo, desde la versión policial hasta la imparcialidad de los miembros del jurado: “¿Cómo hacer que desoigan lo que oyeron?”.

Antes de que comenzara el juicio, en una mediática rueda de prensa que recomendaron no escuchar a los menores de 15 años, el fiscal Ken Kratz detalló que Brendan encontró a su tío Steven medio desnudo y sudoroso en su casa, después de escuchar gritos de socorro de una mujer. Avery llevó a su sobrino hasta el dormitorio: “Allí encontró a Teresa Halbach completamente desnuda y encadenada a la cama. […] Le rogó a Brendan por su vida. Le suplicó a Brendan que parara y le dijo: ‘Tú puedes detener esto’”. Entre los dos, según el relato del fiscal, agredieron a Halbach y la violaron. Después Brendan la degolló y la remataron en el garaje con un disparo en la cabeza. Es “la espantosa imagen de la muerte de Teresa Halbach, relatada por un muchacho de 16 años que no pudo seguir ocultando su terrible secreto”.

Serie documental

Con Avery en segundo plano, cuya presencia se reduce a acudir al juicio y a hablar por teléfono desde la cárcel, sus abogados asumen el papel de protagonistas. Sesión tras sesión, capítulo a capítulo, tratan de demostrar cómo la policía fabricó pruebas contra su cliente. La llave del coche de Halbach solo tiene ADN de Avery, no de ella, y tardó unos días en aparecer, pese a los minuciosos registros. ¿Y si fue un policía quien dejó la llave allí? En el garaje, donde hallaron el resto de una bala, no hay rastro de ADN de la víctima. ¿Limpió Avery toda la sangre y sin embargo olvidó la bala? Los abogados también insinúan que los huesos de Halbach fueron movidos y descubren un tubo con sangre de Avery del caso anterior con el precinto quitado y el hueco provocado por una aguja que habría extraído una muestra. ¿Es esa la sangre que se encontró en el coche de Halbach? Es difícil argumentar en contra de Strang y Buting.

La narración tiene un único punto de vista, el de la víctima: el tesón de los padres de Avery y el trabajo de los abogados

Y en ninguna de las pruebas usadas en el juicio hay ADN del sobrino de Steven, pese al relato inicial del fiscal Kratz. La confesión de Brendan fue una ficción. Abordado por los investigadores sin presencia del abogado, hicieron al chico admitir el relato que después Kratz presentaría ante los medios. Brendan, un adolescente con dificultades cognitivas, dijo lo que había leído en la novela El coleccionista de amantes, de James Patterson. Después de confesar el crimen, pregunta a su madre cuándo irá a casa porque tiene que hacer un trabajo para el instituto. Los interrogadores sacaron de Brendan lo que querían oír.

Cincuenta años después de que Capote inaugurara la narración novelada de hechos que en realidad ocurrieron, Making a Murderer hace lo propio con las series. “No tuvimos necesidad de inventar nada: era un escenario muy interesante, con un amplio repertorio de personajes, y aplicamos las técnicas narrativas audiovisuales para asegurarnos de que mostrábamos la forma en la que los implicados estaban viviendo los hechos”, dicen las directoras. Cuando advirtieron que tenían material para contarlo en varias entregas, solo en The Staircase (2004), un documental de ocho capítulos, se había hecho algo parecido. Making a Murderer demuestra que un documental puede ponerse a la altura de la ficción de la misma manera en que la crónica compite en eficacia narrativa con la novela. La producción de Ricciardi y Demos coincide con la emisión de The Jinx, una serie documental de seis capítulos con características similares, y el podcast Serial, el equivalente radiofónico de A sangre fría.

En busca del indulto

El impacto ha llegado hasta la Casa Blanca. Casi medio millón de personas firmaron una petición de indulto a Steven y Brendan, pero el presidente de Estados Unidos alegó que no es una competencia federal. Las directoras del documental lograron convencer a tanta gente de que Avery era inocente porque construyen el relato a partir del guion de la defensa: Making a Murderer es la historia del oprimido frente al Estado orwelliano, inmune a la hora de construir pruebas falsas. Las autoras incurren en trampas que refuerzan esa denuncia. Todos los testimonios de expertos incluidos consolidan las tesis de la defensa, minimizan los antecedentes criminales de Avery y obvian importantes pruebas contra el condenado que los abogados no pudieron refutar.

David Simon, autor de series de ficción pero íntimamente ligadas con la realidad, dijo a Ara que, cuando ve series como Making a Murderer o The Jinx, tal vez porque sabe “demasiado sobre periodismo y sobre ficción dramática”, puede ver las “costuras”: “No creo que se hayan cosido de forma honesta”.

La sentencia del juez contra Avery es clara: “Las pruebas me obligan a concluir que usted bien puede ser la persona más peligrosa que haya pisado esta sala. Su abogado argumentó con elocuencia para que el tribunal lo habilitara a ser liberado algún día. Pero, por lo que veo, nada indica que la sociedad pueda alguna vez estar a salvo de su conducta. Una de las cosas que más me impacta es que, con el tiempo, sus crímenes se han vuelto más graves”.

Steven y su sobrino cumplen cadena perpetua y las directoras del documental pelean por una segunda temporada. Para ellas, esta historia no ha finalizado. Igual que Capote necesitaba que ajusticiaran a sus protagonistas, Ricciardi y Demos buscan su final: la libertad de los Avery.

“No voy a rendirme —dice Steven—. Cuando sabes que eres inocente, no te detienes.”