24/11/2020
Política

Aumenta la dosis de incertidumbre

La ausencia de mayorías claras, el casi empate entre los dos bloques de derecha e izquierda y la fragmención del Parlamento auguran un largo periodo de negociaciones entre los partidos para formar gobierno, sin que se pueda descartar la repetición de las elecciones

AHORA / Rosa Paz - 23/12/2015 - Número 15
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Aumenta la dosis de incertidumbre
Rajoy se dirige a sus simpatizantes, que se agolparon frente a la sede del PP en la calle Génova de Madrid. JAVIER LIZÓN / EFE
Si las elecciones del 20-D se presentaban con resultado impredecible, el recuento de los votos desembocó en un escenario de mucha mayor incertidumbre. La irrupción de Podemos con 69 escaños y de Ciudadanos con 40 ha acabado con las mayorías claras de PP y PSOE, pero no facilita la formación de alternativas de gobierno. Si los principales partidos quieren evitar la repetición de las elecciones, algo que nadie parece descartar ahora, tendrán que desarrollar toda su capacidad de diálogo y, sobre todo, de acuerdo para que esas negociaciones acaben por confluir en la formación de un nuevo ejecutivo. Aún es pronto para saber si eso será posible, porque todo hace pensar que el periodo de conversaciones para aproximar posiciones será largo. Lo ha sido en ocasiones anteriores cuando el PP o el PSOE no lograron mayorías absolutas y tuvieron que pactar con otros grupos —los nacionalistas de CiU y PNV básicamente—, así que ahora que la aritmética simple no da el resultado necesario, lo será mucho más. 

El calendario

Lo único claro del calendario es que el 13 de enero se constituyen las Cortes y ahí se podrá tener una primera aproximación de posibles alianzas, porque tendrán que repartirse los puestos en la mesa del Congreso y del Senado. Aunque en la Cámara Alta el PP tiene mayoría absoluta. A partir de ese momento, el rey iniciará la ronda de contactos, y cuando se perfile un candidato claro para la Presidencia del Gobierno el Congreso fijará la sesión de investidura. No hay un plazo límite. Si en esa primera sesión quien aspire a presidir el ejecutivo no logra el respaldo suficiente, 48 horas después habrá una segunda votación. Si también en esa ocasión el intento resulta frustrado, se abre un plazo de dos meses para

PSOE, Podemos e IU no suman mayoría suficiente, pero podrían lograr abstenciones y votos de otros grupos 

elegir un presidente, del mismo partido que lo intente la primera vez o de otro, y si pasado ese tiempo no se consiguen conformar las mayorías suficientes para hacerlo, se repetirán las elecciones. Una segunda vuelta aparentemente no deseada.

Hasta el momento los datos son los siguientes: el domingo ganó el PP, pero sin mayoría suficiente para lograr la investidura de Mariano Rajoy o de otro candidato de ese partido si esa fuera la condición de quienes fueran a apoyarla, porque sus 123 escaños —ha perdido 63—son insuficientes incluso si se suman los 40 del partido de Albert Rivera. La mayoría absoluta necesaria para una investidura en primera vuelta es de 176 escaños, y la suma de PP y Ciudadanos solo da 163. Para una elección por mayoría simple, en una votación posterior, se precisan más votos a favor que en contra, pero, en principio, al PP tampoco le saldrían las cuentas, porque tendría 163 votos a favor y 187 en contra. Necesitaría la abstención de algunos grupos, lo que no parece fácil después de una legislatura en la que han hecho valer su mayoría absoluta para imponer su criterio sobre el resto del Parlamento sin molestarse en negociar ni pactar casi nada.
 

La izquierda lo tiene más fácil

El PSOE, que conserva la segunda posición con 90 diputados —ha perdido 20 de los 110 de 2011, que ya habían sido el peor resultado desde la recuperación de la democracia—, sumaría 161 votos con los 69 de Podemos y los 2 de IU. Dos menos que el PP y Ciudadanos. Insuficiente también para la investidura de Pedro Sánchez. Aunque, a diferencia del PP, los socialistas han desarrollado una mayor capacidad de acuerdo, como han demostrado a lo largo de las legislaturas en las que han necesitado apoyos y los han logrado, no solo en CiU y PNV, también en ERC, en el BNG o en Coalición Canaria. Es la famosa, y a veces criticada, geometría variable de pactos del presidente Rodríguez Zapatero, que ahora les puede dar ventaja en las negociaciones. Pero a Sánchez tampoco le valdría solo la abstención de esos grupos para la investidura, requeriría de al menos tres votos más a favor. Si estas posiblidades fracasan, se podrían dar otras opciones, pero ahí entran en juego las incompatibilidades explícitas. Ciudadanos ya ha dicho que no pactará con Podemos y no parece que los de Pablo Iglesias puedan respaldar un gobierno del PP.

El panorama, por tanto, es complejo, y las presiones para que se despeje mediante las otras variables posibles van a ser elevadas. Esas otras opciones pasan por el acuerdo, muy improbable, entre los dos grandes partidos. No parece que el PSOE esté dispuesto a formar con el PP la gran coalición que tiene tantos defensores en los medios económicos. Hace ya un par de años se hablaba de que esa era la solución preferida por empresarios del Ibex 35 y por algunos veteranos dirigentes socialistas ante la expectativa de un Parlamento fraccionado como el que finalmente ha salido de las urnas. Pero los socialistas son conscientes de que ir a un gobierno con el PP no sería entendido por sus votantes y les supondría tal desgaste que podría significar su fin. Hay quien sugiere, con ironía, que antes de formar una coalición de ese tipo sería mejor ir al Registro de Partidos Políticos del Ministerio de Interior y borrarse.

Otras posibilidades

Pero habría otra posibilidad que agita el PP desde la noche de las elecciones: que el PSOE facilite con su abstención la investidura de Rajoy o de su sustituto o sustituta, con el argumento de que “tiene que gobernar quien ha ganado” y “no puede haber un gobierno de perdedores”, que ya utilizó, sin éxito, tras las elecciones municipales y autonómicas del pasado mes de mayo. En contra de lo que alegan los populares, el sistema electoral español da el gobierno a quien consigue la mayoría absoluta en las urnas o conforma las alianzas suficientes para alcanzarla en el Parlamento.
 
Tampoco parece probable esa hipótesis, al menos de momento. La clave puede estar en las palabras de Sánchez en la noche del domingo: “Le toca al PP intentar formar gobierno”, dijo, pero apostilló “el futuro es nuestro”. Lo que viene a desvelar el camino que se recorrerá. Los socialistas dejarán a los populares que intenten la investidura, con la esperanza de que no la logren, para, en ese momento, tomar el relevo e intentar conseguir ellos los apoyos necesarios para la elección de Sánchez como presidente.
 
Si no lograran su objetivo, se abriría un escenario distinto porque ahí sí que el PSOE tendría que optar entre abstenerse en un nuevo intento del PP, con el argumento de que es más importante garantizar la estabilidad política en una España repleta de graves problemas por resolver, o repetir elecciones. Tampoco será fácil y la repetición o no de los comicios dependerá en buena medida de los resultados que estén vaticinando los sondeos a cada partido para esa “segunda vuelta”. Será curioso que vuelvan a poner su futuro en manos de las encuestas, porque el domingo pasado se demostró una vez más que muchas veces se equivocan.

Tipos de acuerdo

Estas son las opciones de que tras el 20-D pueda haber nuevo gobierno, pero incluso si es así la tipología de los acuerdos también es amplia. Podría ser que solo hubiera un pacto de investidura y que una vez facilitada la misma el partido que presta sus votos se retire a la oposición, así que el gobierno saliente tendría poca estabilidad y la necesidad de negociar

Hay presiones para que el PSOE facilite la investidura de Rajoy, pero no parece que Sánchez vaya a ceder

cada medida. Podría haber un pacto de legislatura en torno a un programa de gobierno, lo que comprometería la estabilidad hasta las nuevas elecciones, y podría haber un gobierno de coalición, incluso sin que este tuviera la mayoría absoluta, que garantizaría una mayor seguridad al ejecutivo.

Aunque en la noche electoral, Pablo Iglesias, líder de la tercera fuerza parlamentaria, proclamara el fin del “turnismo” —dando a entender que la alternancia política democrática es como los acuerdos para repartirse el poder de Cánovas y Sagasta en la Restauración—, parece que la formación de gobierno sigue estando en manos de PP o PSOE, del partido del bipartidismo que logre los apoyos necesarios. Porque su intento de ser él el presidente, tras haber irrumpido con 69 escaños en el Congreso, no parece que vaya a tener éxito. Por más que su primer puesto en Cataluña o en el País Vasco sea más que meritorio. En ambas comunidades ha ocupado el lugar que antiguamente tuvieron los socialistas en las elecciones generales. 

Unió desaparece, Bildu cae

En Cataluña, con la ayuda de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha desbancado al PSC y se ha adelantado a los independentistas de ERC y de Democràcia i Llibertat (CDC). Estos últimos han perdido ocho escaños respecto de los 16 que tenía CiU, lo que debilita más si cabe a Artur Mas, que sigue empeñado en conseguir la investidura como president. Unió Democràtica de Catalunya y su líder Josep Antoni Duran se han quedado sin representación también en el Parlamento español.
 
En el País Vasco el descalabro ha sido para EH Bildu, que ha pasado de siete a dos escaños, algo impensable hace cuatro años porque la fidelidad había sido hasta ahora una característica de los votantes  del abertzalismo radical. El PNV y el PSE resisten.

Podemos es además segunda fuerza en la Comunidad de Madrid, en la Comunidad Valenciana, en Navarra, en Baleares y en Galicia, desplazando al PSOE a posiciones inferiores. En Madrid, al cuarto puesto, detrás también de Ciudadanos. Los socialistas no obtuvieron tampoco un buen resultado en territorios como la Comunidad Valenciana o Baleares en los que acaban de recuperar el gobierno autonómico.

Ciudadanos quedó, con 40 escaños y el 13,93% de los votos, muy por debajo de sus expectativas y de lo que vaticinaron durante semanas los sondeos, que llegaron a colocarlo en primera posición. Ni siquiera en Cataluña revalidó su éxito de las autonómicas del 27 de septiembre. En España es cuarta fuerza política y podría no ser decisiva.
 
Izquierda Unida sigue en el Congreso pero con solo dos escaños y sin grupo parlamentario propio, y UpyD no ha obtenido ni un solo diputado, al igual que Unió.