16/2/2020
Política

Bloqueo político

El emplazamiento de Podemos al PSOE para un gobierno de coalición, o nada, ha dejado las negociaciones en estado de coma y ha llevado a la parálisis a los líderes que buscaban el acuerdo para gobernar y evitar unas nuevas elecciones

AHORA / Rosa Paz - 22/04/2016 - Número 30
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Bloqueo político
Sánchez con Errejón y Hernando en la constitución de la Diputación Permanente del Congreso, el miércoles. zipi / eFE
Nadie tira la toalla, pero nadie alberga ya esperanzas de alcanzar un acuerdo ni mueve un músculo para intentarlo. Después de varios meses de reuniones, los dirigentes de los tres partidos —PSOE, Ciudadanos y Podemos—que se sintieron concernidos, con más o menos intensidad, en la búsqueda de un pacto se han quedado paralizados. El presidente del PP y del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, lo estaba desde siempre, o al menos desde que el 20-D vio que con 123 escaños propios y 40 de Ciudadanos no lograría mantenerse en el poder. Así que salvo sorpresas, que tampoco nadie se atreve a descartar, España parece abocada a una repetición de las elecciones generales. Se sabrá el día 26, cuando el rey concluya su tercera ronda de consultas con los  portavoces parlamentarios.

Quien llevó la negociación al estado de coma en que se encuentra  fue Podemos, que ha utilizado el resultado de su consulta a las bases para emplazar al líder socialista, Pedro Sánchez, a ceder a sus presiones para formar un gobierno de coalición. O eso o nada. Pero el secretario general del PSOE no puede aceptarlo, más allá de que quisiera o no hacerlo, porque el comité federal de su partido le puso el 28 de diciembre unas líneas rojas que no está en condiciones de traspasar. No puede siquiera declararse insumiso, porque es ese órgano de dirección —el máximo entre congresos— el que tiene que ratificar cualquier pacto de gobierno, de legislatura o de investidura que selle su secretario general.

Volver a la reunión a tres

Sánchez, por su parte, le ha dejado claro a Podemos que se han acabado las ofertas, que si queda alguna posibilidad de desbloquear la situación tendrá que plantearla el partido que lidera Pablo Iglesias y siempre que regrese a las posiciones de la reunión a tres del 7 de abril, la única en que se sentaron PSOE, Podemos y Ciudadanos. Fue tras ese encuentro cuando Iglesias anunció la consulta sin siquiera esperar una respuesta de los socialistas a sus planteamientos.

El PP espera mejorar su resultado pese a que en estos meses ha acumulado más casos graves de corrupción

Así que se retorna a la posición de partida. Si hay acuerdo será para la investidura y estará provocado más por el vértigo a las urnas que por el interés en formar un gobierno. Solo el PP apostó desde el principio por la repetición de las elecciones, a ver si a la segunda consigue sumar con Ciudadanos los escaños suficientes para seguir en el poder.  El resto de los partidos, incluido el de Albert Rivera al que miman las encuestas, teme que no les vaya mejor que en diciembre. Algunos piensan que incluso les puede ir peor. De hacer caso a esos sondeos, el PSOE estaría estancado y Podemos a la baja.

Ese temor a un peor resultado podría precipitar un pacto en el último minuto, como ocurrió en Cataluña, cuando la CUP, no sin desgarros internos, decidió apoyar la investidura del convergente, Carles Puigdemont, como presidente de la Generalitat. Ahí la excusa fue no frenar el proceso independentista. Aquí podría ser, por ejemplo, desalojar al PP del gobierno.

Sumar con IU

Pero en el PSOE no confían mucho en que vaya a ocurrir. Algunos dirigentes socialistas consultados temen incluso que a Iglesias no le importe perder escaños si eso le permite eliminar a parte de los disidentes del errejonismo e iniciar la “reconstrucción” de su partido sin tener que afrontar la molestia de las discrepancias internas.

Una de las consecuencias de la confluencia con IU, que Iglesias defiende e Íñigo Errejón ve con recelo, podría ser, de hecho, el desplazamiento en las listas de dirigentes destacados de Podemos, que ahora son diputados y podrían dejar de serlo. La defensa de las candidaturas conjuntas, que comparte el líder de IU, Alberto Garzón, se argumenta en el convencimiento de que pueden hacerse con el millón de votos de IU, pero en el errejonismo sostienen que la suma de siglas no tiene por qué dar como resultado la suma de votos, que en este caso cinco (los votos de Podemos) más uno (los de IU) no tiene por qué dar seis.

De manera que mientras en algunos sectores del PSOE, que nunca albergaron dudas sobre el fracaso de Sánchez, crece el pesimismo y el temor al sorpasso de Podemos, en esta última formación hay también dirigentes que temen “hacer el ridículo” en unos nuevos comicios si lejos de superar a los socialistas como desean, quedaran, por ejemplo, por detrás de Ciudadanos. Es decir, los cuartos.

Pacto de derechas

Los críticos con Sánchez creen, no obstante, que los esfuerzos de su secretario general por ser presidente no van a darle réditos en la segunda vuelta electoral. “Ha hecho un pacto de  derechas con Ciudadanos que nos perseguirá en una campaña en la que tenemos que evitar que se nos vayan más votos a Podemos.” Lo dice un dirigente consultado por AHORA, que considera además que con ese acuerdo se ha “blanqueado y centrado” al partido de Rivera hasta convertirlo también en un rival electoral.

No obstante, la valoración sobre el líder socialista ha mejorado en los últimos meses, precisamente por su empeño en alcanzar un pacto y evitar la repetición de las elecciones. Pero las expectativas de voto del PSOE no han aumentado. Están estancadas, décima arriba o abajo, en la misma posición del 20-D y no se sabe cómo le puede afectar el hartazgo que manifiesta la ciudadanía ante las negociaciones frustradas y la repetición electoral. De hecho, las encuestas vaticinan una mayor abstención que, teóricamente, perjudicaría más a la izquierda.

Corrupción, división y votos

Curiosamente, quienes optaron por la pasividad, en particular el PP y Rajoy, confían en crecer y opinan que también lo hará Ciudadanos a costa del electorado socialista. Y eso que en estos meses al PP se le han acumulado nuevos y graves casos de corrupción (Valencia, Granada...), el ministro de Industria en funciones, José Manuel Soria, se ha visto obligado a dimitir por su participación en empresas offshore ubicadas en paraísos fiscales, la división interna se ha ahondado y ha trascendido los muros de la sede de la calle Génova de Madrid, y esta misma semana se ha asistido al duro enfrentamiento entre José María Aznar y el ministro de Hacienda en funciones, Cristóbal Montoro, por la filtración de una multa de la Agencia Tributaria al expresidente.

En el partido de Iglesias no todos confían en el sorpasso, algunos temen quedar por detrás de Ciudadanos

Nada de todo eso parece un buen aval electoral, como tampoco lo son los mediocres resultados económicos en un Gobierno que presumía de los logros en ese sector. Ahora ha tenido que reconocer que ha incumplido en un 0,8% el objetivo de déficit comprometido con la Comisión Europea y ha empeorado los optimistas pronósticos también en deuda y paro que había anunciado para 2016.

E incluso la hipótesis de que el PP jugara la carta de cambiar de candidato para la convocatoria el 26 de junio, que habían barajado algunos de sus dirigentes críticos con el inmovilismo de Rajoy y su incapacidad de afrontar la corrupción interna, parece descartarse. Cada poco se rumorea que Rajoy lo dejará, pero esa sería una sorpresa como la de que Podemos acabe facilitando la investidura de Sánchez, improbable. Es decir, que mientras el resto de los partidos afronta la posibilidad de unas nuevas elecciones con recelo, el PP, con el mismo candidato, más dividido y con más imputados, confía en conseguir en esa segunda vuelta su objetivo de seguir en el poder.