22/11/2019
Análisis

Que hable la militancia

Pablo Simón - 22/04/2016 - Número 30
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Un proceso que ha discurrido en paralelo al cambio en nuestro sistema de partidos es la transformación de su vida interna. Junto a la generalización de las primarias para la selección de candidatos y cargos orgánicos, las bases de los partidos cada vez participan más mediante consultas internas en el modelo de organización, el programa electoral o la política de alianzas de su formación. Sean presenciales o telemáticas, ejemplos recientes no nos faltan. El PSOE o Podemos han preguntado sobre sus acuerdos para formar gobierno, los de Pablo Iglesias también lo hicieron sobre el programa electoral o el Bloc Valencià a propósito de si concurrir en alianza a las generales. Fuera de nuestras fronteras, partidos tan dispares como el Movimiento Cinco Estrellas italiano o el SPD alemán consultan de un modo u otro a su militancia sobre estas cuestiones.

Hay razones para pensar que este creciente protagonismo de los afiliados dentro de los partidos no hará sino incrementarse. Politólogas como Ingrid van Biezen han documentado que desde los 70 los partidos han ido perdiendo militancia en toda Europa, volviéndose organizaciones cada vez más pequeñas. Los partidos tratan de compensar la pérdida de fuerza como agentes de socialización y el desapego de la ciudadanía hacia ellos como instrumentos útiles para cambiar la sociedad mediante beneficios simbólicos individuales. Que los militantes puedan elegir a sus líderes o que validen sus políticas de acuerdos es la contrapartida que permite que se sientan importantes en el gobierno de su organización, cada vez más profesionalizada, y no la abandonen. De ahí que tiendan a ser los partidos más jóvenes y los que tienen origen en movimientos sociales los más propensos a incorporar estas consultas por defecto, especialmente en la izquierda.

Las consultas internas mandan una señal afuera y se usan como un elemento de veto para los pactos

Es importante distinguir, sin embargo, entre aquellos casos en los que la consulta es preceptiva y los que no. En algunos, incluso, aunque no esté contemplado estatutariamente los líderes llaman a sus bases a pronunciarse sobre cuestiones específicas. Resulta complicado que alguien se pueda oponer a tal posibilidad, dar la palabra a la militancia tiene una connotación irresistiblemente positiva. Ahora bien, ello no quita a que su celebración persiga una finalidad instrumental por parte de los líderes convocantes. Una razón poderosa por la que los líderes recurren a este tipo de consultas es para anular el contrapeso que la organización ejerce sobre ellos. Aunque con razón se critica a las oligarquías burocráticas de los partidos, también es cierto que los cuadros medios y dirigentes territoriales son un contrapoder a los secretarios generales.

El mando está repartido dentro de la organización. Sin embargo, la consulta a las bases permite, como apunta el politólogo Richard S. Katz, recurrir al bonapartismo plebiscitario dentro de los partidos. Por un lado, la convocatoria está centralizada y diseñada desde la cúpula, y por el otro, la militancia es más amplia que los cargos orgánicos y están menos organizados. Gracias a ello, con las consultas internas los líderes de los partidos pueden hacer bypass a sus propios aparatos con la legitimidad que da que las bases hayan hablado en un proceso. Por lo tanto, pese a que parece el mecanismo más democrático, también sirve para reforzar el personalismo en los partidos y la centralización de la toma de decisiones.

Por otra parte, en determinados contextos las consultas internas también mandan una señal hacia afuera, ya sea a los demás partidos o al conjunto del electorado. En un proceso de negociación las bases de los partidos pueden ser un elemento de veto más para los pactos. Hace falta como poco su aquiescencia para cualquier decisión final de gobierno, lo que supone un arma más para el partido a la hora de tratar con sus interlocutores y los dirigentes siempre pueden alegar que su posición negociadora es más rígida ya que, en teoría, se reduce el margen de los virajes que pueden dar en su programa y compromisos electorales. Además, las consultas también sirven como un instrumento que permite diluir las responsabilidades de cara al conjunto del electorado. Los líderes siempre podrán pretextar que están cumpliendo con el mandato de las bases para justificar sus decisiones. Hacen corresponsable a todo el partido.

Los referéndums diluyen responsabilidades porque los líderes pueden pretextar que cumplen con las bases

Los procesos internos de cada partido suelen ser ad hoc y no existe demasiada investigación sistemática. Pero sabemos que los militantes de los partidos no son muy diferentes al conjunto de los electores a la hora de votar. Igual que cualquier ciudadano frente a un referéndum, los afiliados emplean atajos informativos para saber en qué sentido pronunciarse. El principal de ellos es la postura y popularidad del líder convocante, que casi siempre termina ligando su futuro político al resultado de la consulta. Si bien el hecho de que controle el reparto de rentas desde la cúpula y haya diseñado las reglas también le ayuda a  ganar. Suelen ser los militantes más ideologizados o los que tienen cargo en el partido los que se expresan más al margen de la consigna, pero son minoría. Por esa razón, el principal reto del convocante es la participación de los apáticos militantes frente a la amenaza de los críticos. El líder casi siempre gana por amplios márgenes. Después de todo, nadie convoca una consulta para perderla.