19/8/2019
Análisis

Colombia, los dividendos de la paz

El gran beneficio sería una mayor confianza, que favorecería la inversión y el consumo

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Colombia, los dividendos de la paz
Plantaciones de coca en Pueblo Nuevo, Antioquia. RAUL ARBOLEDA / AFP / Getty
El próximo 20 de julio Colombia conmemorará, como cada año, el aniversario del lejano día de 1810 en el que se encendió la chispa que desencadenó su independencia de España. Este año la celebración podría venir acompañada de un acontecimiento que, de suceder, pasará a la historia: la firma del acuerdo de paz definitivo con las FARC, la principal guerrilla del país. Sería una fecha idónea para acabar con 52 años de conflicto armado, si bien no es más que una estimación y probablemente también un deseo del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, que ha hecho de la paz su principal apuesta de gobierno.

La posibilidad de lograrla parece más cercana que nunca desde que el 23 de junio el Gobierno y las FARC alcanzaron un acuerdo en torno al quinto y último punto de la agenda de las conversaciones, que incluye el alto el fuego bilateral y definitivo, un cronograma para la entrega de armas, la provisión de garantías de seguridad a los guerrilleros y la fórmula para refrendar los acuerdos. La firma definitiva de la paz está a la espera de que se resuelvan varios temas pendientes, entre los que se encuentran algunos flecos relacionados con los otros cuatro puntos de la agenda: desarrollo agrario, participación política, cultivos ilícitos y reconocimiento de las víctimas.

Tan cerca y tan lejos

La consecución de los acuerdos no ha sido fácil, especialmente en el punto de las víctimas del conflicto. Tampoco se ha contentado a todos, ya que algunos consideran que el Gobierno ha cedido demasiado. Esas dificultades son probablemente más pequeñas que los desafíos que se presentarán si se produce la firma. Primero, lo acordado debe ser refrendado por los colombianos, ojalá que con una amplia participación y un resultado suficientemente rotundo, algo que no está claro que vaya a ocurrir. Segundo, deben superarse las divisiones internas en torno al proceso de paz, que cuenta con sus detractores, liderados por la figura del expresidente Álvaro Uribe. Y por último, deberá perseguirse un desarme de otros grupos paramilitares y guerrillas que siguen operativos, como el ELN, para así lograr una paz completa.

Si no se superan los obstáculos anteriores, no habrá nuevas negociaciones. Según ha afirmado el presidente Santos, se retomaría el combate militar, para lo que sería necesario, según sus estimaciones, subir los impuestos, además de mantener en las partidas presupuestarias de cada año los costes asociados a la guerra.

Costes y oportunidades

La lacra de los conflictos armados ayuda a entender por qué Colombia es una de las economías latinoamericanas con mayor gasto en defensa. El último año esa partida superó los 10.200 millones de dólares (un 3,4% del PIB). Además, los conflictos también generan costes ambientales, materializados en las cantidades que serían necesarias para recuperar bosques deforestados utilizados para cultivos ilícitos, para limpiar los vertidos de crudo provocados o para solventar los daños derivados del uso del mercurio en la minería ilegal. Pero los peores costes del conflicto han sido los cientos de miles de muertos, los miles de desaparecidos y los millones de desplazados que se han producido en más de 50 años de guerra. A todo lo anterior han de sumarse otros costes intangibles como la inseguridad ciudadana, los reclutamientos forzados y el daño moral que supone vivir acostumbrado a la violencia y la impotencia de no poder hacer nada para terminar con ella.

La paz podría aportar entre un 1,1% y un 1,9% a la tasa de crecimiento potencial de la economía colombiana

La paz no solo pondría fin a ese drama humano, sino que supondría beneficios económicos para el país. También requeriría destinar recursos para la reparación y asistencia a las víctimas del conflicto, para el desarrollo rural y para la desmovilización de combatientes. Según un informe de 2014 del Bank of America (BoA), la implementación de los acuerdos tendría un coste que oscilaría entre el 1% y el 3,8% del PIB por año durante 10 años. Diversos países e instituciones supranacionales ya se comprometieron a prestar su ayuda para afrontar tales inversiones.

Estas inversiones ayudarán a materializar los llamados dividendos económicos de la paz. Según un estudio reciente del Departamento Nacional de Planeación (DNP) colombiano, la paz podría aportar entre un 1,1% y un 1,9% a la tasa de crecimiento potencial de la economía, elevándola hasta un máximo del 5,9%. El estudio señala que el gran dividendo de la paz sería la mayor confianza, que a nivel interno se materializaría en más inversión empresarial y más consumo de los hogares. Y a nivel externo se reflejaría en una mayor inversión extranjera en el país y en un aumento de las exportaciones. Por el contrario, el estudio del BoA estima que los potenciales beneficios de la paz se rebajarían a solo unas décimas adicionales de crecimiento, al considerar que parte de los mismos ya se habrían producido gracias a la reducción de la intensidad del conflicto conforme las negociaciones iban avanzando. La paz también permitiría frenar la fuga de cerebros, acelerar la reducción de la pobreza o desarrollar un sistema financiero más inclusivo, según un estudio del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC).

Presencia española

El nuevo escenario que se puede abrir en Colombia representa también una gran oportunidad para las empresas españolas. Con 5.132 millones de dólares invertidos en el cuatrienio 2012-2015, España fue el cuarto país por volumen de inversión extranjera directa en Colombia, solo por detrás de EE.UU., Panamá y Suiza. Según la Cámara de Comercio, más de 300 empresas españolas operan en Colombia. Sus principales ámbitos de actividad son la ingeniería, las infraestructuras, las industrias minera y petrolera y los sectores de consumo y el agroalimentario.

Con 5.132 millones de dólares invertidos entre 2012 y 2015, España es el cuarto país por volumen de inversión

Todas ellas tienen grandes oportunidades de inversión en uno de los países más dinámicos de América Latina. En el último quinquenio, el crecimiento del PIB colombiano promedió un 4,6%, frente al 2,2% del agregado regional. En 2015 creció un 3,1%, siendo el segundo avance más fuerte de entre los principales países de la región, que en términos agregados registró una caída del PIB del 0,4%, influida por la mala coyuntura de Brasil y de Venezuela, cuyas economías sufrieron retrocesos del 3,8% y del 5,3% respectivamente. Para 2016 se prevé que Colombia crezca un 2,5%, muy por encima de la región en su conjunto (-0,7%).

A pesar de su buena marcha, la economía colombiana tiene importantes retos por delante que la firma de la paz ayudaría a conseguir: debe mejorar su dotación de infraestructuras, conseguir un crecimiento más inclusivo que potencie el desarrollo de su emergente clase media, reducir la informalidad, rebajar la elevada tasa de desempleo estructural —ya que a pesar del fuerte y continuado crecimiento del país la tasa de desempleo no ha conseguido bajar del 7%—, diversificar su tejido productivo y reducir la dependencia de sus exportaciones de petróleo y de minería. Las exportaciones petroleras llegaron a representar más del 55% del valor total de las ventas al exterior a principios de 2014. La caída de los precios del crudo iniciada en el segundo semestre de ese año ha sido la principal responsable de que el saldo de la balanza comercial haya pasado de ligeros superávits al inicio a registrar ya un déficit comercial acumulado a 12 meses superior a los 15.500 millones de dólares, según el dato más reciente del mes de abril. Este saldo deficitario, no obstante, ha comenzado a corregirse recientemente aunque de forma moderada.