13/11/2019
Economía

COP21. París bien vale un acuerdo

El reto está en reconocer las distintas responsabilidades históricas aportando garantías financieras para implementar lo acordado

Toni Pou - 04/12/2015 - Número 12
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COP21. París bien vale un acuerdo
Barack Obama y Xi Jinping reunidos en París. Stephen Crowley / The New York Times
La Cumbre sobre el Clima de Naciones Unidas que se celebra estos días en París con el objetivo de alcanzar acuerdos internacionales para luchar contra el cambio climático generará unas emisiones de 21.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2). La concentración atmosférica de este gas, como se sabe, es una de las causas principales del calentamiento del sistema climático global.

Sin embargo, estas 21.000 toneladas —según la estimación de los organizadores— están muy lejos de los 9.000 millones de toneladas que emitió China en 2013 o de los 5.000 millones que emitió Estados Unidos ese mismo año. De hecho, estos dos países, que son los máximos emisores del planeta, suman el 44% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono. Si, además, se tiene en cuenta a la India, la suma alcanza el 50%. Si además de los datos de emisiones se tiene en cuenta el potencial de crecimiento económico, queda claro que China, Estados Unidos y la India son tres de los actores más relevantes que participan en la cumbre de París.

Economía y emisiones

En general, la causa principal de las emisiones de dióxido de carbono es el consumo de energía de origen fósil que alimenta gran parte de la economía mundial. Durante cuatro décadas, hasta 2013, ha habido una correlación entre el crecimiento económico y el consumo de energía, y, por consiguiente, las emisiones de dióxido de carbono. De hecho, en estos 40 años las emisiones solo han disminuido en tres ocasiones, que han coincidido siempre con épocas de debilidad en las mayores economías del mundo. Puesto que a nivel global se prevé que la economía crezca en los próximos 20 años, es previsible que la necesidad de energía también lo haga.

La causa principal de las emisiones de dióxido de carbono es el mayor consumo de energía de origen fósil 

Y para abastecer este crecimiento se calcula que el consumo energético mundial podría aumentar en una cifra cercana al 30%. Se podría pensar, pues, en una estrategia global de moderación del crecimiento, pero ningún país, y menos aquellos en desarrollo, está dispuesto a renunciar al crecimiento económico. Por lo tanto, la clave de lo que se discute en París consiste en encontrar maneras de crecer sin emitir tanto dióxido de carbono. Este desacoplamiento entre actividad económica y emisiones se puede conseguir de dos maneras: aumentando la eficiencia energética, de manera que se pueda crecer lo mismo sin consumir tanta energía, y utilizando fuentes de energía que no generen tantas emisiones.

Todo indica que este aumento del consumo energético mundial se concentrará en determinadas regiones del planeta. Las tendencias económicas estructurales y demográficas, aliadas con una mayor eficiencia energética, probablemente reduzcan el consumo de energía en Europa (-15% de aquí a 2040), Japón (-12%) y Estados Unidos (-3%). Por el contrario, la demanda de energía aumentará en China, la India, África, Oriente Medio y el Sudeste Asiático. En este escenario, China y la India son dos protagonistas fundamentales. 

India y China, protagonistas

La India, tercera economía del mundo (medida en paridad de poder de compra, es decir, eliminando las distorsiones que crean los diferentes niveles de precios en cada país) y que alberga a un sexto de la población mundial, consume solo el 6% de la energía del planeta. Además, cerca de una quinta parte de la población, unos 240 millones de personas, carece todavía de acceso a la electricidad. Las previsiones para 2040 indican que, con un mayor acceso a la electricidad y con 315 millones de personas más que vivirán en las ciudades, las necesidades energéticas de la India contribuirán en una cuarta parte al aumento del consumo mundial.

China es el mayor consumidor mundial de carbón y en 2030 superará a EE.UU. en el uso de petróleo

Por otro lado, China es el mayor consumidor mundial de carbón y se calcula que hacia 2030 supere a Estados Unidos como mayor consumidor de petróleo. La demanda energética en China en 2040 duplicará, muy probablemente, la de Estados Unidos. Además, la economía china sigue siendo una de las más dependientes de los combustibles fósiles. Por cada dólar de PIB generado en China se emiten 630 gramos de dióxido de carbono, cuando la media mundial es de 370 gramos. En los países de la OCDE esta cifra disminuye hasta los 300 gramos. Sin embargo, los cambios estructurales previstos en la economía China, en la cual se espera un crecimiento de los servicios y un estancamiento de la industria pesada que emplea gran cantidad de energía, permiten estimar una reducción en el consumo de energía necesario para generar una unidad de PIB. 

Otro aspecto a tener en cuenta es que China tiene ya la mitad de sus usos energéticos sujetos a estándares de eficiencia y tiene previsto instalar más capacidad de generación eléctrica renovable que cualquier otro país. Ya hay indicios de que este tipo de políticas en China —junto a las medidas de eficiencia y generación de electricidad a partir de fuentes limpias y renovables en Europa, Norteamérica y Japón— están dando resultados: en 2014 se observó un crecimiento económico global del 3,3% que no estuvo acompañado de un aumento de las emisiones.

De todos modos, habrá que esperar unos años para ver si esta tendencia se consolida. Los acuerdos que se alcancen en París no pueden obviar estos datos y tendencias. En este sentido, hay dos aspectos que se antojan fundamentales. El primero consiste en la gestión de la responsabilidad histórica sobre las emisiones de las últimas décadas. ¿Sería aceptable que los países industrializados, principales contribuyentes al aumento histórico de emisiones, forzaran acuerdos en los que el esfuerzo para reducirlas se repartiera por igual entre todos los países?

Lo más probable es que los países en desarrollo no acepten un acuerdo de este tipo, menos aún si limita de algún modo su potencial de crecimiento económico. Además, hay que tener en consideración que a pesar de que el cambio climático es un motivo de preocupación real en todo el mundo, no todos los estados le otorgan el mismo grado de prioridad. Hay muchos países en desarrollo cuyas máximas prioridades son la erradicación de la pobreza y el progreso económico. Uno de ellos, la mencionada India, es uno de los países con mayor potencial de crecimiento en las próximas décadas. 

Garantías financieras

El segundo aspecto clave es, como siempre, económico. Las políticas de reducción de emisiones representan una inversión que, aunque resulte rentable a largo plazo, requiere músculo financiero capaz de actuar con inmediatez. En la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático que tuvo lugar en 2009 en Copenhague (denominada COP15)se acordó que desde los países industrializados e instituciones como el Banco Mundial se destinarían 100.000 millones de dólares anuales a las políticas de reducción de emisiones en los países en desarrollo.

Sin embargo, durante los años 2013 y 2014 se han movilizado una media de 57.000 millones anuales, lo cual dista significativamente de lo acordado. Aunque en las últimas semanas la OCDE se ha mostrado optimista respecto del cumplimiento de estos compromisos financieros, entre los países en desarrollo hay una cierta reticencia a cualquier acuerdo que les obligue a implementar medidas si no se cuenta con mayores garantías financieras.

Los acuerdos que surjan de la cumbre —el ya denominado Protocolo de París— deberán afrontar los retos de proponer medidas eficaces e intensivas que contemplen, además, algún tipo de  pacto asimétrico para reflejar las distintas responsabilidades históricas respecto del cambio climático, junto con garantías financieras para que los países con mayor potencial de crecimiento se comprometan a implementar las medidas acordadas.