21/7/2019
Análisis

Un modelo energético sofocante

La demanda de energías fósiles juega un papel determinante en el aumento de las emisiones de CO2

Mariano Marzo - 04/12/2015 - Número 12
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Un modelo energético sofocante
Chimeneas en una fábrica de acero de la provincia industrial de Hebei, en China. Kevin Frayer / Getty Images
Los científicos han observado que las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera han aumentado significativamente durante el siglo pasado en comparación con las existentes durante la época preindustrial, cifradas en torno a las 280 partes por millón (ppm). De este modo, la concentración de CO2 en 2014 (397 ppm) fue aproximadamente un 40% mayor que la estimada hacia mediados del siglo XIX, con un crecimiento medio de 2 ppm/año en los últimos 10 años. Paralelamente, también se han constatado incrementos significativos en los niveles de metano (CH4) y óxido nitroso (N2O). Se trata de de tres gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. 

El quinto informe de evaluación del grupo de trabajo nº 1 del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático concluye que la influencia humana sobre el sistema climático es innegable. ¿Cómo se concreta dicha influencia? A escala global, entre las múltiples actividades humanas que producen gases de efecto invernadero, el consumo de energía representa, de largo, la mayor fuente de emisiones (68% del total), seguida a mucha distancia por la agricultura (11%) y por los procesos industriales no relacionados con la energía (7%). A estos porcentajes hay que sumar las emisiones procedentes de otras actividades (14%). Las tareas agrícolas emiten principalmente CH4 y N2O derivados del cultivo de arroz y de la ganadería doméstica, mientras que los procesos industriales generan esencialmente gases fluorados y N2O. Por contra, las emisiones atribuibles al sector energético están mayoritariamente integradas por CO2 (90%) seguidas por CH4 (9%) y N2O (1%).

Dos tercios de las emisiones globales corresponden a solo 10 países; China y EE.UU. encabezan el ranking

El elevado porcentaje de emisiones atribuibles al uso de la energía es el fiel reflejo de un modelo global dominado por los combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas. Resulta ilustrativo constatar que entre 1971 y 2013 el consumo de energía primaria en el mundo se incrementó en cerca de un 150%, gracias sobre todo a la aportación de estos combustibles. Pese al crecimiento experimentado por las renovables y la nuclear, la participación de los combustibles fósiles en el mix global de energías primarias ha permanecido relativamente estable en los últimos 42 años, situándose siempre por encima del 80%. En concreto, en 2013 dicho porcentaje fue del 82%.
Desde la revolución industrial, las emisiones anuales de CO2 derivadas de la combustión de carbón, petróleo y gas han pasado de prácticamente nulas a 32.200 millones de toneladas en 2013. Esta cifra expone un aumento del 2,2% respecto a los niveles de 2012, un porcentaje inferior a la media anual de crecimiento desde el año 2000, que ronda el 2,5%. 

La tendencia al alza revela marcadas divergencias entre dos grandes grupos de estados. El primero agrupa a los países en desarrollo y a las grandes economías emergentes. El segundo a los 43 países integrados en el denominado Anexo 1 de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992. La característica destacable de este segundo grupo es que incluye a todos los países industrializados de la OCDE, más Rusia y otros países europeos (Bulgaria, Croacia, Chipre, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Malta, Mónaco, República Eslovaca, Rumanía y Ucrania). 

Los que más contaminan

En 2013, como en años anteriores, el incremento global del CO2 inyectado en la atmósfera por la actividad humana debe atribuirse casi exclusivamente al grupo de los países en desarrollo, cuyas emisiones, principalmente derivadas de la combustión de carbón y (en menor medida) de petróleo, se incrementaron a una tasa media del 4%, frente a un 2,8% en 2012. Colectivamente, en 2013 dicho grupo de países contabilizó el 57% de las emisiones globales de CO2. En cambio, en el grupo de los países desarrollados, el aumento de las emisiones fue prácticamente nulo, observándose un descenso (-1,1%) de las atribuibles al petróleo y un crecimiento (1,4%) de las originadas por la combustión de gas natural.

Dos tercios de las emisiones globales contabilizadas en 2013 correspondieron a 10 países, con China y EE.UU. absorbiendo el 28% y el 16% del total respectivamente. Enumerados por orden decreciente, el ranking lo completan India, Rusia, Japón, Alemania, Corea, Canadá, Irán y Arabia Saudita. Debe tenerse en cuenta que todos estos países tienen estructuras económicas y sociales muy diferentes entre sí, de modo que el listado cambiaría de forma significativa si en vez de considerar las emisiones en términos absolutos se utilizaran otros indicadores como el de las emisiones per cápita o por unidad de PIB.

El actual desequilibrio climático proviene en su mayor parte de la quema de combustibles fósiles

Por lo que se refiere a la contribución de los diferentes combustibles fósiles a las emisiones globales de CO2, cabe destacar el importante papel jugado por el carbón: aunque en 2013 este combustible solo representó el 29% del total de la demanda de energía primaria en el mundo, su contribución a las emisiones fue del 46%. No en vano, en comparación con el gas natural el carbón es, en promedio, casi dos veces más intensivo en emisiones. 

Desde finales de los años 80 hasta comienzos del presente siglo, tanto el carbón como el petróleo contabilizaban cada uno cerca de un 40% de las emisiones globales de CO2. Sin embargo, esta tendencia difería a nivel regional. Entre los países industrializados, el petróleo constituía la mayor fuente de emisiones, mientras que entre los países en desarrollo las emisiones procedentes de la combustión de carbón superaban a las del petróleo. A causa del creciente protagonismo de este último grupo de países en el consumo global de energía, desde 2002 a 2013 el carbón ha incrementado su contribución a las emisiones globales de CO2 desde un 40% a un 46%, mientras que la del petróleo disminuía del 39% al 33% y la del gas natural se mantenía prácticamente estable en torno al 20%. 

Crecimiento carbonizado

En 2013, las emisiones de CO2 procedentes de la combustión de carbón aumentaron un 3,4% hasta los 14.800 millones de toneladas. En la actualidad, el carbón cubre gran parte de la creciente demanda energética de aquellos países en desarrollo, como China e India, donde la producción industrial intensiva en energía está aumentando rápidamente. A fin de cuentas, el subsuelo de estas dos potencias emergentes alberga grandes recursos de carbón y cantidades mucho más limitadas de otros combustibles fósiles más limpios, como es el caso del gas natural. 

Por sectores, la generación de calor y electricidad, junto al transporte, contabilizan cerca de dos tercios de las emisiones globales de CO2, con el primero de ellos representando el 42% del total frente al 23% del segundo. Este dato refleja el hecho de que a escala mundial la generación de electricidad y calor depende en gran medida del carbón, el combustible fósil más intensivo en emisiones de carbono. Países como Australia, China, India, Polonia y Sudáfrica producen más de dos tercios de su electricidad y calor a partir de la combustión de carbón. Por otro lado, mientras la participación del petróleo en este sector ha ido declinando de forma continuada desde 1990, la de carbón se ha incrementado de forma significativa, desde un 66% en 1990 a un 72% en 2013. 

En cuanto al transporte, en las últimas décadas se ha producido un rápido incremento de las emisiones —básicamente impulsado por la actividad en carretera—, que desde 1990 a 2013 ha aumentado en un 68%, contabilizando tres cuartas partes de las emisiones totales del sector transporte en la última fecha mencionada. Resulta interesante destacar que, a pesar de los esfuerzos para limitar las emisiones provenientes del transporte internacional, las emisiones atribuibles a los sectores marítimo y aéreo han crecido incluso más rápido que las de carretera: un 64% y un 90%, respectivamente, durante el periodo 1990-2013.

El CO2 que (junto a otros gases de efecto invernadero) provoca el actual desequilibrio climático proviene en su mayor parte de la quema de combustibles fósiles. No obstante, sin carbón, petróleo y gas el consumo energético mundial no hubiera podido multiplicarse por un factor cercano a cinco durante el periodo 1950-2000, posibilitando que durante ese tiempo el PIB mundial se multiplicara por siete y la población mundial por algo más de dos. Desgraciadamente, el precio a pagar ha sido que las emisiones de CO2 se han multiplicado por casi cinco. Ya es hora de descarbonizar el modelo de crecimiento.