21/7/2019
Internacional

Dos improbables extremos para la Casa Blanca

Los impuestos a las rentas altas definen las propuestas económicas de Sanders y Trump

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Dos improbables extremos para la Casa Blanca
El demócrata Sanders en un mitin en Carolina del Sur. JOE RAEDLE / GETTY
Las primarias estadounidenses eligen a los candidatos presidenciales del Partido Demócrata (Hillary Clinton o Bernie Sanders) y Republicano (Donald Trump y Ted Cruz son los que tienen más posibilidades). La gran novedad respecto a otras elecciones es que hay dos outsiders que podrían lograr la nominación. Son los dos polos de estas primarias: el multimillonario conservador Donald Trump del lado republicano, y el senador izquierdista Sanders en el demócrata, por detrás de Clinton, que en el supermartes ganó en 7 de los 11 estados donde votaban los demócratas, frente a los 4 de Sanders.

Los programas económicos de Sanders y Trump están en las antípodas. Pero los dos seducen a muchos electores. Trump, que carga contra la clase política de Washington, logra apoyos en el segmento del voto blanco menos educado, pero también entre los jóvenes y los hispanos. Sanders, que critica los poderes de Wall Street y al establishment, suma a los electores más progresistas y a los jóvenes.

Estas son algunas de las propuestas económicas de la campaña de Trump: en el impuesto sobre la renta, cinco tipos de tributación frente a los siete actuales que estarían gravados entre el 0% y el 25%. No tributarían las personas solteras con ingresos inferiores a 25.000 dólares al año (50.000 las parejas) y pagarían el 25% quienes ingresen más de 150.000 dólares si son solteros, o 300.000 en el caso de las parejas.

El republicano quiere beneficiar a quienes más ingresan para estimular el crecimiento

Como explica el premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz en su libro La gran brecha, el tipo más alto en renta está en Estados Unidos en el 39,6% y se alcanza a partir de ingresos de 400.000 dólares para los solteros y 450.000 para las parejas. Por tanto, la propuesta de Trump es una buena noticia para quienes más ingresan, aunque también promete reducir las deducciones. Para las empresas, el republicano plantea bajar el impuesto de sociedades al 15% (ahora varía del 15% al 35% dependiendo del tamaño), con una bonificación para las que se fueron al exterior y regresen. Trump cree que así miles de empresas deslocalizadas que ahora producen en países como China para pagar menos impuestos regresarán a Estados Unidos. Asegura que desde que China entró en la Organización Mundial del Comercio se han cerrado 50.000 factorías en Estados Unidos y se han perdido decenas de millones de empleos.

 A Trump le une a sus predecesores conservadores el afán por bajar los impuestos, pero le separa la rabia con la que arremete contra todo lo que no pertenece a su mundo. El magnate inmobiliario ha cargado contra los refugiados y los inmigrantes, ha propuesto frenar la inmigración levantando un muro en la frontera con México, ha cuestionado a algunos periodistas, se ha metido con un discapacitado y ha propuesto que se prohíba la entrada de los musulmanes en el país, sin ninguna matización. Pero este discurso cargado de demagogia populista no solo no le ha restado apoyo, sino que le hace subir en las encuestas. Salvando las distancias —aunque ahora no se está hablando de integración racial—, no se veía un candidato así desde la época del gobernador demócrata y racista de Alabama, George Wallace, que en 1963 pronunció la frase con la que ha pasado a la historia: “Segregación ahora, segregación siempre”. Si Wallace volviera a este mundo seguramente aplaudiría a Trump. La gente de cierta edad recuerda a Wallace como candidato a la nominación presidencial oponiéndose a la integración racial, aunque acabó sus días arrepentido de esta actitud. Wallace, que intentó ganar la nominación sin éxito en cada oportunidad que tuvo entre 1964 y 1976, no llegó tan lejos como lo está haciendo Trump y acabó cayendo electoralmente.  

Un plan de corte keynesiano

Sanders —que se autodenomina socialista— coincide con Trump en la necesidad de recuperar las empresas que han optado por salir del país y promete cambiar las relaciones comerciales con China. Pero salvo por este espíritu neoproteccionista, sus propuestas son las opuestas al candidato republicano.

En materia de impuestos, el programa de Sanders plantea que paguen más quienes reciben en nómina más de 250.000 dólares anuales, y un recargo del 6,2% para los ingresos procedentes de inversiones a partir de un umbral de 200.000 dólares si son solteros y 250.000 en el caso de las parejas.

Para las herencias, defiende una tasa en las propiedades inmobiliarias heredadas que rebajaría el mínimo exento de 5,4 a 3,5 millones de dólares. Y el broche es “imponer un impuesto a los especuladores de Wall Street” para recaudar 300.000 millones al año. A los jóvenes les promete matrículas gratuitas en las universidades públicas. A los trabajadores peor pagados les asegura que subirá el salario mínimo de 7,25 a 15 dólares la hora.

Con los nuevos ingresos que plantea, Sanders costearía un plan de inversión de un billón de dólares en cinco años impulsado por el Estado a través del programa “Creando trabajos para reconstruir América”. Este plan, al estilo de la inversión pública de corte keynesiano que caracterizó a los demócratas en tiempos pasados, asegura que permitiría crear 13 millones de empleos. El senador demócrata también extendería la sanidad pública a toda la población, algo que intentó sin éxito el presidente Bill Clinton con ayuda de su esposa Hillary, entonces primera dama y ahora rival de Sanders, y logró parcialmente Barack Obama con The Affordable Care Act, la ley conocida popularmente como Obamacare, firmada por el presidente en 2010.

En política de inmigración, Sanders plantea que los indocumentados que han residido en Estados Unidos un mínimo de cinco años puedan seguir en el país sin ser deportados. Y asegura que esto afecta a más del 85% de los que quieren lograr la ciudadanía estadounidense.

El demócrata promete matrículas gratuitas en universidades públicas y un salario mínimo de 15 dólares la hora

En suma, estamos ante unas primarias en las que Sanders y Trump —candidatos ajenos al establishment— presentan dos proyectos muy distintos para conquistar la Casa Blanca. Los dos dentro de la economía de mercado, pero uno
—el de Sanders— exprimiéndola por arriba con la promesa de repartir por abajo y relanzar los servicios y la inversión pública. Y otro —el de Trump— basado en bajar impuestos por arriba (también a las empresas) con la expectativa de lograr estimular así el crecimiento.

Ante este panorama, muchos poderes económicos y líderes de opinión están apostando por candidatos más centrados como el republicano Rubio o la demócrata Clinton. Pero todavía queda mucha carrera por delante hasta la última votación en las primarias, el 14 de junio.