12/11/2019
Política

El año de las reválidas

El Gobierno aboca a quienes suspendan la prueba de final de ciclo de la ESO a perder un año o a retroceder en el sistema educativo

Daniel Sánchez - 16/09/2016 - Número 51
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El año de las reválidas
Manifestación contra las reválidas y la LOMCE en Santiago de Compostela en mayo de 2016. xoan rey / efe
Al final no habrá ni pacto educativo, ni paralización de la LOMCE, ni por supuesto derogación, aunque de todo ello se haya hablado. Sí que habrá, no obstante, reválidas en junio después de tres años de tira y afloja. Unas pruebas que han sido rechazadas por la comunidad educativa en su amplia mayoría, sobre todo por el hecho de que sea imprescindible aprobarlas para obtener los títulos de Secundaria y Bachillerato. Y por las consecuencias que tendrán para quien suspenda, que se venían anticipando desde que se empezó a hablar de ellas: el limbo educativo. Solo se podrá ir para atrás en el sistema. Para lo que suele ser la educación, el verano ha sido movido.

Rajoy y Rivera intentaron que lo fuera más. El presidente en funciones y el líder de Ciudadanos consiguieron algunos titulares cuando anunciaron su pacto para la investidura, que incluía “paralizar” la aplicación de todos los aspectos de la LOMCE que no estuvieran en vigor. Pero ya se sabe que el diablo está en los detalles. Detrás de un anuncio que sonaba a renuncia del PP no había nada. Todos los aspectos centrales de la ley están ya en vigor, aunque haya alguna cuestión (por ejemplo, las reválidas) que aún no se ha ejecutado porque no ha llegado su momento. Pero es cuestión de tiempo.

Aprobadas con "agostidad"

A los (pocos) miembros de la comunidad educativa que estaban activos el 30 de julio casi se les atraganta el desayuno cuando se enteraron de que por fin el Gobierno en funciones había regulado las conocidas como reválidas (pruebas de final de ciclo, en realidad) de 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. Más que porque se vayan a hacer en sí mismas, que también —8 de cada 10 docentes están en contra, según un estudio realizado por la UAM—, por cómo se habían planteado, en especial la de la ESO.

Alrededor de medio millón de alumnos (63.000 de ellos en Bachillerato, según cálculos de UGT) inauguran este año el doble examen que, afortunados ellos, en su primera edición no tendrá efectos académicos (no cuenta para obtener el título) por estar en pruebas.

Medio millón de alumnos, 63.000 de Bachillerato y el resto de ESO, inauguran este año el examen

España pasa así a pertenecer al pequeño grupo de países europeos que aplica reválidas vinculantes a la Secundaria. Solo Italia, Portugal, Reino Unido y Estonia tienen un sistema similar. Lo que sí es más común es que este examen se realice pero su resultado no implique obtener el título o no. Es el caso de Francia, Alemania, Irlanda, Polonia y otros tantos. Por último, entre los países que estaban como España hasta este año, sin examen de ningún tipo, se encuentran Suecia, Austria o Finlandia, el referente europeo en educación. En Bachillerato sí es común que se realice una prueba que otorgue el título y además sirva para canalizar a los estudiantes en la universidad.

Con el diseño de las pruebas el Ministerio de Educación ha logrado, una vez más, poner a casi todos los expertos de acuerdo: rechazo generalizado. “Que alguien me diga en qué van a mejorar estos exámenes la educación”, reflexiona Alberto Arriazu, presidente de Fedadi, la federación estatal de directivos de instituto. “Yo se lo he preguntado a mucha gente y nadie sabe decírmelo”, añade.

A falta de conocerse los detalles, que se publicarán en una orden ministerial a finales de noviembre, las reválidas que ha planteado Educación tendrán un carácter externo (serán corregidas por funcionarios ajenos a los centros). El diseño del marco global corresponde al ministerio, pero serán las comunidades autónomas las que elaborarán el examen concreto.

Respecto a la prueba en sí, se sabe que durará cuatro días y que cada examen durará 90 minutos, pero aún no se ha dado a conocer cómo se puntuará. La Selectividad, por ejemplo, se hacía sobre una escala de 0 a 14 puntos, quedando reservados los últimos cuatro para los alumnos que quisieran subir nota. Los exámenes no serán íntegramente tipo test, como el ministerio había propuesto en un principio, aunque sí parcialmente. Habrá 15 preguntas por asignatura. Al igual que ocurre en la Selectividad, esta prueba aporta el 40% de la nota final de cada estudiante (el restante 60% es la nota media del ciclo educativo) y un 4 servirá para aprobar si la media final del expediente alcanza el 5.

Pese a todo, los expertos consultados coinciden en señalar que la prueba de Bachillerato, que viene a sustituir a la Selectividad, tiene más sentido que la de 4º de la ESO.

Al limbo educativo

La reválida que deberán pasar los alumnos de 16 años una vez aprobadas las asignaturas del 4º curso de la Secundaria será necesaria para obtener el título a partir del próximo año y seguir avanzando por el sistema educativo hacia la FP Media o el Bachillerato. El problema viene para los que no aprueben el examen.

El Gobierno aboca a estos estudiantes a elegir entre tres opciones, ninguna de ellas muy atractivas a priori para un estudiante de 16 años. La primera, esperar un año para presentarse a la prueba por su cuenta, ya que al haber aprobado las asignaturas de 4º de la ESO no es posible repetir el curso. La segunda, pasar a la FP Básica (FPB), una modalidad que supone un retroceso educativo para el alumno, como se verá. La tercera, abandonar definitivamente el sistema ante la falta de opciones.

Y esto los que puedan elegir. Porque la FPB es una vía pensada para alumnos a partir de 15 años y a la que no se puede acceder cuando se tienen 17 cumplidos o por cumplir ese curso. Si se tiene en cuenta que la edad normal de terminar 4º de la ESO y por tanto hacer la reválida son los 16 años (de nuevo, cumplidos o por cumplir), con solo haber repetido un curso ya no se podrá acceder a la FPB.

El 37%,fuera de su curso

Y no es cuestión menor. En España hay una tasa de repetición del 30% a los 15 años, según datos de la OCDE. Otro medidor similar, como es la tasa de idoneidad, eleva al 37% los alumnos que con esa edad no están en el curso que les corresponde. Y esto ya es especular, pero a priori tienen más opciones de suspender la reválida estos alumnos que ya han mostrado problemas de rendimiento que los que no.

En países como Francia o Alemania el resultado de la reválida no influye en el título de Secundaria

Pero aun cumpliendo los requisitos, los profesionales que trabajan en la educación alertan de lo poco atractiva que resulta esta vía para estos alumnos. Miguel Recio, director de un instituto madrileño, explica que eso es así porque la FPB “está pensada para alumnos de 15 años que hayan repetido una o dos veces”, un perfil que poco tiene que ver con un estudiante que haya ido a curso por año hasta 4º. Ya para empezar tendrá un año más que sus compañeros.

Lo básico de los conocimientos que se ofrecen en esta vía y el sentido de retroceso que experimentará el alumno de 4º de la ESO que acabe allí se entienden cuando se mira las salidas que ofrece a sus graduados. Tras dos cursos, los estudiantes pueden acceder a la FP Media (a la que se llega por la vía normal tras titularse en Secundaria) o presentarse a la reválida de la ESO, justo de donde venían rebotados. “Es una barrabasada [enviar a los suspensos a la FPB] porque no es un estudio postobligarotio, está entroncado en el sistema educativo obligatorio”, se lamenta Montse Ros, responsable de políticas educativas de CC.OO. Es decir, el alumno viene de aprobar las asignaturas de 4º y, reválida aparte, haber concluido su andadura por las etapas obligatorias y es enviado a una vía paralela en el mejor de los casos, previa incluso a donde estaba, ya que termina en el mismo sitio.

Y luego está la intencionalidad, objetivos y formación que ofrece esta vía, la más básica de cuantas ofrece el sistema. La FPB tiene una cualificación de 1 en el Marco Español de Cualificaciones, que comprende una escala hasta el 8. Lo explica Recio: “Se aprenden las competencias más básicas de cualquier familia profesional”. En la Comunidad de Madrid, por poner un ejemplo, hay 21 titulaciones, entre ellas Peluquería y Estética, Reforma y Mantenimiento de Edificios, Servicios Administrativos o Electricidad y Electrónica.

Una barrera para seguir

La, probablemente, mayor crítica que se hace a las reválidas es que sea necesario aprobarlas para obtener el título. “¿Qué ocurrirá si suspende, digamos, el 10%?”, se pregunta Arriazu. “¿Qué hacemos con ellos?” Y además en un contexto en el que la UE exige a España que rebaje el abandono educativo temprano (aquellos alumnos que no cursan la Secundaria superior) del actual 20% al 15% para 2020.

“Con la reválida se pone una barrera a que los jóvenes continúen estudiando”, lamenta Antonio Bolívar, catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Granada. “Encaja con la filosofía conservadora de que solo pueden estudiar aquellos que valen, que de verdad lo demuestren en una prueba externa, sin fiarse de los profesores de los centros”, argumenta.

Un argumento este similar al que utilizan sindicatos y familias al valorar las pruebas. “El modelo de reválidas pertenece a un modelo del pasado, excluyente, segregador, elitista, configurado para que se cribara a la inmensa mayoría del alumnado”, explican desde la Plataforma Estatal por la Escuela Pública, que agrupa a las principales organizaciones de maestros, estudiantes y familias. El mismo razonamiento que hacen ahora ante el destino reservado para quienes suspendan.

“El único interés del Gobierno es que baje el número de estudiantes que van a la universidad”, asegura Ros. “Y las reválidas tienen esa intención, cerrar el grifo en la medida que interese. En la de Bachillerato, por ejemplo, ponen la prueba más difícil y entran menos”, desarrolla. Los números encajan con su teoría. Desde que gobierna el PP la universidad tiene 100.000 estudiantes menos desde el curso 2011-12.

Además, en educación está comprobadísimo que cuando se pone un examen potente e importante a final de curso, el año académico acaba centrado en que los alumnos aprueben ese examen, poniéndolo como objetivo por encima de las metas naturales de ese año. “Que se jueguen todo el año en un día no tiene mucho sentido”, sostiene Arriazu.

Implantada pese a la oposición política y educativa

Daniel Sánchez
El otro gran titular educativo del verano lo dieron Mariano Rajoy y Albert Rivera poco antes del debate de investidura. Por virtud del acuerdo alcanzado entre PP y Ciudadanos, el hipotético Gobierno resultante “paralizaría” todos aquellos aspectos de la LOMCE que no estuvieran “en vigor” aun mientras se intentaba alcanzar el pacto educativo que todos dicen querer pero nadie acaba de proponer en serio.

Sin embargo, poco o nada queda por paralizar de la LOMCE, toda vez que los aspectos centrales de la ley están ya implementados. Este curso concluye su implantación en los cursos pares de la ESO y Bachillerato, y con la mencionada aprobación del decreto que regula las reválidas la ley Wert completa su desarrollo normativo. Las reválidas no se han hecho aún porque son para el final de curso, en junio, pero el decreto está en vigor desde el pasado 31 de julio, según se especifica en el mismo, por lo que a priori no se vería afectado por la paralización que se acordó, según admiten fuentes del PP. Sin embargo, en plenas negociaciones de investidura, el partido está abierto a un posible cambio de postura.

El futuro de la LOMCE es una incógnita. Existe un compromiso de la oposición —firmado— para derogar la ley, aunque cada vez parece ser más débil. De momento lo que hay son algunas certezas: que el Gobierno, piano piano, ha sacado adelante e implantado su norma contra viento y marea. Y que, pese a toda la oposición que han suscitado, este año habrá reválidas salvo milagro en forma de derogación, que si depende del actual Gobierno parece poco probable.