22/8/2019
Cine

El final de la inocencia

En Cuenta conmigo, que cumple 30 años, Rob Reiner adaptó un relato de Stephen King y logró, contra todo pronóstico, convertir su obra en una de las películas más celebradas de 1986

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El final de la inocencia
Uno de las escenas más famosas del filme de Reiner. columbia pictures

Tenía 12 años, estaba a punto de cumplir los 13, cuando vi por primera vez un ser humano muerto”. Es probable que no exista una película sobre la adolescencia con un arranque tan perfecto como el de Cuenta conmigo, el clásico de Rob Reiner que adaptaba el cuento de Stephen King El cuerpo (1982). Apenas tres frases, narradas en voz en off,  que tienen un poder poder de evocación enorme, incluso hoy, cuando se cumplen 30 años del estreno del filme. Quizá porque “las cosas más importantes son las que más cuestan decir”, tal y como señala King justamente en los primeros compases de El cuerpo, Reiner optó por que la versión cinematográfica de esa obrita comenzara explicándolo casi todo, y en esas tres frases, punteadas sobre la imagen de un Richard Dreyfuss absorto y melancólico en el interior de su coche bajo una puesta de sol estival, colisionan los dos grandes temas de la película: el final de la inocencia y la visión de la muerte, el salto a la madurez a través del encuentro con lo único que podemos esperar de la vida.

Los cuatro protagonistas de ‘Cuenta conmigo’. columbia pictures

Cuenta conmigo es la historia de Gordie LaChance (Wil Wheaton) y sus amigos Chris Chambers (River Phoenix), Vern Tessio (Jerry O’Connell) y Teddy Duchamp (Corey Feldman), cuatro chavales de Castle Rock, un pequeño pueblo de Oregon, que hacia el final del verano previo a que comiencen el instituto se embarcan en una aventura de dos días para rescatar el cuerpo de un joven muerto. Es 1959, en la radio suenan Jerry Lee Lewis y Buddy Holly, y los chicos mayores llevan tupé, se marcan los brazos con tatuajes pandilleros y juegan a béisbol-postal sacudiendo con su bate los buzones del vecindario mientras ruge el acelerador de su descapotable. No parece el argumento más idóneo para la habitual película que revienta la taquilla cada verano, pero Cuenta conmigo, que costó la modesta cifra de 8 millones de dólares, logró acumular casi 53 millones en todo el mundo desde que se estrenó el 8 de agosto de 1986. Llegó a ser nominada a los Oscar de la Academia en la categoría de mejor guion adaptado. Ray Gideon y Bruce Evans, los guionistas, explicaban en una pieza de The New York Times de ese año que Reiner les advirtió: “Es imposible que esta película consiga recaudar mucho dinero, porque quienes fueron a ver Rambo no irán al cine a ver nuestro filme”. Hace apenas un lustro, con motivo del 25 aniversario de la película, Reiner recordaba los problemas con los que arrancó la producción: “No sabíamos si iba a tener éxito. Recuerdo que dos días antes de comenzar a rodar, nos quedamos sin financiación y Norman Lear apareció en el último momento y dijo: ‘Yo financiaré la película’. Ni siquiera sabíamos si íbamos a poder distribuirla. Comenzamos simplemente empezando a filmar”. ¿Cómo consiguieron, así, sacar adelante la producción y que la historia de estos cuatro chicos en busca de un cadáver se convirtiera en el verano de 1986 en una de las cintas del año?

Los años de la nostalgia

La crítica coincide en reconocer que la nostalgia es el único alimento de muchas de las producciones que se realizan en la actualidad, pero lo cierto es que entre la década de los 70 y de los 80 unos cuantos realizadores estadounidenses sacaron rédito económico o lograron el beneplácito de la prensa especializada mirando hacia atrás en el tiempo. Desde que American Graffiti, de George Lucas, se estrenara en 1973, aparecieron otras tantas cintas que hacían de los recuerdos de la adolescencia durante los 50 y los 60 su material narrativo: Desmadre a la americana (John Landis, 1978), Reencuentro (Lawrence Kasdan, 1983), Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985), Peggy Sue se casó (Francis Ford Coppola, 1986) o Cuenta conmigo son retratos, algunos melodramáticos, otros cómicos, que buscan en el pasado las risas, juergas o primeros enamoramientos que se desvanecieron cuando cayó el velo y la realidad hizo acto de presencia. Todas esas películas no se pueden entender sin pensar en la guerra de Vietnam. Pero tampoco sin tener en cuenta que la era Reagan había llegado para quedarse, y con esta, todo un arsenal de cintas musculadas o armamentísticas que exhibían el poder de la primera potencia mundial en los estertores de la guerra fría. En 1986, por ejemplo, la película más taquillera en Estados Unidos fue Top Gun, de Tony Scott y con Tom Cruise. 

Castle Rock es un universo idílico encapsulado que solo hacerse mayor puede destruir

Puede parecer presuntuoso afirmar que esa serie de trabajos apareció como reacción nostálgica frente a una industria cada vez más interesada en los relatos acelerados, impactantes y en ocasiones probélicos, pero todos esos filmes guardan relación al menos en su voluntad de intentar congelar un tiempo en el que el mundo guardaba una cierta apariencia de felicidad. Para los personajes del Castle Rock de Cuenta conmigo no existe nada más allá de su mundo (los disturbios raciales, el macartismo, o la amenaza de la bomba nuclear que caracterizaron la década de los 50 en Estados Unidos quedan en un absoluto fuera de campo), su día a día tiene el ritmo del chasquido de dedos con el que los chavales acompañan canciones como “Lollipop”, de The Chordettes, o “Yakety Yak”, de The Coasters. El hastío veraniego solo es interrumpido cuando descubren que el cuerpo muerto de un joven al que conocen está abandonado en las inmediaciones del pueblo. Un universo idílico encapsulado que solo puede destruir el hacerse mayor.

Amigos sin barreras sociales

No hay un filme que enseñe de manera tan vívida cómo era la amistad a esa edad en esa época concreta

“Nunca he vuelto a tener amigos como los que tuve cuando tenía 12 años. Dios mío, ¿los tiene alguien?”, escribe el personaje de Dreyfuss como corolario de la historia de su adolescencia que cuenta la película. Tal vez tampoco exista un largometraje que enseñe de manera tan vívida cómo podría ser la amistad entre chicos de esa edad en esa época concreta. El secreto de la buena química entre los cuatro chavales protagonistas, escogidos de entre 300 candidatos, está en el buen ojo de Reiner. A excepción de Jerry O’Connell, el resto no eran novatos, aunque para River Phoenix Cuenta conmigo fue su debut en el cine. Sea como fuere, para preparar esa camaradería tan excepcional que se ve en la pantalla, el cineasta citó a los chicos en junio de 1985 para comenzar a trabajar. Su método, bastante heterodoxo, consistía en pasarse todo el día jugando. No solo con los chicos, sino que en esos juegos, basados en las propuestas de aprendizaje de la educadora artística Viola Spolin, también participaban los guionistas y otros miembros del equipo. Hasta la segunda semana de la producción no comenzaron a leer el guion.

Pero más que la historia de los amigos de Gordie LaChance, Cuenta conmigo es la historia de su amistad antes de que las diferencias sociales y de clase se impongan entre el protagonista y sus compañeros. “¿Por qué no tienes amigos como los de Denny?”, le espeta en un momento de la película el padre de Gordie a su hijo. “No son malos chicos”, responde, a lo que el padre, con un claro aire de superioridad moral, responde malhumorado: “Claro que no, un ladrón y dos idiotas”. Las conversaciones que tienen Gordie y compañía giran alrededor de chorradas de una genialidad absoluta, como el estatus ontológico de Goofy, ese personaje del bestiario de Disney que nadie sabe muy bien qué animal representa, pero también se detienen en los escollos que Chris, por ejemplo, tiene que superar para quitarse de encima el estigma de chico conflictivo solo porque proviene de un entorno familiar tambiénnconflictivo. Si Chris responde al estereotipo del joven delincuente, Vern sería el chico gordito y con poca autoestima y Teddy el chaval algo loco, los tres hijos de clases desfavorecidas a los que el porvenir parece no ofrecer un esperanzador horizonte, tal y como Gordie, el introspectivo narrador, explica cuando en la película los chicos se separan después de su aventura estival. Aunque el protagonista cree de manera muy cándida que nada cambiará cuando él y sus amigos pisen las aulas del instituto con el nuevo curso y sus diferentes intereses y distintos estatus sociales comiencen a hacerse notar, se intuye que las reflexiones resignadas y algo nihilistas de Chris, consciente de su posición de clase, se acercan más a la realidad.

Hijos y padres

Rob Reiner y River Phoenix en el rodaje de la película. columbia pictures

A Rob Reiner se le considera uno de los cineastas más carismáticos de los que hubo, y no fueron pocos, en el cine estadounidense de la década de los 80, ya que suyas son comedias tan canónicas como This is Spinal Tap (1984), La princesa prometida (1987) o Cuando Harry encontró a Sally (1989), pero siempre que se le pregunta por Cuenta conmigo el director no tarda en responder que probablemente sea la película más importante que jamás ha realizado. “En 1959 —contaba Reiner con motivo del 25 aniversario de la cinta— yo era un chaval de 12 años. Sé lo que es ser un chico depresivo que no se siente bien consigo mismo, preocupado por si su padre no le quiere y tratando de impresionarle en todo momento.” Hijo del actor, director y productor Carl Reiner, Rob vio en la historia de Stephen King el vehículo para enfrentarse a sus propios fantasmas y liberarse asimismo de la sombra de la autoridad paterna. No es difícil darse cuenta de que los cuatro chicos de Cuenta conmigo, tal y como observó Reiner cuando leyó la historia de King, tienen una relación tirante con sus progenitores, ya sea porque los padres los maltratan, como en el caso de Chris y Teddy, o simplemente los menosprecian, como sucede con Gordie o Vern. “Todas las películas de Rob de alguna manera reflejan los estados vitales por los que estaba pasando entonces”, explicaba en una entrevista Bruce Evans, el coguionista junto a Ray Guideon de Cuenta conmigo. “Juegos de amor en la universidad hablaba de ligar, Cuenta conmigo de aceptar a su padre, y cuando el personaje de Billy Crystal de Cuando Harry encontró a Sally se casó, Rob contrajo matrimonio”.

Pero con la producción de Cuenta conmigo Reiner no solo tenía que rendir cuentas consigo mismo a propósito de sus conflictos familiares, sino que debía responder también ante el padre verdadero de la historia, Stephen King, para quien ese relato también significaba mucho a nivel personal. Aunque la película es bastante fiel a lo que cuenta el libro y a su estructura, Reiner realizó unos cuantos cambios, especialmente en los personajes de Gordie y de Chris. El cineasta recuerda que cuando King acabó de ver por primera vez la versión definitiva del largometraje, se marchó durante unos minutos de la sala de cine y al regresar para darle su opinión le dijo que era la mejor adaptación cinematográfica de cualquiera de sus historias. “Tampoco es que sea decir mucho”, remató el escritor jocoso, según explica Reiner. Cuenta conmigo es la adaptación preferida del escritor, a quien muchos de los cambios propuestos en la película le parecieron fabulosos. Así lo rememora el director: “‘Cuando Gordie empuña el arma hacia Ace [Kiefer Sutherland], en ese justo momento pensé: ¡Dios, ojalá se me hubiera ocurrido a mí!’, me dijo King. En el libro es Chris quien coge el arma en vez de Gordie, quien en la obra original desempeña un papel de observador, que narra a posteriori lo que está sucediendo. En la película Gordie coge el arma y finaliza su trayecto de iniciación. A King eso le gustó, y que le gustara me hizo sentir bien”.

Cuenta conmigo
Cuenta conmigo
Dirigida por Rob Reiner
Basada en un relato de Stephen King
Guion de Bruce A. Evans y Raynold Gideon
Estreno en 1986