15/10/2019
Televisión

El Intermedio o el precio de contar verdades

Secretos, confesiones y análisis en torno al programa que presenta El Gran Wyoming y que, cerca de su décimo cumpleaños, se ha convertido en el de más éxito de La Sexta

Juan Luis Gallego - 11/03/2016 - Número 25
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El Intermedio o el precio de contar verdades
El Gran Wyoming
Cuenta El Gran Wyoming que hace unos años recibía unas 15 invitaciones al mes para bolos, para promocionar un producto, amenizar una convención o apadrinar una inauguración, por ejemplo. Aceptaba dos o tres, “muy bien pagadas”, y, cuando era posible, elegía las que le llevaban al extranjero, con todos los agasajos que suelen conllevar. Hace cinco o seis años las ofertas se habían reducido drásticamente, a la tercera parte. Desde hace un par de años, no recibe ni una.

Estamos en Globomedia, la productora responsable de El Intermedio, en cuyas instalaciones se preparan y graban todos los programas. Tras celebrar las 1.500 emisiones hace unas semanas, ahora se encamina a su décimo cumpleaños, los mismos que La Sexta —ambos celebrarán el aniversario en la primera semana de abril—. El Intermedio es, de hecho, el único programa de entre los que empezó con la cadena que aún continúa. La visita de AHORA se produce el 1 de marzo, el mismo día en que el secretario general del PSOE Pedro Sánchez se enfrenta a su primer intento de ser investido presidente.

“Un gobierno de izquierdas entre PSOE, Podemos, Compromís e IU sería una bendición para este país”, dice José Luis Monzón (Madrid, 1955), conocido como El Gran Wyoming, Chechu aquí, entre bambalinas. Asegura que hace años, aproximadamente cuando tenía 45, decidió empezar por fin a decir lo que de verdad quería. Aunque no siempre fuera lo más cómodo. De ahí la reflexión que encabeza este artículo, la de los bolos perdidos, para contestar a quienes tratan de deslegitimar su posicionamiento ideológico por ser rico; esa crítica recurrente de qué fácil es ser de izquierdas y estar al lado de los débiles mientras acumulas millones.

“No soy de izquierdas, nunca he militado en ningún partido. Digo la verdad. Eso dicen que es ser de izquierdas…, pues cojonudo. Bueno, yo ya sospechaba que la honestidad estaba más a la izquierda que a la derecha —explica Wyoming con ironía—. Pero yo era ya así antes de tener dinero. Si hubiera sido facha de joven, como la inmensa mayoría de mis compañeros, mis 10 pisos serían 100. A mí este discurso me perjudica. Te aseguro que me dan mucha envidia mis amigos de derechas, que esos sí que no tienen ningún problema.”

Solo un presentador

Lo que piensa Wyoming no tiene por qué ser lo que dice en El Intermedio. O sí. Pero ni una sola coma de lo que dice en El Intermedio la ha escrito él, ni siquiera sus reflexiones en el pico de la mesa. Mientras hablamos, casi a las 20:00, ha recibido el guion. Lo leerá en el camerino, lo releerá luego en el plató en un ensayo previo con su copresentadora, Sandra Sabatés, un par de guionistas y el realizador, y lo repetirá en directo, a partir de las 21:30 de la noche. Sin añadir ni quitar ni una palabra. “Cero. Yo soy solo el presentador”.

“No soy de izquierdas, nunca he militado en ningún partido. Digo la verdad”, afirma El Gran Wyoming

Ese guion, unas 40 páginas, es el fruto de un día de trabajo de un amplio equipo de redactores, responsables de la parte seria del programa, y guionistas, encargados de aderezarla con chistes. No es extraño oírles probar sus bromas en voz alta con el tono de Wyoming. Hasta eso, hasta la teatralización de los chistes, viene pautada en el guion. Una primera reunión, sobre las 10:30 de la mañana, presidida por el director del programa, Miguel Sánchez Romero, Mikol para su equipo, y la subdirectora del programa, Carmen Aguilera, ha servido para decidir los temas a tratar. En este caso, la sesión de investidura, por supuesto, nuevas noticias sobre los casos de abusos sexuales en el seno de la Iglesia, la crisis de los refugiados y, a propósito de la oscarizada Spotlight, el periodismo de investigación. A partir de esa primera reunión, el director asigna un redactor y dos guionistas a cada tema, que trabajan durante todo el día hasta que su texto es revisado por Mikol y Carmen, que piden las correcciones oportunas. Hoy, sobre las 18:30 de la tarde, más o menos ya ha sido elaborado el 60% del guion. Un 10% de la parte de redacción necesita cambios. Entre los chistes, más sujetos a la subjetividad, las correcciones ordenadas afectan al 25%.

Llama la atención la sintonía ideológica de los que hacen el programa, esa especie de todos a una que hace a cada uno y a ninguno responsables del mensaje final. “El programa se parece bastante a lo que pienso yo de algunos temas y a lo que piensa gran parte de la gente que trabaja aquí, o por lo menos de los que se sientan a escribir —explica Miguel Sánchez—. No refleja en su integridad mi ideología, ni la de Wyoming, ni la del guionista que escribe, pero hay una especie de consenso que hace que el producto final tenga parte de todos.”

También de Sandra Sabatés, una periodista que hasta diciembre de 2011 hacía deportes y que días después se convirtió en presentadora de uno de los programas más críticos con el Gobierno de Rajoy, que justo entonces echaba a andar. Probablemente, ese perfil, el de periodista de izquierdas que atiza un día sí y otro también al PP, la persiga gran parte de su carrera. “No me asusta —dice—. Primero, porque me gusta mucho el trabajo que estoy haciendo. Segundo, porque lo que digo, más allá de que haya un guion detrás, es algo que comparto totalmente. Sería un problema si lo que estoy contando no se adecuara a lo que pienso, pero como también es la forma en que veo las cosas, no hay conflicto. Pero sí, es evidente que esto marca, te define, aunque no le veo el problema siempre y cuando estés de acuerdo con lo que estás contando.”

En total, unas 90 personas hacen posible el programa: además de los redactores y guionistas, el equipo de producción, infografistas, cámaras, realizadores, encargados de sonido… Y también Alberto González, el responsable del montaje de los vídeos. Elabora unos seis o siete al día, entre los que el director elige los que se van a emitir. En los 10 años de emisión, junto con un compañero que ahora prueba suerte en otro programa, habrá montado unos 8.000. No hay trucos, solo horas de visionado, imaginación y una “videoteca mental” que se amplía cada día.

Respaldado por la audiencia

El Intermedio nació con La Sexta y para La Sexta —Globomedia era uno de los principales propietarios de la cadena en ese momento— y es, probablemente, el que mejor simboliza sus señas de identidad. Pero dado su éxito, muchas otras cadenas soñarían con tener El Intermedio en su parrilla. Si la audiencia media de la cadena es de 7,4% (dato de 2015), la de El Intermedio se sitúa todos los días entre el 12 y el 13%, un porcentaje nada fácil de alcanzar en una franja horaria en la que hay 20 millones de personas sentadas ante el televisor y triunfan los programas que, como El Hormiguero, pueden reunir ante la pantalla a familias enteras, desde niños a abuelos.  Obviamente, El Intermedio no es uno de ellos, pero aun así consigue convertirse todos los días —de lunes a jueves; los viernes y fines de semana no se emite— el programa más visto de La Sexta y el único de la cadena que suele figurar entre los con más espectadores, en conjunto, del día.

Quizás deba parte de su éxito a que para muchos telespectadores parece haberse convertido en el informativo de cabecera, el único que ven. No era lo previsto cuando nació: un programa de humor, creado ad hoc para Wyoming, de algo más de dos horas y para emitir una vez a la semana. Ese fue el encargo que recibió Miguel Sánchez, quien, al igual que el presentador, está desde el principio. Emitió su primer programa el 30 de marzo de 2006, con apenas unas pocas decenas de miles de espectadores. La frase que lo encabeza, “Ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad”, creada por el director, sobrevive desde entonces. A los tres meses, sus responsables decidieron convertirlo en diario, con una duración de 22 minutos, con el mismo espíritu de entretenimiento y con la misión de apuntalar la línea ideológica de la cadena. Ahora dura 50 minutos, con un contenido muy diferente al de sus inicios que, en realidad, nadie ha decidido expresamente. “Cuando entramos en la crisis resultaba mucho más difícil introducir en el programa contenidos absolutamente frívolos. Había tanto de lo que hablar que el mismo sentir de los ciudadanos, al que no eres ajeno, como periodista o guionista, te pedía hablar de eso”, explica el director.

El crecimiento de audiencia ha sido sostenido desde el inicio, desde el 5,3% de media en 2006, y vertiginoso desde que gobierna el PP. En la temporada 2010-2011 seguía en el 6,1% de media. Rajoy ganó las elecciones en noviembre de 2011 y los recortes, los casos de corrupción, las políticas regresivas y las promesas incumplidas comenzaron a ganar terreno en el programa. “El Intermedio comenzó a cambiar, de ser un programa de entretenimiento a un programa mucho más informativo, coincidiendo con la llegada de Rajoy a La Moncloa —explica Sabatés—. Pero es que realmente nos ha dado para mucho.”

En 2011-2012, la audiencia media fue del 7,7%; del 9,8% la temporada siguiente; del 11,9% la siguiente, y del 12,8% en la temporada 2014-2015. El 25 de mayo de 2015 logró su último récord de audiencia, con 3.291.000 espectadores y un 17,4% de cuota de pantalla, el día después de las elecciones municipales y con la visita de la entonces candidata a la Alcaldía de Madrid, Manuela Carmena. Al día siguiente logró otro récord de share, con un 17,6%.

Eso sí, sin renunciar nunca al humor. “Para contar determinadas cosas, como son dramas reales, si haces de ello un ensayo profundo, a la gente la machacas, generas depresión. Hay que tomárselo con un poco de humor…, y también para sobrevivir tú”, cuenta Wyoming. Es el único fallo que le ve al programa: que “estás muy intoxicado, todo el día dando noticias, y esto te convierte en un enajenado”. Por eso mantiene su afición a la música y, cada 15 días, da un concierto, “para luchar contra eso que los psicólogos llaman fenómeno de transferencia, los efectos de estar todo el día escuchando miserias”. “El humor facilita la digestión de ciertas noticias —dice Sabatés—. En el programa hemos contado noticias muy duras, pero el humor permite tratarlas sin que sean tan difíciles de digerir. Aunque la noticia sigue siendo igual de dura.”

El lema “Ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad” sobrevive desde la primera emisión

La pregunta es obligada: ¿sobreviviría El Intermedio a un gobierno de izquierdas? ¿Sabría mantener a tanto espectador cuando los sobres con sobresueldos, Gürtel, Púnica, Bárcenas y Rita Barberá pasen a un segundo plano? ¿Con un gobierno que no condecore a vírgenes? “Creo que sí —dice el director—. Ya lo hacíamos cuando estaba Zapatero… Evidentemente, es más difícil para nosotros criticar una ley sobre el matrimonio homosexual que una ley mordaza. Pero con un gobierno de izquierdas tendríamos que mantener nuestra labor de fiscalización. Todos los gobiernos cometen errores y un programa como este vive de esos errores.” Sabatés coincide: “Hay que estar ahí para ver, criticar y analizar lo que pasa, independientemente del gobierno que haya.”

El Gran Wyoming cree que los motivos para criticar continuarán. “Tengo poca fe en el ser humano, quizás por la edad, y creo en su capacidad de delinquir y cometer fechorías.” Está convencido de que, en cuanto a casos de corrupción se refiere, “no estamos viendo ni la punta del iceberg. Nos olvidamos de que esto ha sido una forma de hacer. Un nuevo gobierno no va a cambiar esto, aunque tiene todas las posibilidades de ser infinitamente más honrado que el anterior”.

En paralelo a la audiencia de El Intermedio ha crecido también la proyección de Wyoming como figura pública, como opinador que escribe libros, colabora con artículos en medios de comunicación y concede entrevistas, en estas ocasiones sin guion previo. ¿Obligado por las circunstancias, una cuestión de compromiso? “Sí, para mí es un compromiso devolverle a la gente un poco de lo que me da. La audiencia me ha permitido llevar una vida buena, me ha hecho feliz, me ha realizado, me ha permitido comprar mi tiempo y creo que estoy en deuda.”