10/12/2019
Arte

Exposición: el arte de los mayas

Berlín acoge una muestra sobre la cultura del pueblo precolombino y repasa su relación con el cuerpo, los animales o las divinidades

Francesc Arroyo - 01/07/2016 - Número 40
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Exposición: el arte de los mayas
Lateral de un trono. INAH. Museo de Sitio de Pomoná, Tenosique, Tabasco
Los mayas, el lenguaje de la belleza es el título de la exposición que se puede ver hasta agosto en el Edificio Martin Gropius, en Berlín. Está formada por unas 300 piezas procedentes de México, muchas de las cuales se exponen por primera vez en Europa. La muestra forma parte de un conjunto de actividades organizadas en colaboración por los gobiernos alemán y mexicano y ha contado con el asesoramiento y la participación del Instituto Nacional de Arqueología e Historia de México. Las obras están siempre acompañadas de paneles informativos en alemán e inglés. También se ha editado un catálogo que recoge diversos estudios sobre el periodo que se expone, que va desde el siglo V antes de Cristo hasta la llegada de Colón a aquellas tierras.

Uno de los textos informativos señala que el arte es, con frecuencia, mensajero de la memoria. Pero las piezas que han sobrevivido, en buena parte debido al azar, pierden en el museo su significado original y pasan a ser objetos de observación curiosa o de interpretación historicista. La mayoría de ellas relatan las preocupaciones y formas de vida del hombre de entonces, que guarda no pocas similitudes con el de hoy: desde el interés por la muerte a la voluntad de representar los mecanismos del poder con la voluntad de perpetuarlo.

La muestra incluye elementos de origen arquitectónico, figuras, vasijas, ornamentos, etcétera, que explican tanto la cosmovisión de los pueblos mayas como aspectos de su vida cotidiana, la relación de los hombres entre sí, con los dioses y con la naturaleza, al tiempo que reflejan también la función social del arte, puesto con frecuencia al servicio de los poderosos que lo promueven.

Del cuerpo a la divinidad

Se halla dividida en cuatro partes. En la primera se analiza la visión del cuerpo humano, a menudo convertido en lienzo que se adorna con pinturas efímeras, con tatuajes definitivos o con escarificaciones (cicatrices que modifican el aspecto de la piel de por vida). Elementos todos ellos que buscan transmitir la relación del individuo con el poder social o divino.

Reúne unas 300 piezas procedentes de México, muchas de las cuales se exponen en Europa por primera vez

En la segunda parte, el cuerpo sigue siendo el centro, pero se presta especial atención a los adornos que se le añaden, desde los tocados hasta el vestido, desde los pendientes y colgantes hasta diademas y coronas, una vez más convertidos en símbolos de estatus social y de dominación. Y es que en el pasado una de las más claras funciones del arte era la simbólica. Tanto la arquitectura como los atuendos de los individuos y las identificaciones de los gobernantes con poderes naturales o sobrenaturales eran instrumentos que difundían la base del poder, las formas en que se justificaba y también los peligros que derivaban de su cuestionamiento.

El factor de propaganda del arte es claramente perceptible en la tercera parte de la exposición, destinada a la relación entre el hombre maya y los animales de su entorno, con frecuencia mitificados. Y también en la representación de los símbolos del poder militar, expresado en la representación de diversas figuras de cautivos humillados y sometidos.

Los nobles y los dioses aparecen relacionados con los poderes que se atribuyen a los animales. Incluso, en ocasiones, el nombre con el que se les designa los vincula a ese animal. Así, el jaguar, el felino más temido entre los cazadores, se halla profusamente representado en adornos que portan los gobernantes y en inscripciones de sus nombres que remiten tanto al propio animal como a sus garras, sus zarpas, su piel o a la relación que se le atribuía con el sol, a la vez que con los poderes del submundo. Algunos jaguares muestran posturas humanas, al tiempo que hay dirigentes con actitudes propias del felino.

También figuran los monos, animal asociado a la escritura y a los escribas. Pero la cercanía entre el hombre y el mono hace que este pueda convertirse en objeto ritual de sacrificios, como puede verse en un incensario procedente de Toniná, en cuya parte superior hay un simio estrangulado rodeado de semillas de cacao, una de las plantas más representativas de los mayas, junto al maíz.

Los reptiles, que en algunos de los relatos mayas se hallan vinculados al origen del mundo y al mar primordial, pueden aparecer con sus propios atributos o con los de varios a la vez. Es el caso de la serpiente, animal sagrado, símbolo del poder e insignia de los poderosos cuando aparece en soledad, pero que puede también ser representada con atributos de cocodrilo, a veces con dos cabezas: una alude al mundo celestial y otra al terreno. La serpiente era también un símbolo de la conexión entre el cielo y la tierra y de la fertilidad, tanto humana como agrícola.

La mayoría de ellas relatan las preocupaciones y formas de vida del hombre de entonces

Si la tercera parte ya insinúa la conexión entre el hombre, sobre todo el gobernante, y los poderes cósmicos, la cuarta se concentra en los aspectos de las divinidades mayas. Se recogen aquí diversas máscaras y adornos hechos con piedras verdes como el jade y la crisoprasa. El jade tenía también una función funeraria, se adornaba con una pieza la cabeza de los muertos para propiciar el tránsito del alma por el mundo de los difuntos, que para ellos no tenía en absoluto un carácter tétrico. Al contrario, el jade era también representación del aliento vital.

Los dioses tenían aspectos diferentes y, como los nobles, podían ser representados como jóvenes y como ancianos. En forma simple y naturalista, o provistos de los símbolos de poder. Una de las vasijas encontrada en Mayapán representa a un dios creador cabalgando sobre una tortuga, que evoca la superficie de la tierra, y emergiendo de las fauces de un cocodrilo. Otra, expuesta a su lado, representa al dios que controla la lluvia, de ahí que tenga un rayo en la mano.

El submundo, al que los mayas creían poder acceder a través de grutas, era un lugar húmedo y laberíntico, habitado por los muertos, pero no un espacio y un tiempo de castigo, porque un día volverían a la vida.

Las figuras, vasijas, estelas y otras piezas de carácter funerario tenían carácter sagrado, de forma que si se rompían no eran desechadas sino enterradas ceremonialmente. Quizás por eso se han conservado algunas piezas de enorme complejidad artesanal, a pesar de que la arcilla con la que fueron elaboradas, no siempre cocida, es un material perecedero.

El edificio

Posdata: el visitante que acuda al Edificio Martin Gropius quizás espere una construcción vinculada a la Bauhaus. En absoluto: fue construido en 1881 por Martin Gropius, tío de Walter Gropius, este sí vinculado al importante movimiento arquitectónico y de diseño alemán. Sufrió serios daños durante los bombardeos de 1945 y fue restaurado en la década de los 60, primero, y más tarde en 1998 y 1999. La construcción, destinada a museo desde el primer momento, imita el estilo renacentista y merece, por sí misma, una visita.

Die Maya
Die Maya
Sprache der Schönheit
Hasta el 7 de agosto en el Edificio Martin Gropius de Berlín