26/6/2019
Música

Fado. Un estado del alma

Jóvenes talentos, letras reivindicativas e influencias de las excolonias dan nueva vida al estandarte de la música portuguesa

Fado. Un estado del alma
Ana Moura. ISABEL PINTO / CC

Ana Moura es una de las grandes estrellas internacionales del fado, el género más emblemático de la música portuguesa. Vende miles de discos por todo el mundo, triunfa en grandes giras internacionales y ha cantado junto a Mick Jagger y Prince. Hoy en día se siente orgullosa al definirse como fadista, pero cuando comenzó a cantar este tipo de música hace 15 años lo hizo aterrorizada.

“Hasta hace poco, el fado estaba mal visto”, explica Moura. “Era algo casposo, había dejado de ser popular. Mi agente me dijo que me quedara con la música contemporánea: el fado había muerto y cantarlo era muy arriesgado.”

“El fado no había muerto, estaba a la  espera de que alguien lo recuperase”, afirma Ana Moura

El riesgo, sin embargo, tuvo una enorme recompensa. De los bares de la playa de Carcavelos, donde por primera vez entonó esa música del pasado, Moura pasó a las históricas tascas de Lisboa, donde perfeccionó su estilo, y luego a los grandes teatros lusos. “El fado no había muerto, simplemente estaba a la  espera de que alguien lo recuperase. La gente había olvidado su intensidad, su pasión y su lado más alegre.”

Moura es la máxima representante de una nueva generación de fado que ha conseguido el renacimiento del género. Junto a cantantes como Mariza, Camané, Katia Guerreiro y António Zambujo, la cantante impulsa una nueva interpretación del género que combina elementos de la música de las excolonias portuguesas —como puede ser la samba brasilera o la kizomba angoleña— con letras mucho más reivindicativas y relevantes para el público moderno.

Las tres efes

“Se está viviendo una revolución del fado”, opina Alexandra Carita, periodista del diario Expresso y autora del libro Nossos Fados (Alêtheia Editores, 2006). “Durante los años 80 y 90 el fado se asociaba con la dictadura salazarista, que se apoyaba sobre las tres efes: el fútbol, la virgen de Fátima y el fado. Después de la Revolución de los Claveles se rechazó lo tradicional y los portugueses se rindieron a la música extranjera, el punk, el rock.”

Según Carita, todo empezó a cambiar hace 10 años, cuando aparecieron fadistas jóvenes sin miedo a experimentar con el género.  “Ahora colaboran con rockeros, cantan versiones de música pop y fundamentalmente hablan sobre la vida moderna.”

“Antes se cantaba casi exclusivamente sobre el amor prohibido, el dolor y el mar. ¡Había muchas canciones sobre amantes marineros que se marchaban!”, dice, riendo, la periodista. “Esta nueva generación recupera canciones de antaño, pero también colabora con letristas brillantes que hacen crítica social. También hablan sobre el día a día, los turistas, la crisis, el tráfico, los políticos… Nos vemos reflejados en sus palabras.”

Sin embargo, Carita insiste en que no se puede hablar de un novo fado, sino de una evolución en el gran contexto del género. “Es un paso más para un estilo musical que lleva cambiando constantemente desde su concepción en el siglo XIX.”

Raquel Távares, una de las fadistas más prometedoras de esta nueva generación, coincide con el análisis de Carita. “El fado no ha cambiado, ha cambiado el mundo que refleja”, afirma.

“Es como el flamenco, es música del pueblo. Lo puedes cantar de manera más tradicional, solo con la guitarra portuguesa y sin batería, o lo puedes cantar con elementos eléctricos y con influencias de la world music, pero no supone un nuevo género, sino una nueva evolución en este proceso.”

No es ese estereotipo

“Los jóvenes se identifican con estas nuevas mezclas internacionales, ven que el fado no es ese estereotipo de la señora triste que te llora encima en una tasquinha. Es una música intensa, tanto trágica como enormemente feliz, que se puede bailar. Sienten la potencia de las emociones y se rinden ante ello.”

La rendición que menciona Távares era evidente en la más reciente edición del NOS Alive, el festival de música pop y rock más importante de Portugal, que por primera vez contó con un escenario exclusivamente dedicado al fado. La apuesta era audaz, algo así como poner un escenario dedicado al flamenco en el BBK o el Sonorama, pero el éxito fue rotundo. Miles de hípsteres y rockeros que fueron a ver a grupos como Arcade Fire y Radiohead se quedaron hipnotizados ante la energía de Távares, que invoca el ambiente de los carnavales brasileños en sus actuaciones, y la intensidad de Marcos Rodrigues, que parece un cantante indie cuando entona sus lamentaciones acústicas.

Para el productor Álvaro Covões, organizador del NOS Alive y los festivales de fado de Madrid y Sevilla, incorporar este género era algo obvio. “El festival más importante de Portugal tiene que incluir la música que define a este pueblo. Mucha gente piensa que no les gusta el fado porque no lo conoce, pero al final es como la ópera: una vez que vas, te enamoras.”

Miembro de la familia propietaria del histórico Coliseo de Lisboa, de joven Covões trabajó con la mítica fadista Amália Rodrigues. Y considera que la nueva generación de cantantes sigue sus pasos.

“Ella también fue revolucionaria, incorporó las letras de los grandes poetas portugueses a su música, transformó lo popular en erudita… Se dijo que lo suyo no era fado, pero hoy la consideramos la definición del género. La nueva generación es igual de valiente, da un poco de rock and roll, jazz y samba al fado.”

“Esta renovación ha cuajado en Portugal, y tiene cada vez más apego internacional. El fado es como una conversación con amigos en la que abres el corazón y cuentas tanto lo alegre como lo triste. El fado es un estado del alma, y por muy luso que sea, también es universal”.