25/4/2017
Análisis

Incertidumbre política y crecimiento económico

Que hoy no se vea un impacto directo en los principales indicadores no quiere decir que la inacción prolongada no vaya a tener consecuencias

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La crisis económica internacional desencadenada en 2008 ha tenido un impacto asimétrico en el crecimiento de los países del área euro. Esto, lo sabemos, está relacionado con la arquitectura institucional de la moneda única y con sus problemas de gobernanza, pero también tiene mucho que ver con aspectos idiosincráticos de cada economía.

Actualmente el área euro en su conjunto crece a un ritmo del 2% anualiLa evolución del precio del crudo en 2015 y 2016 podría haber aportado unas seis décimas al crecimiento del PIBzado, con Alemania haciéndolo al 2,1%, Francia al 1,5% e Italia al 0,9% aproximadamente. Llama la atención que la cuarta economía del área euro, la española, encadene varios trimestres consecutivos creciendo por encima del 3% interanual. Creció el 3,2% en 2015 y, de acuerdo con el consenso de los analistas, lo hará a una tasa similar en 2016. Incluso en 2017, año en el que presumiblemente sufrirá una severa desaceleración, las previsiones apuntan a que la economía española no tendrá especiales dificultades para crecer por encima del 2%.

La evolución del precio del crudo en 2015 y 2016 podría haber aportado unas seis décimas al crecimiento del PIB

El caso español es atípico, además, porque la fuerte expansión de la economía ha coincidido en buena medida con el periodo de mayor incertidumbre política de las últimas décadas. No hablamos solamente de la prolongada interinidad del poder ejecutivo, con un Gobierno en funciones que no parece tener los apoyos suficientes para sacar adelante los Presupuestos Generales del próximo año. Se trata también de un poder legislativo habituado a funcionar con principios bipartidistas que, hasta el momento, no ha mostrado saber conducirse en el nuevo arco parlamentario. A esto se une la debilidad de algunos gobiernos autonómicos, cimentados en acuerdos cuya estabilidad suscita dudas. Y sigue creciendo la tensión en Cataluña, sin que se perciba una solución sencilla en el horizonte.

Es natural preguntarse por qué crece tanto la economía española en estas circunstancias. Y es necesario desmontar la boutade que sugiere que se funciona mejor sin Gobierno que con él. Como se ha comentado anteriormente en este mismo periódico, no existe un vínculo de causalidad directa entre el ciclo económico, el calendario electoral y el color del partido político gobernante en cada momento.

Factores sobrevenidos

Una serie de factores bien identificados explica el excepcional desempeño de la economía española. En primer lugar, la crisis de 2008 afectó más profundamente a España que al resto de grandes economías de nuestro entorno. No solo por el impacto en el sector de la construcción y sus importantes efectos de arrastre, sino también por las discutibles decisiones de política económica que provocaron una segunda recesión en 2010. El mayor impacto de esta recaída en la economía española se tradujo posteriormente en un mayor efecto rebote (recuperación hacia niveles normales de actividad).

En segundo lugar, España es altamente dependiente del petróleo y otras materias primas de importación. Al ser esta dependencia mayor que en otras economías, la caída del precio del Brent ha tenido un mayor impacto en el crecimiento de la economía española. Se estima que la evolución del precio del petróleo en 2015 y 2016 podría haber aportado unas seis décimas al crecimiento del PIB este año. A mes de julio, el menor precio del petróleo con respecto a 2015 habría supuesto un ahorro de la factura energética de unos 9.000 millones de euros.

En tercer lugar, la moderación salarial ha permitido una fuerte devaluación interna que ha generado ganancias de competitividad a las empresas españolas en el entorno internacional. Prueba de ello son los excelentes registros de exportaciones de bienes y servicios, especialmente en actividades no relacionadas con el turismo, que han sido fundamentales para que la economía española presente en la actualidad una capacidad de financiación frente al resto del mundo en el entorno del 2,5% del PIB (llegó a situarse en el -10% del PIB aproximadamente).

Los buenos resultados del sector turístico aparecen ligados a un trasvase de demanda desde Francia y Turquía

En cuarto lugar, la política expansiva llevada a cabo por el Banco Central Europeo en los últimos años ha tenido su traducción en una reducción de los tipos de interés, con un efecto benéfico sobre las economías más endeudadas. El resultado ha sido una notable reducción de los niveles de endeudamiento de las empresas y las familias españolas. Esto ha calmado a los mercados, que han estado más pendientes de Draghi y de la confianza generada por las actuaciones del BCE que de Rajoy y de la situación política española.

Además, la moneda única se ha depreciado, abaratando nuestras exportaciones a países no pertenecientes al área euro. Esta depreciación debería haber encarecido el precio de nuestras importaciones de petróleo. Sin embargo, el impacto positivo de la reducción del precio del Brent expresado en dólares ha sido mayor que el encarecimiento asociado a la depreciación del euro. La combinación ha sido perfecta.

Un quinto factor, especialmente relevante durante el año en curso, atañe al incremento de los riesgos geopolíticos en la cuenca mediterránea. Los buenos resultados del sector turístico, que ha vivido una campaña de verano excepcional, aparecen ligados a un trasvase de demanda proveniente de Turquía, Francia y, en menor medida, Egipto y Túnez.

Por último, la rebaja fiscal de 2015, inoportuna a todos los efectos, supuso un estímulo al crecimiento de unos 5.000 millones de euros. Su impacto sigue mermando la recaudación tributaria, que actualmente evoluciona por debajo de lo presupuestado.

Ninguno de estos factores, salvo la rebaja fiscal, es consecuencia de decisiones de política económica doméstica. La mayoría, sencillamente, han sobrevenido y otros son el efecto de una gobernanza supranacional que, no exenta de crítica y con limitaciones evidentes, se ha mostrado más efectiva de lo que comúnmente se afirma. Las instituciones demuestran tener cierta fortaleza, a pesar de todo. Esta es la razón principal por la que el clima de incertidumbre política de los últimos meses no parece haber tenido un impacto relevante en el cuadro macro de la economía española.

Dicho esto, haríamos mal en concluir que la inexistencia de un Gobierno plenamente operativo no pasa factura a la economía española. Hemos perdido el tren del ajuste fiscal, como prueba el hecho de que Bruselas nos ha concedido dos años de prórroga y una relajación del objetivo de déficit para este año desde el 2,8% del PIB hasta el 4,6%. Y estamos perdiendo también un tiempo precioso para afrontar reformas que ya merecían mejor lugar en la agenda política de la anterior legislatura, de mayoría absoluta y luces cortas (sistema fiscal, calidad del empleo, financiación de la Seguridad Social, I+D+i, educación, administraciones públicas, medioambiente). Son estas reformas las que permitirán a la economía española crear músculo y hacerse menos vulnerable a los vaivenes caprichosos de la coyuntura. Que hoy no veamos un impacto directo en los principales indicadores económicos no quiere decir que la inacción prolongada no vaya a tener consecuencias a medio y largo plazo.