16/6/2019
Internacional

Juegos de guerra ahogan la paz en Ucrania

Este ha sido el mes más agitado en Crimea desde la anexión rusa de 2014: Moscú acusa a Kiev de terrorismo y Ucrania teme una invasión

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Juegos de guerra ahogan la paz en Ucrania
Los niños juegan delante de los tanques en Kiev, durante un ensayo del desfile militar para conmemorar la independencia de Ucrania, el 24 de agosto. SERGEI SUPINSKY / AFP / Getty

La frontera entre Rusia y Ucrania siempre fue porosa. En las comarcas de Donetsk y Lugansk estaban muy en contacto con los rusos de la vecina zona de Rostov: noviazgos, negocios y muchas veces pecados menores como contrabando de gasolina hacían olvidar esa línea escarpada y caprichosa en el mapa. Hoy la situación es distinta. Restos de tanques, con sus hierros retorcidos desgastados por el sol, dan testimonio de una hermandad rota por la geopolítica. Los rescoldos de la guerra de Ucrania todavía abrasan, matan y no dejan despegar al país. Cada paso fronterizo es la “maldita frontera”: por ahí los separatistas reciben ayuda cada vez que Kiev tantea la posibilidad de recuperar terreno.

El pulso no tiene fin, pero hacía tiempo que no implicaba tanto riesgo para una paz sostenida con alfileres. En julio hubo una escalada de muertes en el frente de Donbás y agosto ha sido el mes más agitado en Crimea desde la anexión rusa de 2014. Moscú acusa a Kiev de terrorismo y los ucranianos temen una invasión.

El diálogo está en vía muerta. Los acuerdos de Minsk estipulan una lista de medidas para frenar la sangría en Donbás. Además del alto el fuego y la retirada de armas pesadas, contemplan un diálogo directo entre Kiev y los separatistas de Donetsk y Lugansk y elecciones locales en algunos territorios de ambas provincias orientales. Pero Ucrania no ha promulgado las leyes necesarias para cumplir lo acordado. La razón que se alega es que es Moscú quien tiene que mover ficha posibilitando que Ucrania vuelva a tomar el control de su frontera en esa convulsa zona.

Mientras tanto el goteo de muertes sigue. Y en Kiev crece la desconfianza sobre el proceso de paz. “La situación no va a cambiar mientras siga el mismo régimen en el Krem- lin. El objetivo de Putin es mantener a Ucrania desestabilizada”, explica Svitlana Zalishchuk, diputada del Bloque Petro Poroshenko, el partido del presidente, que sostiene al Gobierno. “Antes de hacer elecciones tiene que haber control de las fronteras y retirada de las armas”, insiste Olena Sotnyk, del partido reformista Samopomich, para quien los combatientes de Donetsk son “terroristas” respaldados por el Gobierno ruso. Moscú sostiene que no es parte del conflicto.

Hay nuevas voces que ponen algunos matices en el guion. Sentenciada en Rusia a 22 años de prisión por el asesinato de dos periodistas rusos en Donbás, la militar ucraniana Nadia Savchenko pudo volver este año a Ucrania después de que Vladimir Putin la indultara. Hoy es diputada y quiere reunirse en los dos próximos meses con los líderes de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, Alexander Zajárchenko e Igor Plotnitski, respectivamente. Con la popularidad en alza, defiende una postura firme pero también negociaciones directas con los líderes separatistas, sobre todo en cuanto al canje de prisioneros, que es otra asignatura pendiente. También se han movido algo las cosas en el plano judicial. El Ministerio de Justicia ruso estudia la solicitud de Ucrania de interrogar al expresidente ucraniano, Viktor Yanukovich, por videoconferencia. Pero en Kiev la vieja guardia recuerda que ante una invasión de Rusia solo el acero sirve. “Ucrania necesita más armas de defensa”, defiende Arseny Yatseniuk, primer ministro hasta abril.

Atentados frustrados

Los eventos en Crimea hacen pensar que los cañones todavía tienen más que decir que las mesas de negociación. El Servicio Federal de Seguridad de Rusia asegura haber frustrado las noches del 6 y 7 de agosto dos atentados. Dice que fueron preparados por la Dirección General de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania y que iban dirigidos contra infraestructuras de Crimea. Detuvieron a siete personas y perdieron la vida dos militares rusos.

Moscú cree que Kiev trata de desestabilizar su vieja península aprovechando las elecciones parlamentarias del mes que viene. Durante la crisis, un grupo de oficiales del Estado Mayor Central de la Marina ucraniana se desplazó al centro marítimo especial en Ochavo (un cuartel de las fuerzas de operaciones especiales ucranianas) para apoyar y evacuar a ese supuesto grupo de sabotaje de la Dirección General de Inteligencia del Ministerio de Defensa ucraniano, atrapado en Crimea. Así lo ha dicho una fuente de las fuerzas del orden de Crimea a la agencia rusa RIA Novosti. Para Igor Korótchenko, miembro de un panel de expertos que asesora al Ministerio de Defensa ruso, esto demuestra que se trataba de una operación de sabotaje terrorista planificada en su integridad por los servicios especiales ucranianos, “es decir, por la Dirección General de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania” .

Ucrania niega haber enviado grupos subversivos a la península y el propio presidente, Petro Poroshenko, ha alertado de la posibilidad  de que Ejército ruso invada próximamente más territorios. “Poroshenko sube el tono de su retórica únicamente con fines políticos. Seguramente esté buscando formas de imponer un estado de excepción o una ley marcial, principalmente para superar la resistencia en la Rada y aumentar su propia popularidad, que está en niveles muy bajos”, explica el senador ruso Konstantin Kosachov.

Pero el crecimiento del músculo militar ruso al otro lado de la frontera es innegable. El Distrito Militar Sur, del que forma parte Crimea, cuenta actualmente con cuatro divisiones, nueve brigadas —incluyendo dos equipadas con sistemas de misiles Iskander-M— y 22 regimientos, según el Ministerio ruso de Defensa. Y para completar el blindaje por aire de la península se ha desplegado también en Crimea el sistema de misiles S-400, que incluye un puesto de mando y un total de 16 lanzaderas.

El reforzamiento del grupo militar ruso en Crimea “no está dirigido contra la OTAN”, ha dicho el embajador de Rusia ante la Alianza, Alexandr Grushko. Es verdad que la OTAN sabe perfectamente que siempre ha habido un componente militar ruso en Crimea, tanto marino como terrestre y aéreo. Pero el precedente de la toma de territorios en 2014 hace que se contemplen con preocupación todos los movimientos. Rusia ha colocado miles de tropas al norte de Bryansk y en Rostov, justo al otro lado de la frontera a la altura de Donetsk. Según los servicios de inteligencia ucranianos, los preparativos incluyen el suministro a los rebeldes de armamento antiaéreo como el que se usó para derribar al MH17.

Europa, cansada del conflicto

Los analistas están divididos sobre si Rusia realmente está dispuesta a robar más terreno a los ucranianos

Cuando Putin dijo que las presuntas incursiones ucranianas en Crimea no quedarían sin consecuencias, en Europa cundió la preocupación de veras. Los analistas están divididos sobre si Rusia realmente está dispuesta a robar más terreno a los ucranianos. Pero la sola posibilidad de que pueda hacerlo juega a favor del Kremlin: Ucrania ha puesto a sus tropas en alerta, y un paso en falso de los soldados ucranianos generaría más bajas en un momento en el que Europa está ya cansada de este conflicto y Moscú enfadada porque el atasco de las negociaciones sigue prolongando las sanciones a la economía rusa.

La parálisis parece propicia para que el oso ruso agite el árbol. Ucrania acaba de celebrar su aniversario de independencia. Putin verá a los líderes de Alemania y Francia el 4 de septiembre en el marco del G-20. Entre estas dos fechas cualquier derramamiento de sangre y paso sin retorno pondrá en cuarentena el espíritu y tal vez la letra de los acuerdos de Minsk. Kiev y Moscú, por razones distintas, parecen temerariamente dispuestos a volver a jugar con la paz.

La OTAN suspendió en 2014 toda cooperación civil y militar con Moscú, aunque decidió preservar los canales del diálogo político y la comunicación militar. Pero con el conflicto sirio a Washington se le ha abierto un nuevo frente con Rusia, que este mes ha empezado a usar bases iraníes para sus bombardeos en Siria, aumentando así su protagonismo en un conflicto que dejará escrito el balance de fuerzas en la región para los próximos años.

Moscú tiene su agenda: no dejar caer a Al Asad, sumar apoyos como Irán y reconstruir su pasada influencia

La presencia de los aviones rusos en la base aérea iraní de Hamadán se debe a una petición siria en el marco de la lucha antiterrorista, ha dicho Irán. El Departamento de Estado de EE.UU. cree que esta jugada del Kremlin podría suponer una violación de la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de la ONU, que prohíbe la venta y suministros de aviones a Irán sin la autorización del Consejo. Pero Moscú tiene su propia agenda: no dejar caer a Bashar al Asad, sumar apoyos (tiene a Irán y trata de atraerse a Turquía tras hacer las paces) y cimentar un foco de influencia digno de tiempos pasados, cuando la URSS era el contrapeso de EE.UU. en los cinco continentes.