15/12/2019
Política

Las servidumbres de Podemos con sus socios territoriales

La insistencia en crear cuatro grupos derivaba de sus pactos con catalanes, gallegos y valencianos

AHORA / Jacobo Pedraza - 15/01/2016 - Número 17
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Las servidumbres de Podemos con sus socios territoriales
Alexandra Fernández, Joan Baldoví, Xavier Domènech y Pablo Iglesias. Fernando Alvarado / EFE

Formar grupo parlamentario propio fue una de las promesas que tuvo que hacer Pablo Iglesias para pactar las alianzas territoriales con En Comú Podem, en Cataluña, Compromís-Podemos-És el Moment, en Comunidad Valenciana y En Marea, en Galicia, que tan buen resultado le dieron en las pasadas elecciones generales. El compromiso de Podemos pretendía dar identidad propia a sus socios, con lo que además se podrían multiplicar en el Congreso de los Diputados las voces que comparten su visión y de paso trasladar al hemiciclo su concepción plurinacional de España. Fragmentarse tenía ventajas económicas y técnicas, pero también planteaba retos de liderazgo para Iglesias entre sus propias filas y dudas sobre las diferencias que podrían haberse manifestado por las prioridades de unos y otros. Los otros grupos parlamentarios se han opuesto alegando que ni el Reglamento del Congreso ni sus posibles interpretaciones autorizan esa posibilidad.

Buscaban dar identidad propia a sus socios, pero además les hubiera permitido multiplicar portavoces

Las asignaciones a los grupos parlamentarios están congeladas desde 2010. Con un solo grupo, Podemos obtendrá 28.597,08 euros al mes y otros 1.645,49 por cada uno de sus 69 diputados, en total 142.135,89 euros al mes. Dividido en los cuatro grupos a los que aspiraba, recibiría otros 28.597,08 euros por cada grupo, disparándose su subvención mensual hasta 227.927,13 euros. Serían unos 2.735.000 euros al año, por encima de la cantidad que recibirá el PSOE con 90 escaños y muy cerca de los 2.750.000 euros que obtendrá el PP con 122 asientos, toda vez que el diputado electo por Segovia Pedro Gómez de la Serna ha sido apartado al Grupo Mixto por presunto cobro de comisiones en el extranjero. La mayoría de las fuerzas del arco parlamentario consideraban poco justificable tal aumento en la subvención, pero Podemos insistía en que para su partido el dinero no es lo más importante.

La formación de cuatro grupos ha sido la principal línea roja del partido que lidera Pablo Iglesias en las conversaciones pilotadas por su número tres, Carolina Bescansa, de cara a la constitución de la Mesa del Congreso y al arranque de la actividad parlamentaria. Iglesias quería cumplir con sus aliados, varios de los cuales (Xosé Manuel Beiras, Mònica Oltra, Ada Colau) llegaron al pacto de las candidaturas tras largas negociaciones en las que el compromiso de un grupo propio se consideró esencial. Para materializar esta promesa, Podemos ha estado dispuesto a discutir la reducción de las subvenciones, alegando que lo importante era expresar las distintas sensibilidades de cada candidatura con un portavoz propio en los plenos, la Junta de Portavoces y las comisiones que cada uno considerara importantes.

Esa manifestación de matices entre cada candidatura podía y a lo mejor puede seguir siendo un arma de doble filo para Podemos. Los diputados de otros partidos que confluyen con la formación morada comparten el grueso de su ideología y programa con los de Iglesias, e incluso han firmado códigos éticos análogos al que suscriben los miembros de Podemos, pero no se han comprometido a respetar una disciplina de voto. Iglesias considera que no es necesario, porque dice que las diferencias ideológicas son mínimas, y prefiere apelar al entendimiento y al debate entre compañeros.

Iguales o diferentes

Los diputados de las fuerzas de confluencia con Podemos no ven a Iglesias como el único líder de referencia

Los valencianos de Compromís, con Joan Baldoví a la cabeza (el único diputado veterano que estará con Podemos), coinciden en señalar la similitud, pero dejan claro que si fuesen exactamente iguales no serían dos partidos distintos. Esto sobrepasa los problemas que pueda haber por un plan hidrológico que beneficie a una u otra región: Compromís es a su vez una amalgama de partidos más pequeños entre los que hay independentistas, también presentes en Anova o en Procés Constituent, que van más allá de la defensa del derecho de autodeterminación. Los diputados de las fuerzas en confluencia tampoco ven en Pablo Iglesias el único liderazgo de referencia.

Xavier Domènech, número uno de En Comú Podem, huía el pasado martes en presencia del propio Iglesias de las jerarquías piramidales: “No tenemos problema en reconocer el liderazgo de Pablo [Iglesias], igual que el mío propio u otros en otros ámbitos”, deslizaba en alusión a Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, cuyo futuro político ya había dibujado antes “más allá de Cataluña”. Al nombre de Colau hay que sumar otros de peso en sus respectivos territorios: el histórico líder nacionalista gallego Xosé Manuel Beiras, alcaldes de las mareas de la misma región como Martiño Noriega (Santiago) o Xulio Ferreiro (Coruña), o Mònica Oltra, líder de Compromís y vicepresidenta de la Generalitat Valenciana. Los de Iglesias aseguran no sentirse incómodos compartiendo protagonismo, aunque Podemos rechazó en su génesis como partido un planteamiento de triple secretaría general, defendido por barones como Teresa Rodríguez o Pablo Echenique y derrotado por la posición de Iglesias a favor de un solo líder. Se entiende que mientras los planteamientos de los jefes de los partidos coincidan, todo irá bien.

Autonomía

Podemos no teme dar autonomía a sus “partidos hermanos”. Para que tuvieran grupo propio también estaban dispuestos a aceptar la reducción de los tiempos de intervención en los debates.

Formar varios grupos les hubiera dado libertad para presentar iniciativas parlamentarias o enmiendas sin acordarlas con el resto. Podemos y sus socios tampoco querían renunciar a otros de los beneficios de fragmentarse: el acuerdo entre dos o más grupos tiene capacidad, según el reglamento, para convocar una reunión del Pleno del Congreso, de la Junta de Portavoces, de la Diputación Permanente o de una comisión, para pedir la creación de comisiones no permanentes (incluidas las de investigación) o para imponer el secreto de una votación. Son atribuciones que también tiene quien controla al menos una quinta parte de los escaños, 70, uno más que los que tiene Podemos junto a sus candidaturas territoriales.