15/8/2018
Literatura

Lucia Berlin. Una escritora en los márgenes

Manual para mujeres de la limpieza reúne los relatos de una escritora injustamente olvidada

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La escritora Lucia Berlin (Alaska, 1936 – Marina del Rey, 2004) vivió tantas vidas que no tuvo que recurrir a la ficción para contar historias. Uno de sus hijos llegó a decir que los recuerdos familiares se fueron modelando tanto a lo largo de los años en los relatos de su madre que nunca llegó a saber exactamente qué había ocurrido en realidad: “Mi madre escribía historias verdaderas; no necesariamente autobiográficas, pero por poco”. Lo aclara la cuentista Lydia Davis en el prólogo a  Manual para mujeres de la limpieza  : “Aunque la gente habla como si fuera algo nuevo de esa modalidad literaria que en Francia se denominó ‘autoficción’, la narración de la propia vida, tomada sin modificar apenas la realidad, seleccionada y narrada con criterio y vocación artística, creo que es eso, o una versión de eso, lo que Lucia Berlin ha hecho desde el principio”. A propósito de la parte de verdad en sus relatos, Berlin puso en boca de una de sus narradoras: “Exagero mucho, y a menudo mezclo la realidad con la ficción, pero de hecho nunca miento”. En otro relato dice que la mayoría de los escritores utilizan accesorios y decorados de su propia vida.

Lucia Berlin escribió historias eléctricas, que vibran como unos cables pelados al tocarse. La chispa de su prosa está, según Davis, en el ritmo “a veces fluido y tranquilo, equilibrado, espontáneo y fácil; y a veces entrecortado, telegráfico, veloz”. Debería poder leerse como un calambre, aprovechando la sacudida. Es una escritora capaz de hacer que los detalles más nimios de la vida de sus personajes, como por ejemplo esas visitas a la lavandería que hacen sin descanso, cobren importancia. Berlin posee el talento de los grandes cuentistas y la desesperación del que sabe que el tiempo es un animal invisible que roe por dentro: “Hay cosas que me dan una punzada de nostalgia, como las lavanderías. Una espera demasiado larga. La vida te pasa por delante de los ojos mientras estás ahí, hundiéndote sin remedio”.

Chéjov era su héroe y maestro. En “Punto de vista”, la narradora confiesa que aspira a que, a fuerza de minuciosidad, su protagonista le resulte tan creíble al lector que no pueda evitar compadecerla, como en el cuento “La tristeza” cuando la voz imparcial del escritor ruso inspira dignidad en el anciano que llora la muerte de su hijo.

Lucia Berlin fue una mujer errante y superviviente. Hija de padre minero, pasó su infancia entre asentamientos y pueblos de Idaho, Kentucky y Montana. En 1941 su padre tuvo que irse a combatir en la Segunda Guerra Mundial y su madre se las llevó a ella y a su hermana pequeña de vuelta a El Paso, donde su abuelo ejercía de dentista. A los 10 años, Berlin tuvo que comenzar a lidiar con la escoliosis, una dolorosa desviación lateral de la columna que la acompañó toda la vida y que la obligó a llevar muy a menudo un corsé ortopédico de acero.

Cuando su padre volvió de la guerra, se llevó a toda la familia a Santiago de Chile, donde sus vidas cambiaron completamente. Todo lo que se conoce de la biografía de Berlin puede confundirse con las vidas de las protagonistas de sus relatos, como en “Mamá”: “Parecía que irnos a vivir a Chile sería un sueño hecho realidad para mamá. Le encantaba la elegancia y las cosas bellas, siempre anhelaba codearse con ‘la gente adecuada’. Papá tenía un trabajo prestigioso. De pronto éramos ricos, con una casa preciosa y muchos sirvientes, y alternábamos en cenas y fiestas con toda la gente adecuada”. O en “Doctor H. A. Moynihan”, donde describe con virtuosismo y naturalidad cómo ayudó a su abuelo dentista en una mañana de domingo cualquiera a arrancarse los dientes uno a uno: “Me subí al reposapiés entre sus rodillas, para sostener el espejo cerca. Los tres primeros dientes salieron con facilidad. Me los iba dando y yo los tiraba al bidón que había junto a la pared. Los incisivos costaron más, sobre todo uno de los colmillos. Le entró una arcada y paró, con la raíz todavía clavada en la encía. Hizo un ruido raro y me puso las tenazas en la mano”.

“Exagero mucho, y a menudo mezclo la realidad con la ficción, pero de hecho nunca miento”, dijo Berlin

Cuando se matriculó en la Universidad de Nuevo México, ya dominaba el español y pudo estudiar con el escritor exiliado Ramón J. Sender. Se casó y divorció tres veces (con un escultor que la abandonó, con un pianista y con un músico de jazz) y tuvo cuatro hijos. Desempeñó toda clase de trabajos para mantenerlos: profesora de secundaria, telefonista, administrativa en hospitales, mujer de la limpieza y auxiliar de enfermería. No es casual que el libro lleve por título el nombre de uno de los 43 relatos que se incluyen en el volumen: “Una vez le traje una blusa negra de lentejuelas a Natasha, que tiene cuatro años, para que se disfrazara. La doctora Blum puso el grito en el cielo y dijo que era sexista. Por un momento pensé que me estaba acusando de intentar seducir a Natasha […]. Mujeres de la limpieza: aprenderéis mucho de las mujeres liberadas. La primera fase es un grupo de toma de conciencia feminista; la segunda fase es una mujer de la limpieza; la tercera, el divorcio”.

Berlin  publicó en vida 76 cuentos repartidos entre Homestick (1990), So Long (1993) y Where I Live Now (1999). Comenzó a publicar justo después de graduarse, a los 24 años, en la revista de Saul Bellow, The Noble Savage, y no paró hasta su muerte en 2004 con 68 años. Vivió en Texas, Berkeley y Oakland, Colorado, Nueva York y Ciudad de México. Recibió un American Book Award por Homestick.

En una carta a Stephen Emerson, uno de sus mejores amigos, le confesó que el Área de la Bahía de San Francisco, Nueva York y Ciudad de México eran los únicos lugares donde se sintió ella misma. Cuando iba a hacer la compra, todo el mundo le deseaba un buen día y miraban su tanque de oxígeno —la escoliosis había derivado en un pulmón perforado y desde 1990 iba a todas partes con una bombona— sonriendo como si fuera un caniche o un niño. Hasta en su correspondencia salta la chispa electrizante de Lucia Berlin.

Manual para mujeres de la limpieza
Manual para mujeres de la limpieza
Lucia Berlin
Traducción de
Eugenia Vázquez
Nacarino, Alfaguara,
Madrid, 2016,
400 págs.