21/8/2019
Análisis

Macri, entre el desarrollo y el neoliberalismo

El 10 de diciembre inaugura su presidencia sin mayoría en las cámaras y con la agenda económica como prioridad

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Macri, entre el desarrollo y el neoliberalismo
Macri saluda a sus seguidores tras ganar la segunda vuelta de las elecciones argentinas. David Fernández / EFE
Con toda certeza, un tiempo político culmina en Argentina. La presidenta Cristina Fernández, junto con su difunto marido y antecesor en el cargo, Néstor Kirchner, gobernaron el país durante 12 años consecutivos con un alto nivel de concentración de poder. A la manera de Juan Domingo Perón y su carismática esposa Eva en el siglo pasado, el matrimonio ofreció la última versión del peronismo, la fuerza de orientación populista que desde su creación ha sido la representación política de la clase trabajadora. 

Obsesionada por su imagen y el control de la información a niveles inauditos, Cristina Kirchner inauguró una nueva forma de comunicación para eludir preguntas molestas: recurrentes monólogos que los canales de televisión y las radios se veían obligados a transmitir. Construyó una red de medios de propaganda sustentada con fondos públicos y castigó a los gobernadores e intendentes díscolos con quita de fondos. Aplacó la disidencia interna en el peronismo, pero no dejó que emergieran figuras nuevas y no pudo impedir la alternancia.

El 22 de noviembre Mauricio Macri ganó la segunda vuelta electoral. El nuevo presidente, hijo de un rico empresario, dejó los negocios familiares para liderar el club de fútbol Boca Juniors como trampolín hacia la política. Creó una nueva fuerza llamada Propuesta Republicana, conocida por sus siglas: PRO. Fracasó en su primer intento para ser elegido jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, la capital del país. Volvió a intentarlo al cabo de cuatro años, ganó las elecciones y fue reelecto. Sus dos periodos al frente de la ciudad coincidieron con los de Cristina Kirchner al de la nación. 

El discurso del miedo

La relación entre ellos es tensa y la presidenta siempre lo ha tratado con desdén, como un niño rico de derechas que responde a los intereses de los grandes empresarios. Una descripción que Macri consideró injusta y llena de prejuicios. A lo largo de la última campaña también el candidato del oficialismo, Daniel Scioli, se empeñó en presentar a Macri como una vuelta a un pasado no tan lejano que hundió a amplios sectores de la sociedad en el desempleo y la pobreza. Lo emparentó con las políticas neoliberales y de ajuste fiscal que en la década de los 90 se impusieron en América Latina a través de la prédica del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Estableció un contraste entre aquellos tiempos y las políticas del matrimonio Kirchner que cuentan con un mayor consenso social, como una ayuda por hijo a los más vulnerables, la ampliación de la cobertura de jubilación y la reducción significativa del índice de paro. 

El líder del PRO ha prometido que se alejará de Venezuela y saldrá al mundo a buscar inversiones  

El impulso al matrimonio entre personas del mismo sexo, que equiparó los derechos de parejas heterosexuales y homosexuales, y las políticas que permitieron perseguir los crímenes cometidos por militares durante la última dictadura militar también formaron parte del bagaje que el candidato oficialista reivindicó a lo largo de la campaña.  Pero, con una economía estancada que hace ya cuatro años que no crece,
Scioli trabajó sobre el miedo: con Macri —predicó— se perderían todas las conquistas de los últimos 12 años. 

Para disipar el temor a que su llegada al gobierno significara una reversión total de las políticas que tienen cierto consenso, Macri prometió que el sistema de pensiones permanecería íntegramente en manos del Estado y dijo que no pensaba revisar la situación de la compañía aérea de bandera, Aerolíneas Argentinas (expropiada en 2008 al grupo español Marsans, 18 años después de su privatización), ni de YPF (expropiada a Repsol en 2012). Prometió que gestionaría el Estado sin volver a las privatizaciones, pero con criterios de eficiencia alejados del clientelismo político.

Cambio en las formas

El presidente electo, que detectó el hartazgo de la sociedad con los modos del kirchnerismo, prometió un cambio en las formas y como primera señal brindó una conferencia de prensa al día siguiente de su triunfo. En sus actos puso tanto énfasis en hablar de la necesidad del diálogo y de construir consensos que a ratos adquirió el tono de un pastor religioso. Aunque haya sido una estrategia para marcar diferencias con el gobierno saliente, su postura es también el resultado de una necesidad. El peronismo seguirá siendo mayoría en el Senado y la fuerza de Macri —que llegó al poder en alianza con el radicalismo, el otro gran partido nacional, en una coalición que llamaron Cambiemos—, no cuenta con una mayoría propia en la Cámara de Diputados. 

Después de un triunfo muy ajustado (en el balotaje obtuvo apenas 700.000 votos más que Scioli), su fortaleza política deriva de que el PRO retuvo con Horacio Rodríguez Larreta la capital y ganó de manera inesperada en la provincia de Buenos Aires —un bastión histórico del peronismo— de la mano de María Eugenia Vidal, una mujer joven con un perfil alejado de los barones que mandan en ese territorio.

Hijo de un rico empresario, saltó a la política desde el Boca Juniors y acabó con 12 años de kirchnerismo

Sin embargo, las decisiones más difíciles que deberá afrontar Macri a partir del 10 de diciembre son de orden económico. A Néstor Kirchner le tocó en 2003 tomar las riendas de un país en ruinas, tras el estallido que terminó con una política cambiaria que equiparó el valor de la moneda nacional al dólar. Tras una brusca devaluación, Argentina recuperó competitividad, entró en una fase de crecimiento y Kirchner canceló la deuda con el FMI. El aumento significativo del valor de la soja y de los commodities que Argentina exporta al mundo permitió equilibrar las cuentas y abrir un periodo de bonanza.

La herencia económica

En el primer mandato de Cristina Kirchner, y en particular en el segundo, el superávit viró a déficit fiscal y con la emisión de moneda se disparó la inflación, que pasó a estar entre las más altas del mundo. En lugar de combatir las causas del incremento de precios, la presidenta optó por intervenir al instituto que mide las principales estadísticas de la economía, que gozaba hasta entonces de relativa autonomía y prestigio. Tras el cese de pagos que siguió al colapso, Néstor Kirchner había logrado renegociar con gran parte de los acreedores. Su esposa y sucesora se negó a considerar los reclamos de los holdouts —los que habían quedado fuera del acuerdo—, en su mayoría fondos buitre que compraron bonos quebrados con el objetivo de ganar dinero litigando. Esta pelea no resuelta le impidió el acceso a los mercados internacionales, y los dólares e inversiones empezaron a escasear.

Hace ya cuatro años, la presidenta impuso severas limitaciones a la adquisición de moneda extranjera por parte de los argentinos que, en un contexto de alta inflación, suelen recurrir al dólar como único refugio de ahorro. El ministro de Economía Axel Kicillof dejó que la divisa estadounidense se moviera mucho más lenta que la inflación en el último tramo de la legislatura, porque en Argentina los precios son muy sensibles a la evolución de la moneda norteamericana. Una estrategia que contuvo un poco la inflación, pero el atraso cambiario trajo aparejados grandes problemas. 

A pesar de las restricciones crecientes para la compra de divisas, el banco central padeció una sangría de reservas hasta tocar el punto más bajo de la gestión de Cristina Kirchner. Durante la campaña, y aun después de ser electo, Macri señaló que dejará de aplicar todas las medidas que buscan mantener artificialmente bajo el valor del dólar, que se alejará de Venezuela y saldrá al mundo a buscar inversiones. La gran pregunta es la orientación que tendrá el Gobierno de Macri: si marcará el regreso a políticas emparentadas con el neoliberalismo de los años  90 —como predice la presidenta saliente— o si llega con un agenda ligada al desarrollo, como ha prometido en la campaña.