6/12/2019
Libros

Más allá de Marte

Desde la muerte de Bowie se han publicado artículos y libros sobre el músico, ninguno tan original y elegante como el de Critchley

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Más allá de Marte
Bowie,circa 1970. . Foto cortesía: Mal Mace Archivo / cache Agencia / DALLE
El 6 de julio de 1972 David Bowie apareció travestido en el legendario programa de la BBC Top of the Pops interpretando “Starman” mientras colocaba con afeminada sutileza su brazo sobre los hombros del guitarrista Mick Ronson. Esa noche de verano había en Inglaterra más de cuatro millones de espectadores viendo a aquel ser inaudito en sus pantallas. Aquella noche el siglo XX cambió para siempre, y con él todos esos espectadores que entendieron que las cosas podían ser de otra manera, que vivir podía ser una aventura. Nadie ha impregnado y alterado tantas vidas como él.

Casi medio siglo después, el 10 de enero de 2016, en una mañana de lunes necesariamente gélida, David Bowie fallecía a los 69 años de un cáncer en su casa de Nueva York. El hombre que no podía morir se murió, y de nuevo millones de personas se quedaron petrificadas con la noticia. El planeta lloró la muerte de quien dotó al mundo de unos matices que no se esperaba. Nunca antes se había producido una orfandad tan profunda y tan unánime. Músicos, pintores, poetas, directores de cine, bailarines o camareros lloraban la muerte de quien los alejó de las inmobiliarias o de los cargos de confianza. David Bowie dio a todos una razón para existir, un lugar en el mundo, y lo menos que podía hacerse era llorarle, cantarle, escribirle.

Ahonda en el análisis filosófico y emocional de letras y melodías que desafiaron todos los convencionalismos

Y así se ha venido haciendo, se han publicado cientos de artículos o libros en todo el mundo desde aquella mañana en la que Bowie puso definitivamente rumbo a otra parte. Algunos tenían la urgencia de vomitar lo que aquel Delgado Duque Blanco supuso en sus vidas, otros intentaron cocinar algo rápido y sacar tajada de la conmoción general. Nada de esto asoma en el que por el momento es el trabajo más original y elegante que ha aparecido tras la muerte del artista, el breve ensayo titulado Bowie, del filósofo inglés Simon Critchley (Hertfordshire, 1960), publicado en España por la editorial Sexto Piso —con una logradísima traducción de Inga Pellisa y unas acertadas ilustraciones de Eric Hanson—.

El libro va mucho más allá de lo biográfico, más allá de lo musical, y ahonda en el análisis filosófico y emocional de cómo a través de unas letras y unas melodías Bowie desafió todos los convencionalismos: “Dejadme que empiece con una confesión bastante embarazosa: ninguna persona me ha proporcionado tanto placer como David Bowie a lo largo de toda mi vida”. Desde el principio conecta con todos los que enfermaron y encontraron cobijo en su fugacidad y fueron sacudidos en su zigzagueo perpetuo: “Bowie representaba otra cosa, en especial para chicos y chicas normales e inteligentemente desafectos. Era algo glamuroso y extraño hacia lo imposible. Y rechazaba la calle”.

Los raros

El padre del poeta Pedro Casariego, intentando poner palabras a la muerte de su hijo, escribió que lo raro es aquello que se distingue de lo demás, y cuando se ve acompañado de virtudes poderosas provoca una tensión creadora que pone en marcha el universo. Justo lo que pasó con Bowie. No era un extraterrestre, era un hombre raro con virtudes poderosas que sirvieron de guía para que los bichos raros no se sintieran tan solos. Bowie cantaba desde las ruinas para los siniestros o excéntricos.

Era un hombre raro con virtudes poderosas que sirvieron para que los bichos raros no se sintieran tan solos

Añade Critchley: “Éramos jóvenes y tontos en aquel entonces, con doce, trece y catorce años. Pero Bowie nos enseñó la naturaleza engañosa de la ilusión y también su poder irresistible. Aprendimos a vivir con ilusión, en lugar de salir huyendo de ella”.  A través de las referencias artísticas y literarias de Bowie, se desgranan letras y momentos fundamentales para seguir buceando en la compleja personalidad del músico inglés y su realidad desbordada: “La lucha por la realidad, que es como Bowie describe su carrera artística, se revela un fracaso. Cuanto más luchamos, más nos acercamos a la nada”.

“Hot tramp, I love you so!”

Una de las influencias más agudas que provoca esta predisposición de Bowie por lo estrafalario es la del bailarín Lindsay Kemp. Algo mayor que Bowie, Kemp no solo lo introdujo en la danza y en el mimo, sino que lo empujó a ser algo más que un simple músico que toca sus canciones. Con Kemp nació el Bowie actor, mimo, intérprete, pintor: el artista pretencioso y el artista total. Esta relación supondrá el verdadero inicio del alter ego que Bowie ya estaba formando en su interior y que lo elevaría a estrella mundial. En 1971 se publicó en Reino Unido The Man Who Sold the World, en cuya portada aparece un Bowie con la permanente hecha y ataviado con un elegante vestido y unas botas de cuero hasta las rodillas, al más puro estilo Lauren Bacall. Todo estaba listo.
 

Desde su alzamiento espacial en 1969 con Space Oddity a su réquiem definitivo con Blackstar, el británico creó un universo donde el deseo tiene otros matices. Uno de los grandes aciertos de este ensayo es acercar al lector a esas letras que ponen de relieve la visión distópica y a ratos esquizofrénica que Bowie tiene del mundo, y que el filósofo centra fundamentalmente en el álbum Diamond Dogs: “A mi parecer es el álbum en el que Bowie se deshace definitivamente del fantasma de Ziggy y emprende la rica y acelerada serie de transformaciones estéticas que proseguirá hasta Scary Monsters, en 1980”. Si aquel 6 de julio Bowie dejó helado el verano inglés, con el vídeo de la canción “Ashes to Ashes”, single de este disco, reventaba la realidad transicional española e imponía sofisticación a un país que aún seguía con la resaca dictatorial.

En 2004 una angioplastia después de un concierto que tuvo que interrumpir en Alemania dio el primer aviso serio a Bowie: el triple bypass y la retirada definitiva de los escenarios moldearon ya al mito y padre de familia que se limitaría a publicar discos extraordinarios. En 2013 reapareció con el precioso single “Where Are We Now” que ahonda en la constancia de anhelo que se vislumbra en su obra. Después vino el margen de despedida con Blackstar. La muerte tres días después de su publicación dotó al álbum de un sentido extraordinariamente distinto. Canta en “Dollar Days”: “No pienses ni por un segundo / que me olvido de ti / me estoy esforzando / me muero por hacerlo”.

El libro se cierra con otra confesión del autor: el duelo generalizado por Bowie le ayudó a afrontar el de la muerte de su madre. “Tenemos que dejar marchar a Bowie. Hacia la muerte y hacia la vida.” Por ahí andará, más allá de Marte.

Bowie
Bowie
Simon Critchley
Traducción de Inga Pellisa
Sexto Piso, Madrid, 2016, 120 págs.