27/3/2019
Música

Ryan Adams vuelve al pasado

El músico reedita el álbum que lo descubrió como un artista enciclopédico: Heartbreaker

Luis Cornago - 17/06/2016 - Número 38
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Ryan Adams vuelve al pasado
Ryan Adams en su estudio. Nancy Pastor / Contacto
Ryan Adams (Jacksonville, 1975) es uno de los máximos exponentes del rock estadounidense de los últimos 20 años. Prolífico, a veces excesivo y de un talento inequívoco, Adams ha construido una dilatada carrera en solitario donde se dan cita el country alternativo, el rock y la música folk, entre otros. Ha preferido arriesgar y probar con diversos géneros, sin permanecer demasiado tiempo en su zona de confort: coqueteó con el heavy metal en Orion, con el hardcore y el punk en 1984, y el pasado septiembre sorprendió al publicar su propia versión del último disco de Taylor Swift, 1989.

Pero todo empezó con Heartbreaker, editado a principios de 2000 por el sello Bloodshot Records. En aquel momento la crítica encumbró a Ryan Adams como el nuevo prodigio del rock americano y le llovieron las comparaciones con Bob Dylan. Tenía 25 años y acababa de romper su relación sentimental con la publicista musical Amy Lombardi. Después de tres años viviendo en Nueva York el músico se vio obligado, por su situación económica, a volver a su pueblo natal en Carolina del Norte. Allí vivió en la casa de detrás de la que había crecido y compuso algunas de las piezas más inspiradas de su discografía, como “Come Pick Me Up”, “Oh My Sweet Carolina” o “Amy”. En su mayoría son medios tiempos de trazo fino que se recrean en el (des)amor y la frustración que este genera. En “Come Pick Me Up”, tema con el que cierra muchos de sus conciertos, Adams se pregunta si ella se acordará de él cuando camine por las calles de Manhattan. Aunque la chica acabe robándole los discos o acostándose con sus amigos, el narrador sigue rogando que, por favor, vaya a recogerle. La armónica aparece y se desvanece: suena desgarradora y esperanzadora a partes iguales. “Oh My Sweet Carolina” es un canto a la nostalgia que produce la vuelta al hogar embellecido por la calidez vocal de Emmylou Harris.

Heartbreaker se reeditó el pasado mayo con un valioso material inédito. Incluye parte de la maqueta que antecedió al disco (demos), así como algunas tomas que fueron descartadas (outtakes). La edición deluxe contiene a su vez un DVD del concierto en el Mercury Lounge de Nueva York en octubre de 2000. Merece la pena resaltar la calidad compositiva de muchos de los descartes: “War Horse”, “Petal in a Rainstorm” y “Locked Away” están a la altura de las canciones que sí fueron incluidas en la primera edición.
 

Cuando apareció el álbum fue recibido como el nuevo prodigio del rock americano y comparado con Dylan

En el outtake de “War Horse”, la música recuerda a “Amy”, con un arpegio que se repite y sostiene casi a trompicones, al estilo de Nick Drake, durante algo más de dos minutos. La voz de Adams suena en esta toma resquebrajada y cercana, como si se tratara de un forajido sin nada que perder y todavía muchos kilómetros por delante. En la maqueta la misma canción pierde cierta aura de atracción y también de misterio, pero el piano y los coros —imposible no acordarse del malogrado Elliot Smith— la enriquecen musicalmente. La reedición también incluye dos versiones de “Petal in the Rainstorm”. En la versión outtake, tras un fallo que les obliga a empezar de nuevo, la armónica da paso a una canción de carretera muy folkie que se sostiene sobre una base rítmica consistente. Más introspectiva y sutil suena la misma canción en la maqueta. “Locked Away”, solo en versión outtake, destaca por su sencillez melódica y es otra demostración más de lo que son capaces tres acordes cuando quien está detrás es alguien como Ryan Adams.

En esta nueva edición de Heartbreaker también se descubren versiones alternativas de canciones que sí se conocían. En la mayoría de los casos no añaden nada especial. “Don’t Ask for the Water” es la excepción: en la maqueta resulta más evocadora gracias a la guitarra contenida y la voz hipnótica. A veces los outtakes tienen un valor más anecdótico. Por ejemplo, antes de que interpreten juntos “My Sweet Carolina”, Emmylou Harris le cuenta a Adams cómo su guitarra Martin preferida se hizo añicos después de 21 años. “Hairdresser on Fire Jam” es una versión improvisada del tema de Morrisey que propició la discusión entre Dave Rawlings y Ryan Adams que abría el disco original.

Hay un conflicto entre la aparente sinceridad de sus canciones y la forma banal en la que habla de ellas en los medios

Heartbreaker supuso el descubrimiento de un artista enciclopédico, con una gran habilidad para resumir en sus canciones parte de la historia reciente de la música popular norteamericana. Pero no caen en el pastiche, las canciones de Adams suenan actuales y conmovedoras. Sin embargo, es difícil descifrar cuándo habla la persona y cuándo el personaje. En un artículo publicado en The New Yorker (“Too Much Ryan Adams?”), Ian Crouch  se refería al conflicto existente entre la sinceridad emocional que transmiten sus canciones y la forma banal, a veces despectiva, con la que habla de ellas en los medios. Crouch llama también la atención sobre la forma en que Adams se refiere al proceso compositivo: en sus declaraciones no hay ni rastro del sufrimiento y la agitación que sí se aprecia en su música. Más bien al contrario. Él mismo afirma que la inspiración principal para el título de este álbum la encontró en una foto de Mariah Carey en la que lucía una camiseta de tirantes donde se podía leer “Heartbreaker”. Por mucho que trate de no tomarse demasiado en serio, o que tire la piedra y esconda la mano, cuando se trata de escribir canciones casi siempre la persona acaba eclipsando al personaje.

Heartbreaker (edición deluxe)
Heartbreaker (edición deluxe)
Ryan Adams