El vals de los adioses

Me voy como llegué: desnudo

“Nuestros esfuerzos por crear un partido centrado y liberal han acabado defraudados”

Jordi Gracia - 26/08/2016 - Número 48
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mikel casal

Queridos amigos, sabéis que no me han gustado nunca las intrigas, así que no deseo prolongar ni un minuto más la incertidumbre ni quiero alimentar la oleada de insidias que han asaltado las redes. Quiero deciros, sin solemnidad pero con la gravedad del momento histórico que vivimos, que este será mi último acto como político en activo [Ruido de fondo creciente]. Antes que nada, quiero agradeceros el apoyo que he recibido de todos vosotros durante tantos años y de tantas maneras, primero en Cataluña y después en el resto de España. [Aplausos titubeantes, desconcertados].

Me voy hoy igual que llegué ayer: sin nada que esconder y tan desnudo como en aquella remota campaña electoral en Cataluña, cuando yo tenía muy pocos años  pero todos los catalanes me vieron nadar entre carteles y pósteres como líder de una candidatura que acabó con la espiral del silencio en Cataluña [Atronadores aplausos]. Hoy me voy igual que ayer: desnudo, sin cubrir las vergüenzas como tantos viejos políticos engastados a su poltrona y sin el rencor de tantos otros dispuestos a seguir como sea y a toda costa.

Yo llegué a la política por necesidad histórica: por higiene catalana y por higiene española. Hemos recorrido un larguísimo camino desde entonces y muchos de vosotros estabais ya ahí cuando todo empezó. Hoy las cosas han cambiado mucho, es verdad: han abandonado algunos [Susurros: Girauta], pero han llegado otros, aunque sea tarde, como Rosa, Rosa Díez [Aplausos tibios]. Pero no me resisto a evocar —perdonadme esta debilidad sentimental— una foto icónica de una Transición que fue mejor de lo que tantos han querido decir después. Os acordaréis todos de aquella foto, que El País publicó después tantas veces, de un Suárez solo en su banco azul del gobierno.

“Hoy me siento como Adolfo Suárez, maltratado por la ingratitud de los intereses de partido”

Hoy me siento como aquel ejemplar hombre de Estado, maltratado por la ingratitud de los intereses de partido, destruido por hombres espúreos, mal leído en su inequívoca voluntad de equilibrio y estabilidad entre fuerzas políticas sectarias y egoístas. Nuestra vocación fue desde el principio la conquista de un espacio de centro liberal y europeo capaz de proteger los intereses de los ciudadanos por encima del enconamiento de los dos grandes partidos de la transición democrática [Rumores crecientes, ruido de fondo y gritos inaudibles contra Pablo Iglesias].

Me voy igual que ayer, es verdad, pero con algunas lecciones muy bien aprendidas. España nunca ha sabido reconocer a sus mejores hombres aunque los tuviese delante. Lo dijo ya hace muchos años Ortega y Gasset, y hoy todo parece seguir igual que entonces. Los últimos años han sido una experiencia especialmente difícil. Nuestros esfuerzos por crear en este país un partido centrado, fuerte y liberal contra los extremismos han acabado defraudados por la política de sillones y de mentiras, de intereses miopes y cálculos mezquinos.

Hoy este partido necesita a otros líderes y a otras personas. No os oculto mi decepción porque todos sabéis las razones del acuerdo que alcanzamos con el antiguo presidente del gobierno, Mariano Rajoy, en septiembre de 2016: lealmente quisimos contribuir a la gobernabilidad de un país con millones de personas paradas, sin investigación de calidad y confiado todavía, y como siempre, en el sol de nuestras playas y en los ladrillos de nuestras urbanizaciones.

Llegamos a ese gobierno para extirpar la corrupción enquistada y regenerar las instituciones democráticas: ya lo sabéis. Llegamos a ese gobierno por sentido de la responsabilidad —querida Inés, tú has sido la principal víctima [El público en pie, aplauede a Inés Arrimadas, que saluda con media sonrisa y se sienta enseguida]—. Pero ese sentido de Estado fue dinamitado y perseguido por una izquierda insolidaria con la mayoría de los españoles. El PSOE dejó de ser socialdemócrata y los jabalíes de Podemos dejaron sin aire respirable la vida pública española. La traicionera convocatoria de elecciones generales en 2018 dejó a Ciudadanos en la estacada, tras una desleal operación de acoso y derribo teledirigida, ay, por aquellos mismos que habían contribuido a nuestra propia existencia. Los empresarios más importantes de este país nos dieron la espalda, a pesar de haber gobernado con el partido de la corrupción, de los ordenadores triturados, de las operaciones en negro y de los sobres.

Tras estas vergonzosas elecciones, a 11 de septiembre de 2018, ocupamos tres escaños en el gallinero del Parlamento. Ha llegado el momento de encontrar un relevo poderoso y que sea otro quien combata sin reservas la alianza de los radicalismos de izquierda que han acabado hoy con nosotros y han mandado al partido de la corrupción a los bancos de la oposición. Confío en ti, Inés 1.

1 Texto tomado de la edición conmemorativa de la Fundación Madrid en 2028, diez años después del abandono de la política de Albert Rivera.