21/1/2022
Internacional

Museveni se perpetúa en Uganda

El 75% de la población no había nacido cuando el recién reelegido presidente accedió al poder en 1986

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Museveni se perpetúa en Uganda
Museveni en su finca de Rwakitura, a 275 kilómetros de Kampala, tras su reelección. SAAC KASAMANI / AFP / GETTY IMAGES

Entre acusaciones de fraude y manifestaciones de protesta por la desorganización del proceso electoral, Yeweri Museveni, presidente de Uganda desde hace tres décadas, fue reelegido para un nuevo periodo de cinco años con más de un 60% de los votos. Las elecciones presidenciales y parlamentarias celebradas el pasado 18 de febrero se dilataron hasta el día siguiente debido al retraso en la entrega de papeletas en algunas escuelas. La represión policial se hizo sentir ya días antes de los comicios y en la jornada electoral el líder de la oposición, Kizza Besigye, fue encarcelado por tercera vez esa semana tras denunciar la posible manipulación de los resultados en una de las urnas. Besigye obtuvo un 35,4% de los votos bajo arresto domiciliario. La indignación desatada tras su detención fue reprimida con dureza y también se silenciaron las redes sociales, cortadas durante y después de la votación. Según fuentes oficiales, las medidas pretendían evitar “amenazas al orden público”. Tanto Amnistía Internacional como el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas condenaron dichas acciones.

Siete fueron los candidatos que, además de Museveni, se presentaron a los quintos comicios multipartidistas celebrados en Uganda desde 1996. Kizza Besigye, el antiguo médico de Museveni y su más fuerte rival, fue ministro de Interior hasta 1999, cuando dejó su cargo acusando al presidente de haberse alejado de la democracia. Desde entonces, ha sido detenido infinidad de veces acusado de “entorpecer la paz” en el país. El otro oponente fuerte, Amama Mbabazi, uno de los fundadores del Movimiento Nacional de Resistencia —NRM, por sus siglas en inglés, el partido liderado por Museveni—, se presentaba como independiente sin su principal colaborador, Christopher Aine, desaparecido el pasado diciembre después de ser detenido por la policía. Su familia asegura que fue asesinado.

Historia de una farsa

La cultura de la impunidad no es nueva en Uganda. La policía disparó a 20 manifestantes en Buganda en 2011. Dos años más tarde, nueve jóvenes fueron abatidos durante una protesta por la subida de los precios del arroz.  Las tácticas contra la disidencia han sido feroces antes, durante y después de las elecciones. Aunque en 1986 el NRM prometió abolir la violencia financiada por el Estado, a finales de 2015 Museveni reclutó a más de un millón y medio de jóvenes desempleados para “prevenir el crimen”.

Las tácticas contra la disidencia política han sido feroces antes, durante y después de las elecciones

La violencia ejercida directamente contra la población no es la única fuente de discordia. La ley antihomosexual de 2014, finalmente no aprobada, que instauró una peligrosa semilla de odio hacia el colectivo LGTBI, o la ley de noviembre de 2015 para tasar a ONG que trabajan para fomentar libertades políticas, son algunos ejemplos de la vulneración de los derechos humanos propiciada por el partido de Museveni. Así, en los últimos años se han dado muestras más que fehacientes de que el multipartidismo y la democracia en Uganda son poco menos que una farsa. 

En un país donde el 75% de la población tiene menos de 30 años, la regeneración política se ha convertido en una quimera. En las elecciones de 2016, más del 40% de los votantes no había nacido cuando Museveni accedió al poder. Cerca del 80% de los jóvenes está desempleado o sumergido en la economía informal. Mientras Burkina Faso o Senegal han sido en los últimos años ejemplos de cambio de rumbo político gracias a sus jóvenes, el miedo infundido por el NRM actúa como un paliativo infalible.

Desde los años 90, Uganda ha crecido a un ritmo del 7% anual y ha disminuido el número de pobres en un 30%

El partido liderado por Museveni tomó el poder en Uganda en 1986, tras una guerra de seis años, con la promesa de un futuro pacífico, democrático, con igualdad de oportunidades y libre de corrupción. Gobernó hasta 1995 con un sistema de partido único que, según el presidente, evitaba divisiones tribales existentes en décadas anteriores. Con una nueva Constitución que limitaba el mandato del máximo dirigente hasta 2005, el multipartidismo se asentó en el país africano. Pero, tras eliminar el límite de mandatos, Museveni fue reelegido en 2001, 2006 y 2011. Un legado político que lo entroniza como padre de la patria y garante de estabilidad y paz. No obstante, el control estatal de los recursos naturales o la promulgación de leyes que han restringido la libertad de prensa y perseguido a la oposición son claves para entender su reelección 30 años después de su acceso al gobierno.

Uganda se ha convertido en una de las economías africanas más fuertes en los últimos años. Desde la década de los 90, el PIB ha crecido a un ritmo del 7% anual y ha disminuido un tercio el número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza. El VIH se ha reducido del 18% al 7% desde 1992. Con la introducción de la educación universal primaria (1997) y secundaria (2007) se ha conseguido aumentar las tasas de alfabetización un 20% en comparación con 1991. 

A nivel de infraestructuras, Uganda ha construido uno de los parques eólicos más grandes de África en Karamoja, al norte del país, y el descubrimiento de yacimientos de petróleo que podrían contener al menos 6.500 millones de barriles de crudo en la zona del valle de Albertine permite encarar con optimismo el futuro económico del país. Sin embargo, el partido de Museveni no ha logrado dotar de servicios básicos a una población que ha aumentado en las últimas tres décadas de 15 a 36 millones.

(In)dependencia y seguridad 

Después de la imposición de los planes de ajuste estructural y la austeridad aplicada en la década de los 90, la dependencia de donantes internacionales como Estados Unidos, la UE o el Banco Mundial representa el 23% del presupuesto general del Estado. El sistema sanitario, al que Museveni se comprometió en 2006 a dedicar un 15% de los presupuestos, apenas recibe un 9,9% del gasto público. Carencia que se suple con la ayuda extranjera sin evitar el hacinamiento en aulas o salas de urgencias.

Museveni no ha logrado dotar de servicios básicos a una población que ha pasado de 15 a 36 millones bajo su mando

La agricultura de subsistencia sigue siendo la actividad básica para el 80% de los ugandeses. Y parece que la diversificación de la economía esté lejos de ser real, debido a los bajos precios del crudo y al control presidencial de los yacimientos. También la corrupción entre diferentes órganos estatales impide que el desarrollo llegue a las capas más bajas, disparando la alarma internacional. En 2015, Uganda figuró como el número 139 de 168 países en el índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional.

Sin embargo, el país se ha sabido posicionar en el tablero geoestratégico con dos pilares de su programa: la seguridad y la paz. Debido a la presencia del Ejército de Resistencia del Señor, organización cristiana extremista, en el norte del país —la región más pobre y carente de infraestructuras—, Uganda recibe fondos para armamento y formación militar por parte de Estados Unidos, de quien es uno de sus principales aliados en la región. También es un socio crucial para la región de África del este y los Grandes Lagos. Junto a las tropas de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), combate al grupo terrorista Al Shabaab. Asimismo, Museveni se sentó como mediador en el conflictivo tercer mandato de Nkurunziza en Burundi, hecho muy criticado ya que Museveni es uno de los líderes africanos que más tiempo lleva en el poder.

En 2015, Uganda fue el 139 de 168 países en el índice de corrupción de Transparencia Internacional

A pesar de la alerta de los observadores internacionales que han denunciado irregularidades en los comicios, Museveni y el NRM seguirán gobernando Uganda como mínimo hasta 2021. El futuro de “la perla de África” parece estar en una encrucijada. Mientras sus aliados alaban los esfuerzos de Museveni en terrenos como el militar o el económico, medidas como el arresto domiciliario de Besigye o la represión ejercida contra la población son condenadas por socios como Estados Unidos. La libertad de expresión y el respeto a los derechos humanos serán básicos para que el futuro del país sea realmente pacífico. Museveni deberá, tarde o temprano, asumir que una victoria en las urnas no es suficiente cuando el sistema democrático no funciona debidamente.