13/11/2019
Política

Naciones Unidas decide sobre la independencia

Legislar y arbitrar sobre qué territorios pueden considerarse entes soberanos es una de las competencias más delicadas de la ONU

Diego Carcedo - 20/11/2015 - Número 10
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Naciones Unidas decide sobre la independencia
Reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas el pasado mes de octubre. GETTY IMAGES
La declaración de independencia unilateral de un territorio no tiene ningún valor efectivo mientras no sea reconocida por Naciones Unidas, que es el organismo depositario de la legislación internacional y encargado de establecerla y de determinar qué territorios tienen derecho a su plena soberanía. Mientras la ONU no lo acepte como ente soberano —el término Estado, nación o país tiene diferentes interpretaciones—, las credenciales de un país autoproclamado independiente  no son aceptadas por la comunidad internacional —más allá de los países que circunstancialmente hayan anticipado su reconocimiento—ni sus planteamientos tenidos en cuenta por ningún organismo supranacional, salvo, si acaso, por la Organización Mundial de la Salud.
 
Este es el caso de los últimos territorios autoproclamados independientes, como Transnistria, desgajado de Moldavia, Osetia del Sur y Abjasia, de Georgia, y la República Turca del Norte de Chipre, de la República de Chipre, cuyos habitantes solo pueden moverse por el mundo con pasaportes prestados por otras naciones —en el caso de los tres primeros, de Rusia, y el cuarto, de Turquía—, realizar operaciones económicas recurriendo a complicadas y costosas estratagemas, ni participar con derecho propio en sesiones de órganos supranacionales de decisión. En los últimos días, por ejemplo, Kosovo fue rechazado como miembro de la UNESCO a pesar del apoyo estadounidense a su candidatura. 

Legislar y arbitrar sobre descolonización ha sido tradicionalmente una de las competencias más importantes y delicadas de las que tiene atribuidas Naciones Unidas. La Asamblea General, que es quien tiene la última palabra, mantiene delegadas estas funciones a un comité especial, coloquialmente conocido como Comité de los 24, el número de países miembros que lo integraban en

A pesar de los años transcurridos desde la independencia de Kosovo, la ONU aún no lo ha aceptado

los años de mayor actividad, cuando numerosos territorios coloniales, en su mayor parte africanos, obtuvieron su independencia. El Comité fue constituido en 1961, entonces con 17 miembros, luego el número aumentó a 24 y actualmente son 28, además de otros 13, entre ellos España, que participan en las sesiones en calidad de observadores. En su mayor parte lo integran países que han accedido a la independencia en las últimas décadas.

Situaciones diversas

El Comité trabaja permanentemente en su sede de Nueva York y se reúne una vez al año para presentar las conclusiones a la Asamblea General, que normalmente las acepta no sin debate ni resistencias. Tanto la historia de la descolonización como la variedad de situaciones con que se ha enfrentado y se enfrenta está repleta de ejemplos diferentes y de un amplio dosier de jurisprudencia no siempre ajena a contradicciones. Para evaluar las situaciones que se presentan, distingue entre las reivindicaciones de los diferentes tipos de independencia, desde la autonomía hasta el soberanismo pasando por estatus intermedios como el federalismo y el confederalismo. Tanto el primero como los dos últimos sistemas se interpretan como cuestiones internas de los estados y de sus regímenes políticos y el Comité apenas se pronuncia.

Otra cuestión son las reivindicaciones de soberanía o recuperación de territorios ocupados por otra potencia. Las reclamaciones de soberanía tampoco ofrecen especiales problemas cuando existe un acuerdo entre las dos partes. El caso más reciente fue el de Sudán del Sur, que se desgajó de Sudán del Norte después de un periodo pactado de cinco años de mantenimiento de la convivencia con el compromiso previo  de que a partir de esa etapa, los sureños serían libres de independizarse. Tampoco se vuelven excesivamente complejos los casos en que se trata de estados federados cuyo derecho a la secesión está reconocido por la constitución. Fue lo que ocurrió en la URSS o Yugoslavia.

Pero son pocas las constituciones federales  que reconocen el derecho a la secesión de sus provincias o regiones. Solo algunas lo incluyen, como la de Canadá, pero otras lo rechazan claramente, como ocurre con la estadounidense, la alemana o la suiza (la británica no está escrita y la demanda de Escocia de un referéndum recayó únicamente en la decisión del Gobierno). Entonces se plantean conflictos si algún territorio reivindica un derecho de esta naturaleza que no está reconocido, y para resolver el conflicto que se crea, algo que no siempre se consigue, la ONU tiene establecidos unos principios básicos. Una vez sopesados estos, el Comité de los 24 concluye si procede o no ese derecho a la independencia que una parte de la población reclama.

Muchas argumentaciones a favor o en contra manejan el concepto poco definido de pueblo sobre el cual solo en casos muy evidentes existe unanimidad y sus reivindicaciones necesitan responder a unos baremos de valoración. El primero que se maneja es el geográfico que determina la unidad territorial. Cuando Bangladés se independizó de Pakistán, territorios separados por miles de kilómetros, la reclamación desde Daca no ofrecía ninguna duda y la independencia enseguida fue reconocida. También contemplaron este baremo los tribunales internacionales en los dictámenes que hace más de 40 años descartaron los subterfugios del Gobierno español para demostrar que el Sáhara Occidental no era una provincia, como Madrid sostenía,  sino una colonia.
 
Claro que la geografía no es el único factor a considerar, ni siquiera el más decisorio.Hay otros varios, empezando por las diferencias étnicas o raciales, culturales, religiosas, idiomáticas, así como los derechos históricos. Razones para que sea reconocida la independencia de un territorio también son conflictos graves o evidencias de opresión o discriminación de los pueblos que se quieren escindir. Kosovo es el ejemplo más reciente, aunque a pesar de los años transcurridos la ONU aún no lo ha aceptado como miembro.  En los primeros tiempos también se tenían en cuenta situaciones políticas: España, sometida a una dictadura asimilada con los vencidos en la II Guerra Mundial, tardó 10 años en ser admitida. Actualmente, entre los 193 miembros hay regímenes políticos de todos los colores.

División sin acuerdo previo

También son complicados los casos de países que se dividen sin acuerdo previo, de forma violenta y sin razones para escindirse unos de otros. La historia reciente recuerda los contenciosos sobre la unidad de Camerún, Ruanda y Burundi, los dos Vietnam, los dos Yemen, las dos Coreas —que durante mucho tiempo solo estaban en la ONU como observadores— y, el más complejo, el de China y Taiwán. Inicialmente era Taiwán quien tenía asiento como China en la ONU, incluso con un puesto permanente en el Consejo de Seguridad, pero cuando la China continental

El Comité de los 24 distingue bien entre los estatus coloniales y las pretensiones de grupos ideológicos

comenzó a recibir el reconocimiento internacional de las grandes potencias Taiwán fue expulsada al no aceptar la reunificación y soberanía centralizada en Pekín. El caso chino es sin duda el más polémico. Taiwán sigue empecinado en mantener su independencia —aunque las relaciones con China se han flexibilizado, como lo escenificó la cumbre reciente de los dos presidentes en Singapur— y, gracias a su capacidad defensiva y desarrollo económico, lo va consiguiendo. Pero solo cuenta con el reconocimiento de 22 países, casi todos de escasa influencia,  a través de los cuales desarrolla una importante actividad comercial. Sin embargo, a pesar de contar con más de 30 millones de habitantes, no parece que puedan ver reconocida la soberanía que proclaman mientras no accedan a compartirla como miembros de la República Popular China, convertida en la segunda potencia mundial.

Colonias y metrópolis

Actualmente el Comité de los 24  mantiene en su cartera, por decirlo de algún modo, 17 territorios a los que etiqueta como colonias y cuya devolución o independencia exige a sus ocupantes. La mayor parte son islas y pequeños territorios dominados por Reino Unido, entre ellos Gibraltar y Malvinas. También hay algunos que dependen de Estados Unidos, Francia, y uno, Tokelau, de Nueva Zelanda y otro, el Sáhara, de España, que aunque autoproclamada república independiente y su territorio bajo ocupación marroquí, ante el derecho internacional sigue siendo un territorio bajo administración española a descolonizar.
 
Es el único caso en el que España enfrenta en la ONU una reivindicación de esta naturaleza mientras que con Gibraltar se convierte en la potencia reclamante. Los ingleses se niegan a proceder a esta exigencia alegando que los gibraltareños ya se han autodeterminado en contra en más de un referéndum. Es el único territorio europeo en litigio. La mayor parte están en América (islas del Caribe), seis en Oceanía y dos en África: además del Sáhara, el conjunto de las islas de Santa Elena, Ascensión y Tristán de Acuña, colonia británica. Gibraltar y Malvinas son territorios reclamados por España y Argentina que los consideran parte de su integridad. El resto reivindica su independencia. El conflicto de Oriente Medio es objeto de atención permanente del Consejo de Seguridad. Palestina, territorio ocupado en una guerra, no tiene estatus colonial y espera su liberación, derecho que ya le ha reconocido la ONU a través de negociaciones bilaterales con su ocupante, que reconoce su derecho a constituirse en Estado.
 
Marruecos reclamó en varias ocasiones las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Su argumento fundamental es la desconexión geográfica intercontinental, pero la historia de la presencia española en ambas ciudades, la homogeneidad de los habitantes con los peninsulares y las identidades culturales e idiomáticas con el resto de los españoles sirvieron de base para que la reclamación nunca fuese aceptada. La experiencia prueba que el Comité distingue bien entre los estatus coloniales o la dominación extranjera y las pretensiones de grupos ideológicos o las ambiciones políticas, ideológicas o sectarias de cualquier grupo que aspire a desgajar un territorio para hacerse con su control.

Cuba reivindica sin éxito la devolución de Guantánamo, actualmente base estadounidense instalada en la isla, y algunos puertorriqueños reclaman también la independencia de su país, actualmente Estado Libre Asociado de los EE.UU. El derecho a la autodeterminación como vía a la secesión ha sido muy discutido por los expertos. Algunos informes de la propia ONU subrayan que el 90% de los estados son plurinacionales y un porcentaje también muy alto sufre tensiones  disgregadoras. Hay varias tesis sobre la manera de interpretar estas situaciones, pero existe bastante coincidencia en que el reconocimiento amplio del derecho a la secesión conduciría a una fragmentación encadenada de los estados. La independencia de algunos territorios que pretenden conseguir su soberanía originaría inmediatamente nuevas pretensiones de disgregación hasta lo que fue definido como una divisibilidad infinita, un peligro que llevaría al mundo a ser cada vez más ingobernable.