23/4/2017
Música

Nick Cave. Tocando fondo

El músico australiano estrena conjuntamente álbum y filme en un viaje introspectivo al interior del dolor y el duelo

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Nick Cave. Tocando fondo
Nick Cave en Madrid en junio de 2015. Paula Chimeno
Estrenada el pasado 8 de septiembre en todo el mundo, One More Time with Feeling es la película musical que documenta el trágico proceso de composición, escritura, producción y grabación del decimosexto álbum de Nick Cave and The Bad Seeds, Skeleton Tree. Es un filme en blanco y negro, grabado en 3D con una estética expresionista sublime, contundente y fiera. Carece de narratividad y contiene un fondo existencial doloroso y hermoso como raramente se ha visto en un documental musical. Esta es la historia de un hombre, Nick Cave, que enfrenta el proceso de duelo por la muerte en circunstancias dramáticas de su hijo de 15 años cuando este, en julio de 2015, se mató al caer desde lo alto de un acantilado de Brighton tras haber consumido LSD por primera vez. La película retrata el sentido del cambio que provoca la catástrofe en el interior de un individuo. “Te necesito. Nada importa realmente cuando la persona que quieres se ha ido para siempre” es el verso sombrío de un padre a un hijo muerto que inaugura la primera canción del que algunos críticos dicen ya ser el disco del año.

Réquiem sobre la pérdida

Dirigida por el australiano Andrew Dominik, amigo de Cave y responsable de la bella El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007), One More Time with Feeling comenzó a rodarse tan solo seis meses después del fatal accidente. Cave se encontraba trabajando en los temas de Skeleton Tree cuando la muerte irrumpió en su familia y lo cambió todo. La tragedia transformó lo que iba a ser un documental sobre las sesiones de grabación en un réquiem sobre el dolor, la pérdida y la forma en la que esta afecta a la creación artística bloqueando una mente deprimida incapaz de superar la tragedia. Contiene inolvidables secuencias en las que un Cave shakespeariano y brutal se muestra ante la cámara lúcido y amargo, interrogándose a sí mismo sobre el sentido de las circunstancias que padecemos. No obstante, es una meditación clara e impúdica, bella por su mensaje final sobre el sufrimiento humano y la transformación interior: “La mayoría de nosotros no queremos cambiar. ¿Por qué hacerlo? ¿Para qué cambiar si lo que vamos a conseguir es más o menos una modificación del modelo original? Seguimos siendo nosotros mismos y, si acaso, una versión mejorada de nosotros mismos. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando un suceso es tan catastrófico que uno simplemente se transforma?”.

One More Time with Feeling comenzó a rodarse seis meses después de la muerte del hijo de Cave

Andrew Dominik solamente aceptó el proyecto de dirigir One More Time with Feeling si este se rodaba con cámaras 2 y 3D, prácticamente una novedad en material documental. Produce un modelo de filme que tiene un impacto visual envolvente y aproxima al espectador al retrato penetrante de un músico que el pasado 22 de septiembre cumplió 59 años y que es una leyenda viva del rock. El blanco y negro dota a la cinta de una nueva perspectiva, poco común en este género, mayor intimidad y sentido de abstracción. Pese a lo que pueda parecer, la cinta es entretenida y su densidad apela a la belleza y humanidad que puede hallarse al final del camino de la superación de un proceso de duelo tras la marcha del ser querido. La idea original de One More Time with Feeling, que ha recibido este año un galardón en el Festival de Cine de Venecia, devino en algo mucho más determinante y valioso a partir del momento en que Andrew Dominik, como generador de la película, inició su difícil trabajo de ahondar en el trasfondo trágico de las letras, sonidos y ambientes del álbum. El filme es dinámico y sorpresivo; alterna grabaciones hechas en el estudio —magnífico como siempre su compañero, el multiinstrumentista Warren Ellis— con entrevistas y secuencias cuyo fin no es solo la indagación en el sentimiento humano de duelo, sino el bloqueo creativo y la impermanencia de todas las cosas. Cierto surrealismo brota de algunas escenas que rozan el humorismo, como cuando un ojeroso Cave mira a cámara e increpa: “A la mierda con lo que le ha ocurrido a mi cara. Mira estas bolsas bajo mis ojos. ¿De dónde han salido? Se vinieron abajo el año pasado”. Entre las canciones del nuevo álbum de los Bad Seeds hay entrevistas y grabaciones de Dominik, acompañadas por las narraciones y reflexiones improvisadas de Cave. En blanco y negro y color, 3D y 2D, el resultado es un testamento frágil, crudo y verdadero de un artista que intenta encontrar su camino en medio de la oscuridad.

Nick Cave, autor, músico, novelista, guionista, crítico y actor, ha dejado en imágenes un testimonio sobrecogedor y noble. Su música, un sonido violento y un lirismo desbordado, no es para cualquiera: demasiado oscura, demasiado literaria, demasiado extraña, demasiado simbólica y ambivalente y, en muchos casos, simplemente grandiosa. Su sombra creadora es muy alargada. Cave es un dandi en el diván del psicoanalista. Un artista que nunca ha rehuido explorar el lado oscuro de la experiencia humana, por lo general violenta y gótica en sus primeros álbumes (con The Birthday Party), para llenarse de matices y un sentido de la compasión humana en las historias que ha ido escribiendo conforme su arte iba madurando y mutando.
 

Películas complementarias

One More Time with Feeling guarda muchas similitudes con Veinte mil días en la Tierra. Seguramente esta joya del documental musical no hubiera nacido de no haber sido por el modelo anterior, superior cinematográficamente, de menor intensidad e impacto emocional. Veinte mil días en la Tierra, premiada en Sundance en las categorías de dirección documental y montaje, es uno de los documentales de rock más innovadores, vibrantes y narcisistas de los últimos 10 años. Reproducía el viaje introspectivo a la mente del siempre excesivo y fúnebre Nick Cave sin seguir un guion preestablecido ni ajustarse a la narrativa convencional del rockumental. Tampoco pretendía ser el vehículo publicitario de Push the Sky Away, decimoquinto álbum de estudio de The Bad Seeds, publicado pocos meses antes de la realización del documental y cuya música y gestación artística sirve de marco contextual a esta rara avis de los documentales sobre músicos.

Es un testamento frágil, crudo y verdadero de un artista que intenta encontrar su camino en medio de la oscuridad

One More Time with Feeling viene a ser una segunda parte de Veinte mil días en la Tierra, diferente en lo que se refiere a temperatura emocional y contexto. Si en la primera aparece un Cave sincero que utiliza la cámara como expiación y cura, en el segundo el músico se mostraba reacio a hablar de sí mismo si no era a través de algún tipo de tamiz. De modo que los responsables del documental decidieron sentarlo frente al psicoanalista Darian Leader para que este le sacara las palabras y en primera persona hablara no solo de su impulso creativo y poético, también de sus vivencias en Berlín, su infancia, la heroína, la religión, sus compañeros, su relación con el clima, sus temores o la muerte de su padre. Da gusto ahora ver estos documentales juntos, como una moneda de dos caras. En ambos la voz de Cave apabulla sin saturar. La secreta fuerza transformadora que mueve su espíritu creativo, el valor de la experiencia adquirida y la importancia de la identidad personal están presentes en ambos trabajos. No es poco viniendo de quien tantas veces ha tenido que mudar de piel tras años de excesos, adicciones y malogrados vagabundeos. Aquel dandi y joven poeta maldito que en 1980 fundara The Birthday Party en las cloacas de un club de Londres. Estamos hablando del más fino narrador musical de su tiempo.

One More Time with Feeling
One More Time with Feeling
Dirigido por Andrew Dominik
Skeleton Tree
Nick Cave and The Bad Seeds