23/4/2017
Música

Wilco. Los de Chicago siguen vivos

Schmilco, el trabajo más reciente de la banda, es un paso más hacia la sencillez

Luis Cornago - 07/10/2016 - Número 54
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Wilco. Los de Chicago siguen vivos
Wilco, la banda capitaneada por Jeff Tweedy. dBpm records
Hubo algún tiempo en el que casi toda la crítica coincidía en dos palabras para referirse a lo último de Wilco: obra maestra. Así sucedió con álbumes como Being There (1996), Summerteeth (1999) o Yankee Hotel Foxtrot (2002). Su cantante, Jeff Tweedy, se confirmó durante esos años como un compositor sobresaliente; sus canciones eran retazos, casi siempre atormentados, de una vida que transcurría con turbulencias. La banda encontró entonces el equilibrio adecuado entre su vertiente más arraigada en el rock y esa faceta experimental que los hacía imprevisibles.

Su estreno discográfico, A.M. (1995), incluía canciones excelentes, como “Box Full of Letters”, “Passenger Side” o “It's Just That Simple”; su estilo, sin embargo, era una continuación de los discos de Uncle Tupelo, la banda de la que habían formado parte casi todos los miembros de Wilco. Jay Bennett, guitarrista y teclista, se incorporaría a la banda después de A.M. y sería una pieza clave en los siguientes años.

El protagonismo de Jay Bennett alcanzó su esplendor en Summerteeth, donde se desmarcan definitivamente del country-rock de Uncle Tupelo y sacan a relucir su vertiente pop. La culminación a este periodo se produjo con Yankee Hotel Foxtrot, última grabación que contó con la presencia de Bennett y primera en la que Glenn Kotche —actual batería de la banda— se sentó a la batería. Varias de sus creaciones más inspiradas, como “Jesus, etc.”, “Radio Cure” o “Ashes of American Flags” se dan cita en esta entrega.

En Schmilco las canciones se sostienen con lo mínimo, sin necesidad de florituras ni artificios

El guitarrista Nels Cline y el multiinstrumentista Pat Sansone aparecieron por primera vez en los créditos de Kicking Television: Live in Chicago (2005), un disco recopilatorio en directo que se intuye como cierre de etapa. Con Sky Blue Sky (2007) se inició un nuevo ciclo en el recorrido de la banda. A partir de entonces las cosas fueron diferentes. Por un lado, una vez situados en la cúspide del rock norteamericano, las expectativas sobre cada uno de sus lanzamientos aumentaron considerablemente. Y cuando esto sucede, es inevitable defraudar. Además, la incorporación de Nels Cline como guitarra solista y la mayor estabilidad en la vida personal de Tweedy
—tras muchos años con migrañas y repentinos ataques de ansiedad— influyeron en la deriva musical de la banda.

En Sky Blue Sky y Wilco (The Album) (2009) el grupo renunció parcialmente a su ambición innovadora y apostó por un pop minimalista y delicado, a veces previsible pero ejecutado con maestría. En The Whole Love (2011) profundizó en la misma línea con mejor resultado, recuperando el ruidismo de antaño en momentos puntuales.

El verano del año pasado la banda colgó en la red un nuevo álbum, Star Wars. La publicación de este, que podía descargarse gratuitamente, se produjo sin previo aviso. Esto generó cierto escepticismo de entrada, como si fuera a tratarse de algo menor. Si bien es cierto que Star Wars no está entre sus mejores obras, estas canciones, que no aparentan ser más que ligeros juguetes sonoros, desdibujan por primera vez la frontera entre su dimensión tradicional y la experimental. Aunque da la sensación de que el experimento se queda a medias, Star Wars supone otra vuelta de tuerca estilística en su carrera, así como la manifestación de que en Wilco están dispuestos a seguir explorando.

Recuerdos de infancia

Este pasado mes de septiembre salió a la luz Schmilco, cuyo contenido fue concebido en las mismas sesiones de grabación que Star Wars. Cuenta Tweedy en una entrevista reciente que el primer día que entró al estudio sabía que de aquellas sesiones saldrían dos discos diferentes. Así sucedió: las tomas más eléctricas y bulliciosas se incluyeron en Star Wars, mientras que aquellas de corte acústico, en las que la voz de Tweedy luce más, fueron a parar a Schmilco. Aunque son álbumes muy diferentes, los dos van directos al grano, sin un ápice de grandilocuencia, y suenan orgullosamente lo-fi.

La última virguería de Wilco comparte actitud y colorido con Sukierae (2014), el disco que Jeff Tweedy grabó junto a su hijo Spencer a raíz de la enfermedad de su mujer. En ambos casos Tweedy, cerca de cumplir los 50, vuelve la vista atrás y reconstruye sus recuerdos de infancia con la intención, quién sabe, de dar sentido al presente. “Normal American Kids” es un relato sin ambages sobre la distopía de crecer en un suburbio americano. “If I Ever Was I Child” se desarrolla sin sobresaltos, al estilo de “Summer Noon”, y es quizás la más preciosista de todas; el cantante insinúa aquí que el dolor, en su justa medida, es algo a perseguir para sentirse vivo (“I hunt for the kind of pain I can take”). “Cry All Day” empieza suave pero pronto se mueve veloz, ansiosa y sin compasión, mientras el narrador evita recrearse en su propio dolor. En “Happiness” ni la aprobación de su madre, que “donó su cuerpo a la ciencia”, puede evitar la menos irónica depresión existencial. El título de “We Aren’t the World (Safety Girl)” remite al famoso charity single de los 80; la canción, en la que hay políticos que dan discursos mientras agitan sus puños, termina por ser una bonita historia de amor adolescente de regusto power-pop.

En el estribillo de “Low Key”, una canción de Sukierae, Jeff Tweedy asegura que aunque se ponga contento nadie lo notará, porque él siempre ha sido un tipo sencillo y discreto (“If I get excited, no one will know / I've always been low key”). Schmilco es precisamente un paso más hacia esa sencillez, esta vez musical, un estadio donde las composiciones se sostienen con lo mínimo, sin necesidad de las florituras y artificios de antaño. Las letras tampoco tienen ya ese halo de urgencia, una vez Tweedy se ha alejado del precipicio y sonríe más a menudo. Con el tiempo ha redirigido la mirada a otros lugares, como la infancia o el paso del tiempo. Pero no solo ha evolucionado el fondo, también la forma. La ironía, por ejemplo, está muy presente en el disco, junto a una especie de humor negro. El dibujante catalán Joan Cornellà es el artífice de la portada del disco. Los personajes de sus ilustraciones, como sucede en Schmilco, resuelven sus problemas felizmente de la forma más surrealista o, como en el caso de la portada, dolorosa.

A partir de la publicación de Sky Blue Sky cada vez que Wilco presentaba material nuevo algunas voces se dedicaban a añorar tiempos pasados en su discografía. Los de Chicago, decían, no solo habían perdido su frescura sino que se habían acomodado en un pop descafeinado y previsible. En 2007, una crítica de Rob Mitchum en la revista Pitchfork afirmaba que la banda por fin se había quitado el disfraz y reconocido su verdadero estilo, el “dad-rock”, o grupo de rock para padres. Schilmo sirve al menos como refutación de estas tesis. Porque los chicos de Wilco siguen vivos. La pregunta ahora es cuándo volverán a reinventarse.

Schmilco
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Wilco
dBpm/Anti