20/7/2019
Literatura

Ordenar el mundo. Una lista de listas

Inventarios, decálogos y listas de propósitos o consejos son algunos de los ejemplos que recoge el libro de Shaun Usher

AHORA / Zita Arenillas - 05/02/2016 - Número 20
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Ordenar el mundo. Una lista de listas
Lista de artistas para el Armory Show de Pablo Picasso (1912).
En el año 2000 Stephen Frears estrenó Alta fidelidad, adaptación cinematográfica de la novela homónima de Nick Hornby. En la película, John Cusack interpreta al dueño de una tienda de discos al que deja su novia, Laura. El leitmotiv de la película es la confección de listas, siempre en forma de top 5: las mejores caras A, los mejores temas sobre la muerte, los trabajos que Rob hubiera querido tener... y, por supuesto, las cinco cosas que más echa de menos de Laura. Estas listas ejercen una de las funciones que pueden tener: clasificar. Lo mismo que hacen los cada vez más abundantes (tal vez adictivos) rankings de “lo mejor de”.

La elaboración de listas es un instrumento para la organización de la vida personal y pública. Y es así desde hace mucho tiempo. De ello da cuenta Listas memorables, fruto de la labor de recopilación de Shaun Usher, que ya publicó un libro en el que reunió ejemplos de correspondencia. En este caso, se recogen más de cien listas “confeccionadas por gente anónima y personajes célebres de la historia”, como dice el subtítulo, cuyas fechas de creación van del año 1250 a. C. al siglo XX.

Cumple y tacha

Listas memorables salió a la venta en diciembre de 2015. Una de las tradiciones de fin de año es escribir los propósitos para el futuro, como si el 1 de enero a las 00:01 fuera el momento mágico en el que se adquiere la capacidad de hacer cualquier cosa. Sin embargo, no se trata simplemente de una costumbre: hacer una lista de intenciones resulta positivo desde un punto de vista psicológico. Es una manera de determinar cuáles son las prioridades de cada uno. Además, una lista hace que en la conducta de la persona “haya una coherencia, además de ‘probabilizar’ la consecución de objetivos”, como explica Francisco Cózar, profesor del departamento de Psicología Biológica y de la Salud de la UAM.

Al escribir lo que se quiere hacer (o lo que se tiene que hacer), se marca una pauta. Como si se diera un ritmo a las acciones por realizar, que de repente cobran orden y sentido. Y tiene que haber una meditación previa: no se puede escribir una lista de propósitos sin haber reflexionado antes al respecto. Dicho de otra manera, hacer una lista estructura el pensamiento. Y para que esta adquiera todo su alcance, es habitual ir tachando aquellos elementos que se han cumplido. Uno podría, de este modo, llegar a ser esclavo de su lista. En cualquier caso, las listas son una herramienta útil. Como dice el ensayista y editor estadounidense Arthur Krystal en uno de sus artículos en The New York Times, se revisten de “una precisión y una formalidad que nos hacen pensar que tenemos las cosas bajo control”.

En el libro de Usher hay varios ejemplos de listas de propósitos (aunque no estén ligados al cambio de año) o tareas. Una, la que da comienzo a la recopilación, es de Johnny Cash e incluye acciones tan naturales como toser, comer y hacer pis. El escritor estadounidense Kurt Vonnegut escribió una especie de contrato por el que se comprometía a realizar determinadas tareas domésticas cuando su mujer se quedó embarazada de su primer hijo. Entre ellas, esta: “En caso de que sea causante directo de un cerco en la bañera después de darme un baño, limpiaré dicho cerco con la ayuda de detergente y un cepillo, no con mi toalla”.

Un caso extremo de esta modalidad de lista se encuentra en el cine: Ann, la chica de 23 años que protagoniza Mi vida sin mí (Isabel Coixet, 2003), escribe todo lo que quiere hacer antes de morir cuando el médico le dice que le quedan pocos meses de vida.

Este tipo de listas tienen una finalidad utilitaria. Son listas prácticas, una de las dos tipologías que diferencia E. Belknap en The List: The Uses and Pleasures of Cataloguing (Yale University Press, 2004). Cuando Galileo hizo la lista de la compra que Usher recoge y  en la que se incluyen los elementos para fabricar las lentes de su telescopio estaba haciendo una lista práctica: el objetivo era que no se olvidara de nada.

Decálogos

La otra cara de los propósitos, que salen de uno mismo, serían las obligaciones y normas que vienen impuestas por otro. En ambos casos se trata de guiar los actos de las personas, pero cuando los imperativos (sean vinculantes o no) llegan de fuera, adquieren otro carácter.

En los años 30 del siglo pasado, en Washington D. C. un grupo de mujeres formó el Club Anticoqueteo. El motivo de su creación fueron los abundantes acosos a jóvenes. Sus 10 recomendaciones, que se pueden encontrar en el libro de Usher, resultan sorprendentes. Por ejemplo, “no descuides al hombre del que estás segura coqueteando con otro. Cuando vuelvas al primero, tal vez descubras que ya se ha ido”. Llama la atención que entre los consejos para roqueras de Chrissie Hynde, cantante de Pretenders, esté: “No te quejes por ser una chica, no hagas referencia al feminismo ni te quejes de discriminación sexista. A todas nos han tirado por una escalera y nos han jodido, pero nadie quiere escuchar a una quejica. Mejor escribe una canción nada sutil sobre el tema y sácale partido ($)”.

La elaboración de listas es un instrumento para la organización de la vida personal y pública

Ambas listas se estructuran como un decálogo, un formato clásico también para los consejos. Uno de los más conocidos es el que Augusto Monterroso dirigió a los escritores —que tiene 11 puntos: como indica la RAE, un decálogo no tiene por qué tener 10 elementos—. En Listas memorables se recogen varios, y no solo dedicados a literatos. Están el decálogo de la mafia, los 10 mandamientos del estafador, los de la vuelta a la universidad de Sylvia Plath o los consejos para guionistas de Billy Wilder.

Conocer y conocerse

Cabe preguntarse: ¿es imprescindible que una lista este gráficamente organizada en puntos diferenciados, a ser posible numerados? Esa es su apariencia clásica.

En 2009 el Museo del Louvre pidió a Umberto Eco que organizara un ciclo de actos en torno a una exposición titulada Mille e tre. La muestra acogía obras gráficas que mostraban cómo ha evolucionado el concepto de lista. De esa experiencia surgió El vértigo de las listas (Lumen, 2009). El semiólogo italiano considera que las enumeraciones también son listas; lo mismo que los catálogos. El concepto de lista se flexibiliza y abarca más de lo que a priori se pensaría.

La selección de “lo mejor de” refleja la personalidad de quien la hace: es un autorretrato

En una entrevista en Der Spiegel Eco explica que el ser humano hace listas para crear orden y enfrentarse al infinito y dar cuenta del conocimiento que se posee. Concede cierta atención a lo que llama “enciclopedias medievales” (si bien ese término se considera patrimonio de la Ilustración); una suerte de “colecciones del saber”. Lo más parecido a este tipo de listas que recoge el libro de Usher, más centrado en los siglos XIX y XX y en lo que antes se ha llamado listas prácticas, es un papiro egipcio en el que se hace un elenco de sueños y su interpretación.

Pero las listas pueden ser también una forma de conocerse a uno mismo y su entorno. Susan Sontag escribió en su diarios: “Las cosas que me gustan […] no existirían a menos que yo dé significado a mi interés anotando sus nombres”. Usher recoge las instrucciones de Sontag para criar un hijo, pero ella escribió otra sobre sus gustos.

Hacer una selección de “lo mejor de” refleja la personalidad de quien la hace: es un autorretrato a través de los gustos personales y juicios de valor. Listas memorables incluye las 10 novelas americanas favoritas de Norman Mailer, que definen cuál es el tipo de narrativa que prefiere. Lo mismo podría decirse de Edith Wharton. O de Ernest Hemingway.

Listas infinitas

Tanto Umberto Eco como Belknap (en quien el primero se apoya) hablan también de listas literarias o poéticas, en oposición a las listas prácticas. Eco considera que se trata de un género literario y su libro es una antología de su presencia en la historia de la literatura (y la pintura, pues considera también las listas visivas). Usher recopila sobre todo listas útiles y da cuenta del recurso que son para el ser humano. Pero cuando se amplía el campo de visión a la literatura —y se considera que la forma de la lista no tiene por qué ser la clásica—, surge el vértigo del que habla el escritor italiano. Las hay en el Doctor Faustus de Thomas Mann, en Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino, en el poema “Posibilidades” de Szymborska, en Gargantúa de Rabelais, en casi todos los libros de Georges Perec, en El arco iris de la gravedad de Thomas Pynchon, en la poesía de Jacques Prévert... En El Aleph de Borges está la lista universal: “La enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito”.

Dijo Umberto Eco en una conferencia: “Me di cuenta de que podía usar solo una pequeña parte de la incalculable serie de grandes y célebres listas que aparecen en la historia de las diferentes literaturas. Tuve que ignorar muchas, muchísimas las sigo ignorando, y después de que apareciera el libro encuentro siempre alguien que me cita listas maravillosas que yo descuidé”.

En la literatura, donde todo es posible, las listas se hacen aún más proteicas. Basta que su autor las revierta de coherencia dándoles un título, de manera que podría decirse que las listas son, en efecto, inagotables.

Listas memorables
Listas memorables
Recopiladas por Shaun Usher
Traducción de Javier Guerrero
Salamandra, Barcelona, 2015, 326 págs.