18/6/2019
Política

Podemos se enzarza en su metamorfosis

Iglesias y Errejón tienen claro que la máquina electoral está agotada, pero encaran con diferencias la transformación del partido a partir de otoño

AHORA / Jacobo Pedraza - 08/07/2016 - Número 41
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Podemos se enzarza en su metamorfosis


El decepcionante resultado del pasado 26 de junio, que supuso la pérdida de más de un millón de votos para Unidos Podemos y desmoralizó a sus bases y votantes, ha acelerado la transformación que Podemos tenía prevista para el final de este intenso ciclo electoral que comenzó en 2014 con las europeas y que terminará este año con los comicios en Galicia y Euskadi. El partido que lidera Pablo Iglesias se encuentra ahora sumido en una crisis estructural, de identidad y de confianza, que lo ha marginado de la formación del futuro gobierno y ha desembocado en un profundo debate sobre lo que debe ser en el futuro.

El secretario general y su número dos, Íñigo Errejón, coinciden en señalar que la “hipótesis Podemos”, con la que se definía a la formación morada como una máquina electoral ágil y atractiva, ha muerto, y que se debe dar paso a otro modelo más sólido y robusto, más duradero. Pero la imagen que ambos tienen de ese otro Podemos que debe surgir a partir de otoño es distinta, y los partidarios de uno y otro modelo han comenzado ya una pugna por convencer a la militancia. Las principales divergencias están en la forma futura de las alianzas con otras fuerzas, un tema que ya había enfrentado a Iglesias y Errejón con el acuerdo con Izquierda Unida, cuando la relación entre ambos ya se había deteriorado por la postura de cada uno en cuanto a la negociación de un acuerdo con el PSOE tras el 20-D. 

Iglesias apuesta por profundizar en las alianzas reforzando Unidos Podemos más allá de lo electoral

Los dos líderes y sus respectivos simpatizantes en la cúpula de Podemos han manifestado repetidas veces sus diferencias respecto al diagnóstico de lo ocurrido en las pasadas generales (71 escaños que nadie se esperaba, cuando los sondeos a pie de urna ya cantaban el sorpasso al PSOE) y a su visión de aquello en lo que debe mutar Podemos. Los cursos de la Universidad Complutense de Madrid en San Lorenzo del Escorial han servido para que las cabezas visibles del partido dieran (aprovechando el tono académico que les brota cuando se encuentran en un entorno universitario) el pistoletazo de salida al cambio de su formación. Iglesias proclamaba que “se ha acabado la hipótesis Podemos. Se acabó el Blitz”, en referencia a la guerra relámpago que su formación ha practicado en cada cita electoral, con un estilo rompedor y con capacidad de maniobra pero sin una base sólida. Reclamaba pasar, recurriendo a Gramsci como pilar teórico, de la guerra de movimientos, que era el asalto a los cielos, a la de posiciones.

Iglesias: el “bloque histórico”

El líder de Podemos (habituado, a diferencia de Errejón, a hablar de Unidos Podemos y no solo de su formación cuando habla del futuro) cree que la transformación del partido pasa por la construcción de un  “bloque histórico”, para el que cuenta con una “izquierda histórica renovada”, en referencia a la IU de su socio Alberto Garzón (y a una ICV también actualizada).

Iglesias apuesta por profundizar en las alianzas, es decir, dotar a Unidos Podemos de un carácter más allá del puramente electoral. Cree que el resultado del 26-J sin la confluencia con IU y el resto de alianzas territoriales hubiese sido peor, y que ese es probablemente el suelo electoral de la amalgama de corrientes y partidos políticos que lideraba. Con más cohesión, más estructura y más entendimiento entre quienes conforman esa unión (con Podemos como “núcleo irradiador”, dijo citando al propio Errejón), el secretario general cree que se estará en condiciones de ganar las próximas elecciones. Para entonces Unidos Podemos sería más real, más palpable, más creíble y las fuerzas que lo integran no habrían perdido su independencia. Iglesias anticipó su apoyo a la idea sostenida por Ada Colau desde hace tiempo: crear una identidad política propia, un partido nuevo en Cataluña que supere la unión de otros partidos y que “se federase” con Podemos. Iglesias y Errejón coinciden en que el futuro de las confluencias pasa por que sus marcas crezcan con autonomía, pero esas marcas incluyen tendencias más cercanas a la izquierda tradicional (Anova en Galicia o ICV en Cataluña) y otras más modernas (las definidas por Ada Colau y Mónica Oltra) que mantienen su apoyo a la alianza pero que llegado el momento pueden tener que elegir bando o reclamar más protagonismo.

Errejón: construir pueblo

Errejón expuso un planteamiento teórico similar al de Iglesias en los mismos cursos de verano. El secretario político del partido, sin embargo, dedica su mirada a largo plazo al futuro de Podemos, no al de la coalición, cuya vida cree que debe ceñirse a las citas con las urnas. Su idea va más encaminada al concepto de construcción de pueblo, una de las bases de su planteamiento teórico-estratégico para la formación morada. Para ello sí necesita, al menos de momento, a Unidos Podemos y a Garzón. “Garzón sí que suma. Su presencia ayuda a que otros transiten hacia Unidos Podemos”, expresó el pasado lunes. El número dos siempre mantuvo reticencias en cuanto a la confluencia con “la izquierda tradicional”, y nunca ha dejado de sostener (criterio opuesto al de Iglesias) que debería tratarse de una unión coyuntural. Errejón ve Unidos Podemos como un instrumento para sumar gente mientras se va construyendo una mayoría nueva alejada de la dicotomía izquierda-derecha, y Garzón es un activo político y representa ese tránsito.

Errejón cree que hay que ganar desde Podemos la batalla del discurso y el terreno sociocultural

Pero Errejón cree que Podemos debería centrarse en crear un pueblo que haya superado ese discurso. Quiere construir un “terreno cultural” nuevo, no jugar en el de su adversario. Para eso hay que dotar de implantación a Podemos (y no a Unidos Podemos) y utilizar “el arte y la estética”. “Un pueblo es una comunidad con solidaridades compartidas y que se emociona, ríe y llora junta. Y eso se hace con el arte y la estética, mucho más importantes que los programas”, valoró el que es precisamente responsable político (de campaña, discurso y programa) del partido. Errejón quiere mitos nuevos, canciones nuevas, símbolos, banderas, narraciones “que nos cuenten nuestra historia, nos emocionen y nos referencien”. Las Moradas de Podemos, sus sedes sociales, son el mejor ejemplo de lo que es esta implantación sociocultural de la ideología del partido. Este asentamiento permitiría a su vez, según su hipótesis, que Podemos generase cuadros nuevos a mayor velocidad.

Las diferencias teóricas de ambos líderes se palpan incluso en el grado de optimismo con el que encaran el futuro, que tiene que ver con el hecho de estar realizando una proyección a varios años vista, el “carril largo” que ansiaba Errejón y que Iglesias teme por tratarse aún de un futuro difuso y alejado del corto plazo que ya domina. “Está por ver”, repitió innumerables veces el secretario general sobre varios de sus planteamientos. El líder del partido llegó a decir que “acojona pasar de ser partisanos a un ejército regular” y que el futuro Podemos podía “ganar las elecciones o darse una hostia de proporciones bíblicas”.

Soldados y armas

En el debate que se abre ahora se vislumbra una batalla que puede llegar a decidirse en el congreso extraordinario que Podemos maneja celebrar el próximo otoño. Para ese enfrentamiento, las respectivas cabezas de cada corriente cuentan con sus soldados y sus armas y ya los están poniendo en liza. Iglesias y los suyos han tenido mucha más presencia que Errejón y quienes le apoyan en los espacios de discusión pública previos al consejo ciudadano del sábado. Por la Complutense ha pasado Errejón, sí, pero los cursos estaban coordinados por Luis Alegre (afín a Iglesias) y han tenido como invitados a muchos colaboradores cercanos del secretario general, que han expresado tesis muy similares a la suya: Irene Montero, Carolina Bescansa o Rafa Mayoral, entre otros (además de Monedero, verso suelto hasta para intervenir en este foro). Iglesias también trató la conversión de su partido en Fort Apache, su programa de televisión, que tuvo como tertulianos a la propia Montero y a Manolo Monereo (padre político de Iglesias), pero a ningún errejonista.

En el debate privado las tornas cambian. Errejón tiene una mayoría de afines a sus posiciones en el consejo ciudadano de Podemos, algunos tan importantes como Jorge Moruno (responsable de discurso), Jorge Lago (director del Instituto 25M, que gestiona las Moradas) o Nagua Alba (secretaria general en Euskadi, donde Podemos ha sido la fuerza más votada). Todos ellos han manifestado en sus columnas y redes sociales planteamientos en la línea de lo avanzado por Errejón.

El debate se dará de forma más o menos pacífica (de momento, asentado en un plano muy teórico y a falta de lo que dé de sí la ejecutiva de este sábado para hablar de las causas del resultado electoral, la sangre no llega al río), pero la forma final que tome Podemos no se decidirá hasta que vote la militancia en el congreso de otoño. Que las posiciones de Errejón e Iglesias lleguen divididas hasta ese momento es un riesgo considerable para el futuro del partido. No se trata de dos planes totalmente opuestos, así que se podría buscar una salida en la que se complementen el uno al otro.

¿Hablaremos del gobierno?

Que los principales líderes de Podemos se hayan sumido ya a principios de julio en replantear teóricamente el partido, cuando aún no se ha constituido un nuevo gobierno, demuestra que dan por hecho que su papel en la conformación del mismo será testimonial, una posición que crispa al sector más batallador de Podemos, con Teresa Rodríguez al frente (y aliados de Iglesias desde que Pablo Echenique es su secretario de organización). El propio Pablo Iglesias se mostraba seguro de que no habrá unas terceras elecciones, al tiempo que confesaba que no había mantenido contactos con Pedro Sánchez. Para que Podemos barajase una idea distinta a la de asentarse en la oposición tendrían que ser los socialistas quienes diesen el primer paso de cara a buscar una mayoría alternativa a la del PP. Como de momento esto no ocurre, la formación morada se centra en su replanteamiento y en la estrategia que van a seguir para tener un papel relevante y diferenciado en el nuevo ciclo parlamentario.

Podemos tratará de hacerse con el liderazgo de la oposición al PP a pesar de tener menos escaños que el PSOE. “El trabajo parlamentario puede ser maravilloso o sumirnos en el cretinismo y que nos acabemos convirtiendo en aquello con lo que estamos”, avisaba el lunes Iglesias. Quieren ser diferentes. Ponérselo tan difícil al PP que no pase del ecuador de la legislatura. Y para entonces, esperan haber completado ya su metamorfosis. Y ser más normales, pero seguir siendo distintos.