18/8/2019
Internacional

¿Puede Trump ganar las elecciones de EE.UU.?

Sin el voto de las minorías es imposible vencer y el republicano ha insultado a todas en su ascenso incendiario. Pero estos comicios son imprevisibles

Dori Toribio - 13/05/2016 - Número 33
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¿Puede Trump ganar las elecciones de EE.UU.?
Donald Trump durante un acto de campaña en Charleston (Virginia Occidental) el pasado 5 de mayo. Mark Lyons / Getty
Donald Trump es el ganador de las primarias republicanas. Esta frase que hace un año resultaba impensable es hoy una realidad. El magnate ha superado todas las expectativas: ha arrasado en la gran mayoría de los estados, ha derrotado uno a uno a sus 16 rivales y ha despertado una movilización de seguidores sin precedentes. Pero también ha roto todas las reglas del juego electoral, ha ganado enemigos en cada rincón de la clase política y ha cosechado índices de impopularidad históricos. ¿Será Donald Trump el próximo presidente de Estados Unidos? Probablemente no. Pero no es imposible.

Con más de 10 millones de votos, Trump está a punto de convertirse en el republicano más votado en las primarias de la historia moderna del partido, récord que ostenta George W. Bush con 10,8 millones en el año 2000. Sin embargo, repetir este éxito en noviembre es difícil. En primarias el perfil de votante es ideológicamente extremo y la participación es mínima, comparada con los 130 millones de estadounidenses que acuden a las urnas en las elecciones presidenciales. La campaña de Trump, plagada de postulados racistas, sexistas, violentos, moralmente grises y políticamente incoherentes, tiene pocas opciones de conseguir los mismos resultados en las generales, cuando la base del electorado se amplía, se calma y se acerca al centro. El discurso de la ira no bastará para ganar. Trump debe moderar su imagen y centrar su mensaje. Así intentará reencontrarse con el voto de las minorías, a las que ha insultado profundamente, y superar el profundo rechazo del Partido Republicano. La pregunta es si será capaz de conseguirlo.

A diferencia de las primarias, en las elecciones generales el electorado se amplía y se acerca al centro

El empresario se resiste a la moderación. Asegura que será capaz de sorprender a todos “con el temperamento más presidencial visto jamás”. Pero se le escapan todavía los arranques descontrolados. En el último mes, Trump vinculó al padre de Ted Cruz con el asesinato de John F. Kennedy, insultó a todo republicano que se negó a darle su apoyo, propuso imprimir más dinero como solución al impago de la deuda y cambió su postura respecto a los impuestos a las grandes fortunas en varias ocasiones.

Esta variabilidad o flip flop, uno de los grandes pecados mortales en la política estadounidense, es justificada por sus votantes en primarias. Pero habrá que ver si es tolerada por la gran mayoría de estadounidenses en noviembre. De la misma manera que habrá que ver si su propio partido es capaz de unirse en torno a su candidatura. O si Trump será la puntilla a la crisis interna que arrastran los republicanos desde hace un lustro.

La cúpula del partido se resiste a aceptar la nominación de Donald Trump, pese a que ya es un hecho. Y muchos pesos pesados amenazan con no asistir a la convención en Ohio. “Queremos a alguien que tenga principios conservadores, los aplique y ofrezca soluciones por las que quieran votar la mayoría de estadounidenses y puedan sentirse entusiasmados”, anunciaba en CNN Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes y tercera autoridad del Estado.

La mayoría de las voces críticas considera que el magnate no es un verdadero conservador y le falta estatura política. Trump será el primer candidato de un gran partido sin experiencia de gobierno desde el general Dwight Eisenhower en 1952. Otros confiesan sentirse ofendidos, como el excandidato republicano Mitt Romney, que llegó a llamarlo en un discurso “farsante” y “fraude”. Sus críticos apuntan avergonzados a su perfil de estrella de rock y su estrategia de reality show. “Si nominamos a Trump nos destruiremos. Y nos lo mereceremos”, advertía en las redes sociales el senador de Carolina del Sur Lindsey Graham.

Donald Trump asegura con desprecio que, como outsider, no necesita al establishment para ganar, y pide respeto a sus 10 millones de votantes. Pero para vencer en unas elecciones presidenciales necesita la maquinaria del partido al que lleva meses faltando al respeto: su estructura de base, su legión de voluntarios, el apoyo de líderes clave en estados decisivos, la ingente estructura de recaudación y su experiencia electoral. Hace cuatro años, el Partido Republicano elaboró un informe interno tras la derrota de Mitt Romney que llevó a la reelección de Barack Obama. La conclusión fue que el camino hacia la Casa Blanca pasa por el voto de las minorías. Especialmente de los afroamericanos y los latinos. Romney arañó apenas el 27% del voto hispano. Con el 31%, John McCain en 2008 también perdió. George W. Bush alcanzó un 40% y por eso es el único republicano en pisar la presidencia en el último cuarto de siglo. La conclusión está clara.

Según la organización Latino Decisions, para llegar a la Casa Blanca en 2016 hay que ganar al menos un 40% del voto hispano. Y las cifras podrían quedarse cortas. Los cálculos apuntan a que este año más de 13 millones de latinos acudirán a las urnas, todo un récord. Según The New York Times, las solicitudes de naturalización de inmigrantes, para poder votar en noviembre, han aumentado más de un 10% en el último año. Y pueden ser decisivos en estados clave como Florida, Nevada, Colorado, Nuevo México, Virginia y Ohio. Pero Trump tiene pocas opciones de redimirse a estas alturas. Arrancó su campaña electoral con la promesa de construir un muro en la frontera con México y deportar a 11 millones de indocumentados, además de llamar violadores a los inmigrantes mexicanos, aplastante mayoría en Estados Unidos. Según la última encuesta de The Washington Post, 8 de cada 10 votantes latinos tienen una opinión desfavorable del candidato presidencial republicano. La cifra es del 91% entre los afroamericanos y del 75% entre las mujeres.

El candidato más impopular

En su incendiario ascenso, Trump no solo ha conseguido alienar a las minorías. Un reciente sondeo de NBC/WSJ asegura que su índice de impopularidad entre los estadounidenses roza el 65%, el más alto que ha tenido un candidato presidencial en la historia de Estados Unidos. Con esa nube oscura, sin el respaldo del Partido Republicano, las élites políticas o los grandes donantes, Donald Trump tiene un camino difícil hacia la Casa Blanca.

Para llegar a la presidencia hay que lograr al menos un 40% del voto hispano, según Latino Decisions

Así lo muestran las encuestas a nivel nacional. En el mercado de apuestas online PredictWise, los demócratas tienen un 70% de opciones de ganar en las presidenciales de noviembre, pese a la dificultad de encadenar tres legislaturas consecutivas de dos presidentes de ese partido, algo que no ocurre desde 1948. En un enfrentamiento con Hillary Clinton, que tiene la nominación demócrata casi en el bolsillo, la exsecretaria de Estado ganaría con el 54% de los votos, frente al 41% de Trump, según la encuesta de CNN del 1 de mayo.

Pero es muy pronto en la batalla presidencial para asegurar victorias. Clinton ni siquiera ha sellado la candidatura del partido. Y tiene una larga lista de debilidades que Trump conoce a la perfección. Desde la desconfianza que genera en propios y extraños hasta los escándalos sexuales de Bill Clinton, las tensiones con el FBI por los correos electrónicos del Departamento de Estado o el hartazgo de muchos estadounidenses con las dinastías políticas.

Además, el futuro de Hillary Clinton también depende de un final sin sobresaltos en la presidencia de Barack Obama. Basta con que uno de estos factores estalle para desestabilizar la carrera. La lógica dice que no ocurrirá. Pero los argumentos racionales han saltado por los aires en estas elecciones en las que sobrevuela la opción de lo impredecible. Los demócratas no deben confiarse en un país que se encoge de hombros ante las presidenciales más inciertas y decisivas de las últimas décadas para el futuro de Estados Unidos y del mundo.