22/7/2017
Europa

Renzi se la juega en la reforma constitucional

Los italianos votarán en referéndum el 4 de diciembre si reducen los poderes del Senado para facilitar al Gobierno la aprobación de leyes

Marco Calamai - 14/10/2016 - Número 55
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El 4 de diciembre los italianos votarán sí o no en el referéndum sobre la reforma constitucional aprobada por el Parlamento en abril. Según muchos observadores, será un Día D de la política italiana. Quizás no cambie gran cosa en el caótico escenario político del bel paese —que cada vez se parece más a una serie de televisión—, pero será un día crucial para Matteo Renzi, el primer ministro que quiere una reforma radical del bicameralismo paritario, único en Europa.

Una reforma que ya en 1981 pronosticaba Enrico Berlinguer, el secretario del PCI, al proponer la eliminación del Senado y afirmar que “el bicameralismo es un obstáculo y una pesadez para el funcionamiento parlamentario”. Ahora no se trata solo de la drástica reducción de los poderes del Senado, sino también de la disminución del número de senadores de 315 a 100, el modo de elegirlos (ya no serán votados por los ciudadanos, sino escogidos por los consejos regionales y los sindicatos), la reducción de los costes de las instituciones, la abolición del caro e inútil CNEL (Consejo Nacional de Economía y Trabajo) o la revisión de la parte de la Constitución que rige las relaciones entre el Estado y las administraciones periféricas.

Italicum, la nueva ley electoral, preocupa al primer ministro por un posible sorpasso del M5S de Grillo

Un amplio espectro de fuerzas políticas critican la reforma de manera cada vez más vehemente, del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) a la izquierda radical, la derecha en sus distintas formas (Fuerza Italia de Berlusconi, los posfascistas de Hermanos de Italia, la Liga Norte del xenófobo Salvini) o la minoría interna del Partido Democrático guiada por el ex primer ministro Massimo D’Alema, quien está decidido a aprovechar el momento para debilitar y tal vez “liquidar al enemigo” Renzi. El porqué de esta crítica encendida (que llega a considerar el no a la reforma como “una necesidad democrática”) parece ligado a la importancia que Renzi ha dado al resultado electoral (hace meses afirmó que dejaría el Gobierno si gana el no).

Sus enemigos han cogido al vuelo la ocasión para transformar el referéndum constitucional en una votación a favor o en contra del primer ministro. Este, vistos los sondeos, ha intentado separar su destino personal del resultado del plebiscito.

¿Cuáles son las razones de fondo de esta situación? Primero, Italicum, la ley electoral de junio de 2015 que establece un sistema de voto proporcional que sitúa el umbral para alcanzar la mayoría (el 54% de los escaños) en el 40%. Si ningún partido alcanza dicho umbral está previsto el balotaje entre las dos formaciones más votadas, con el mismo premio de mayoría.

Tras el brillante resultado de las elecciones europeas de 2014, Renzi estaba seguro de alcanzar en la primera vuelta el 40%. Pero las cosas han cambiado. El M5S de Beppe Grillo ha subido en los sondeos, mientras el PD ha bajado 10 puntos en dos años. Ahora ambos están en el 30%. La diferencia entre Renzi y Grillo es cada vez más pequeña. Se considera bastante seguro el balotaje, con un resultado final que no excluye un sorpasso por parte del M5S si, como en las municipales de Roma, muchos electores de derecha votaran por el partido de Grillo en la segunda vuelta de las generales, previstas para 2018. Eso es lo que más teme el primer ministro, quien no por casualidad ha cambiado de actitud, mostrándose más abierto al diálogo. Una segunda razón es que Renzi busca una vía de escape. De ahí su reciente declaración: “¿No os gusta Italicum? Estoy dispuesto a cambiarla. Haced propuestas, el Gobierno las examinará”. Unas palabras que expresan su miedo a perder.

En tercer lugar, detrás del caos en la política italiana está la crisis económica. Italia crece menos que otros  países de la eurozona y las previsiones del Gobierno sobre el PIB son desmentidas tanto por la Banca de Italia como por los organismos internacionales. El desempleo sigue alto (12%) y golpea a los jóvenes.

Por otro lado, en este cuadro inquietante destaca un dato positivo y sorprendente: la manera en la que Italia está afrontando el desafío de la inmigración (lleva el mayor peso de la UE, junto a Grecia). Renzi ha planteado varias veces este tema crucial a las autoridades de Bruselas. Su mensaje siempre ha sido claro: “No estoy en contra de Europa. De hecho, quiero más Europa, pero una diferente a la actual”. Aun así, nada significativo se mueve en Bruselas en relación a la inmigración masiva.

Por último, no hay que infravalorar la situación del PD, cada vez más lacerado. La minoría de izquierdas, aunque carente de un proyecto político creíble, intenta desgastar a Renzi y tiene las esperanzas puestas en el no en el referéndum. Su estrategia  se limita al cuanto peor, mejor.

La tensión del partido del Gobierno recuerda a los tonos encendidos de la crisis que ha paralizado a los socialistas españoles. La socialdemocracia vive entre dos estrategias: la liberal (que la derecha gestiona mejor) y la radical (ahora definida como populista). El resultado es la división de la izquierda. ¿Conseguirá Renzi salir del pantano político sin sucumbir a las embestidas?

Traducción del italiano de Zita Arenillas.