23/6/2017
Opinión

Sin confianza y sin gobierno

Editorial - 02/09/2016 - Número 49
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El fracaso anunciado de la investidura de Mariano Rajoy ha abierto un nuevo compás de espera en la política española. Estamos ante un paréntesis que podría cerrarse en un segundo intento, después de las elecciones vascas y gallegas convocadas para el 25 de septiembre, pero que se inicia certificando otra vez la incapacidad del Partido Popular para sumar apoyos y la indolencia de Mariano Rajoy para buscarlos. En sus intervenciones durante el pleno de investidura, el candidato pareció dar por sentado que todos los diputados de las fuerzas rivales debían prestarle su apoyo porque solo el suyo había sido el partido más votado en las últimas elecciones. Nada ofreció a nadie ni para que se sumara al pacto ni para que se abstuviera. Venid a mí porque solo yo lo merezco, pareció decirles. El desdén del candidato alcanzó incluso a Albert Rivera, firmante del pacto de los 170, que es quien ha sacado a Rajoy del inmovilismo. Alguien tan poco flexible como José María Aznar comprendió en 1996 que debía ofrecer algo a sus potenciales socios a cambio de su apoyo. Matar de aburrimiento a los adversarios y a los ciudadanos casa perfectamente con el carácter de Rajoy, pero desdice las prácticas más nobles de la democracia parlamentaria.

A partir de la derrota del candidato en la segunda votación del viernes, entraremos en un periodo con desenlace incierto. Especialmente si Rajoy mantiene su dontancredismo y sigue sin salir a la búsqueda de votos de sus afines o de abstenciones funcionales de sus adversarios. En cuanto a Pedro Sánchez, podrá exhibir como un triunfo su capacidad de resistir a las presiones, sabiendo que la suma de sus tres noes es inconsistente. Quienes han querido forzarle utilizando como arietes a los barones de Susana Díaz en adelante deberían aprender que solo habrá abstención socialista si la propuesta surgiera del secretario general. Si las circunstancias hicieran necesario sacrificar la posición del no convendría que ese cambio se produjera sin reclamar contraprestaciones, dejando que sean los jueces quienes cumplan la tarea de sacar de la Presidencia del Gobierno a Mariano Rajoy. El intento de minar la autoridad del secretario general del PSOE para obligarle a facilitar el gobierno de alguien que ha demostrado no ser de  fiar está condenado al fracaso.

A partir de la derrota de Rajoy en la segunda votación entraremos en un periodo con desenlace incierto

La política española entra en zona de riesgo con la prórroga de la parálisis del sin gobierno. Los aspavientos que los líderes prodigan para revestirse de coherencia y denunciar por contraste la deslealtad de los demás con sus votantes empiezan a sonar tan falsos como los golpes de la lucha libre contra la lona. Nuevas razones y nuevos datos deben llevar a nuevas conclusiones sin que suponga desdoro. Además, al día siguiente de instalar un gobierno los grupos parlamentarios mantendrían plena capacidad para pronunciarse en torno a los proyectos que presentara en el Parlamento.