21/6/2021
Teatro

Todos somos (un poco) idiotas

Kamikaze inaugura la nueva temporada del teatro Pavón con Idiota, un texto que aborda la culpabilización de parte de la población durante la crisis

Paula Corroto - 16/09/2016 - Número 51
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Todos somos (un poco) idiotas
Gonzalo de Castro y Elisabeth Gelabert en ‘Idiota’. Vanessa Rabade
Una taxativa psicóloga le pregunta al hombre que acaba de entrar en su consulta: “Si un hombre tarda una hora en cavar un agujero y dos hombres tardan dos horas en cavar dos agujeros, ¿cuánto tardará un solo hombre en cavar medio agujero?”. Forma parte de un test experimental que ha puesto en marcha una empresa alemana con el fin de saber hasta dónde se puede agudizar el ingenio. Un ejercicio que conllevará profundos descubrimientos sobre el comportamiento del ser humano. El hombre titubea, da varias respuestas. Yerra. Dice tonterías. Antes ha coqueteado con la psicóloga. Un pobre hombre que va de sobrado. Un idiota.

Ese es, precisamente, el título del texto de Jordi Casanovas —autor, entre otras, de la obra teatral Ruz-Bárcenas, que se llevó al cine bajo el título de B, la película— que ha abierto la nueva temporada del madrileño teatro Pavón, desde que fuera adquirido por la compañía Kamikaze de Miguel del Arco. En el juego teatral participan Gonzalo de Castro y Elisabeth Gelabert con dos interpretaciones soberbias. Intercambian preguntas y respuestas, y auténticos puñetazos, mientras el público se divierte y también entra en el ring. “Me gustan esas obras en las que hay enigmas que resolver y pueda jugar el público”, explica Casanovas. Y, es cierto, uno no deja de darle vueltas a cuánto tiempo se tardará en cavar medio agujero.

Distopía cercana a la realidad

La obra llegó al Pavón casi de casualidad. Israel Elejalde, miembro de Kamikaze, conoció la obra en Barcelona y “me pareció muy entretenida y divertida, me reí mucho leyéndola. Después descubrí que tenía mucho más, mucho más juego, y vi que tenía un ambiente muy macabro y bastante mala leche. Es una especie de mundo distópico muy cercano a la realidad que generaba en mí una especie de zozobra. A mí me gusta mucho Kafka, y en esta obra nunca se sabe realmente qué está ocurriendo”, afirma. Llamó a Casanovas, propuso el montaje y así se convirtió en la segunda obra como director de este actor más conocido por el público por sus interpretaciones en Hamlet, La función por hacer y La clausura del amor (estas dos últimas vuelven también al Pavón).

El espectador se ríe del pobre idiota del escenario, pero hay una sombra que se cierne también sobre él mismo

En un segundo nivel de lectura el espectador llega a sentirse incómodo. Se ríe del pobre idiota, pero hay una sombra que se cierne sobre él: si hay algún imbécil, ese también es el que está sentado en la butaca. “El personaje de Gonzalo de Castro sale de dos frases muy tópicas de esta época de crisis. Una es la de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, porque culpabiliza. La clase media alta y alta se ha reído mucho de esas personas que no eran capaces de asumir créditos; ahí está la demonización del personaje. Y eso es algo que nos va a quedar de esta crisis. Nos quedamos con ideas prejuiciosas y que tienden a provocar dolor al más débil. Por eso, al principio nos distanciamos del personaje, pero luego vamos conociendo sus motivos, interioridades y nos va acercando. Es lo que sucede con cualquier obra porque tiendes a prejuzgar”, sostiene el dramaturgo.

El autor del texto, Jordi Casanovas, ya tiene perfilada una pieza sobre la figura de Jordi Pujol

La segunda frase tiene que ver con el propio teatro: en época de crisis, aumenta nuestra creatividad, una sentencia con la que Casanovas está completamente en contra. “No es verdad, lo que hace es que mucho talento desista y tenga que ir a buscar cómo sobrevivir y mantener a la familia. Algunos podemos seguir currando, pero hay algo de suerte.” Él, pese al éxito “sorprendente” de Ruz-Bárcenas, sabe bien cómo se encuentra una profesión que en los últimos años ha sido maltratada desde el punto de vista fiscal. “A mí no me gusta reclamar, pero no se debería poner tantos impedimentos. Cuando alguien quiere montar un teatro o una empresa para una obra hay tal cantidad de obstáculos para un proceso que ya es frágil de por sí que hace muy difícil que se mantenga. Lo que pido siempre son menos problemas. Si hay empresas ajenas que quieren invertir, pues fantástico; si los teatros pequeños pueden abrir con más facilidad, mejor; si no hay un IVA restrictivo… Simplemente habría que quitar los obstáculos. Pero no hay voluntad”, sostiene. El ejemplo está en las salas y compañías que han cerrado en los últimos años. O las dificultades que existen para que actores puedan cotizar, como llevan meses reclamando desde la Unión de Actores la creación del Estatuto del Actor, al que en este limbo electoral ni está ni se le espera.

Abrir una sala de teatro

Por este motivo, es llamativo que Kamikaze se haya lanzado a reabrir una nueva sala cerrada desde que la Compañía Nacional de Teatro Clásico se trasladó al Teatro de la Comedia a finales del año pasado. Elejalde es muy consciente de la dificultad: “Por un lado también se trata de dar rienda suelta a la imaginación. Afortunadamente, ni Miguel [del Arco] ni yo tenemos necesidad de tener un teatro. Tenemos ofertas, tenemos un público, y podríamos seguir montando sin tener que arriesgar nuestro dinero. Luego miras la deuda con el banco y te vienes abajo, pero lo hacemos porque tener este espacio nos permite jugar en casa. Lo hemos buscado siempre”.

También pretenden llevar al espectador nuevos montajes. Desde la compañía se han planteado un teatro en el que haya revisión de clásicos, pero también experimentar con autores contemporáneos, como es el caso de esta obra de Casanovas, quien por otro lado ya tiene perfilado un texto que abordará la vida de Jordi Pujol y que promete remover como hiciera el personaje del extesorero del PP.

Idiota
Idiota
Texto de Jordi Casanovas
Dirección de Israel Elejalde
Con Gonzalo de Castro y Elisabeth Gelabert
En el teatro Pavón