14/10/2019
Internacional

Zika: una crisis, dos discursos

Expertos minimizan el riesgo individual para los deportistas, pero discrepan sobre el peligro de extender el virus a otras regiones

Arantza Prádanos - 15/07/2016 - Número 42
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Zika: una crisis, dos discursos
Vista microscópica de tres mosquitos macho en el Centro de Control Vectorial de Enfermedades Tropicales (Guangzhou, China), donde se cultivan millones de mosquitos para prevenir la extensión del Zika. Kevin Frayer / Getty
Sin prisas, el virus Zika sigue conquistando nuevos territorios. Hoy está presente en 62 países —y tres más en un brote anterior— con evidencias de transmisión local a través del mosquito Aedes. En vísperas de la gran cita olímpica el ritmo de contagio en Brasil ha bajado con la llegada del invierno austral pero en conjunto “el brote no remite”. En su último dictamen, la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene la declaración de emergencia para la salud pública internacional y, también, su convicción de que, pese a ello, no es necesario restringir el movimiento de viajeros hacia o desde el epicentro de la epidemia.

A juicio del epidemiólogo Pedro Arcos González, no cabía esperar otra cosa de la OMS. “Los que trabajamos en epidemiología y en salud pública internacional tenemos una percepción de la OMS diferente de la de la opinión pública”, ironiza. “Es una diplomacia política y estamos hablando de una patata caliente de miles de millones de dólares”. El coste estimado de los Juegos es de casi 10.000 millones de dólares, tanto de fondos públicos como inversión privada.

Ex presidente de Médicos Sin Fronteras España, miembro de la Red de Ayuda de Emergencia (ReliefWeb) de Naciones Unidas y uno de los 230 expertos internacionales que suscribieron el reciente llamamiento a la OMS para posponer o reubicar las Olimpiadas de Río, Arcos cree con los demás firmantes que un evento de esa magnitud, con un flujo estimado de entre medio y un millón de visitantes, puede diseminar el virus por los cuatro puntos cardinales.

Distorsiones

“Hay una confusión, no sé si deliberada o no. Es cierto que el riesgo de infectarse para alguien que acuda a las Olimpiadas será medio-bajo, pero de lo que hablamos es del peligro para la salud pública global. Lo que no se puede hacer —insiste— es tratar esto como si fuera un problema de riesgo individual de un deportista o un turista, porque es distorsionar completamente la dimensión de salud pública del problema. De este modo corren el riesgo de introducir y hacer endémico el virus en muchas zonas donde de otra forma eso no sucedería”.

El Gobierno brasileño calcula que a lo largo de 2016 se contagiarán un millón y medio de personas en todo el país

Como cabía esperar, la petición fue desestimada. A juicio de la OMS, los Juegos “no alterarán de forma significativa la expansión del virus”. Pese a admitir que el actual brote de Zika ha demostrado capacidad de saltar de un continente a otro y “establecer nuevas cadenas de transmisión” allá donde el mosquito vector está presente, el riesgo de que los JJ.OO. y Paralímpicos lleven la epidemia a otras latitudes es “muy bajo” por la menor actividad biológica del mosquito en estos meses, y las medidas adicionales de control comprometidas por el país anfitrión. El propio Gobierno brasileño calcula que a lo largo de 2016 se contagiarán un millón y medio de personas en todo el país, y los casos de microcefalia congénita por Zika en bebés pueden sumar 16.000.

Aunque rechazada, la carta de los expertos ha puesto de relieve la existencia de dos discursos sobre la crisis del Zika: el de la tranquilidad que transmiten las instancias oficiales y otro, en el ámbito científico, más cauteloso. Hay razones para ello. Cuando apareció en Brasil, en la primavera de 2015, se sabía apenas nada de esta virosis de la misma familia (flavivirus) que el dengue o la fiebre amarilla. Hoy equipos de todo el mundo trabajan contrarreloj para caracterizarla y en busca de una vacuna que aún tardará años. Han identificado la cepa asiática de la que procede, así como unas estrategias de infección y vías de contagio inesperadas —placentaria, sexual y sanguínea— que distinguen al Zika de otros arbovirus transmitidos por el mismo mosquito (Aedes aegypti y menos el Aedes albopictus o tigre). Aun así, el brote ha devenido en epidemia en América Latina y el Caribe. La enfermedad es leve, incluso asintomática, para cuatro de cada cinco contagios, pero ha confirmado su potencial dañino en el otro 20% y en fetos de gestantes infectadas.

Más anomalías

El Zika es intensamente neutrópico. El catálogo de posibles secuelas congénitas de esa atracción del virus por el tejido nervioso no se limita a la microcefalia de bebés contagiados en el útero materno. Hay nuevas evidencias de “un rango más amplio de anomalías”, señala la OMS. Incluso en neonatos con el cráneo de tamaño normal se han detectado daños cerebrales, convulsiones, irritabilidad, espasmos, rigidez muscular o merma visual. Investigaciones preliminares en Colombia, el segundo país con mayor número de casos, sugieren que el virus puede afectar también a los “sistemas genitourinario, cardiaco y digestivo”.

Y en el caso de los adultos, además del síndrome autoinmune de Guillain-Barré, los científicos evalúan si el Zika puede infectar directamente a las neuronas y nervios, como sucede en los fetos. Tanto en el brote de la Polinesia Francesa de 2013 como en el actual, hay “un número creciente de desórdenes del sistema nervioso central” —New England Journal of Medicine, 25 de mayo—, y cuadros de encefalitis, meningitis o parálisis fácil, sospechosos de estar relacionados con el virus.

Es un enigma por qué el Zika se comporta así. Quizá porque está afectando a una población virgen, sin inmunidad. O bien por la posible interacción con otros virus como el dengue. “Esta hipótesis se apoya en que tanto en el gran brote de Brasil como en la Polinesia francesa se notificaron los síntomas del virus Zika en el contexto de epidemias de dengue que ocurrían en ese momento”, apunta Agustín Benito Llanes, director del Centro Nacional de Medicina Tropical. Y no es descartable una eventual mutación del virus. “La infección por virus Zika parece haber cambiado de carácter a medida que ha expandido su ámbito geográfico”, escribía hace poco la investigadora de la OMS Mary Kay Kindhauser.

Muchas otras preguntas siguen sin respuesta. Por qué el virus se ceba con algunos fetos y otros, la mayoría, nacen sanos —hay un caso incluso entre gemelos—. Si es factible el contagio por vía sexual de una mujer infectada a su pareja, si puede un enfermo sin síntomas transmitir la virosis a pesar de todo, o cuánto dura la capacidad infecciosa del virus en el semen masculino.

El aviso de Gasol

Es en este contexto de incertidumbre en el que Pau Gasol alzó la voz para manifestar sus dudas sobre si acudir o no a Río, o incluso la posibilidad de congelar su esperma. Antes de decidir participar en los Juegos al lado de la selección de baloncesto, al jugador le extrañó el escaso debate suscitado en España sobre las complicaciones potenciales del virus. Su aldabonazo no sentó bien. Tanto el Ministerio de Sanidad, como la Secretaría de Estado para el Deporte y el Comité Olímpico Español han negado que falte información.

“Se da todo lo último que se sabe en cada momento”, recalca Fernando Gutiérrez, director del Centro de Medicina del Deporte, dependiente del Ministerio de Educación. Encargado de dar charlas y presentaciones sobre el Zika a numerosos deportistas, Gutiérrez tampoco ve probable un hipotético problema de salud pública global derivado de las Olimpiadas. “El riesgo cero no existe pero las posibilidades de tener algún problema van a ser mínimas o casi ninguna” —asegura—, si los atletas adoptan medidas preventivas frente al mosquito y cautelas en las relaciones sexuales, durante y a la vuelta. España ha reportado hasta la fecha un caso de contagio por vía sexual de un hombre a su pareja, al regresar el primero de un viaje a un país afectado por el Zika.