22/9/2019
Internacional

China, del Ejército popular al global

La reforma debe servir a los intereses estratégicos y a su defensa como superpotencia del siglo XXI

Georgina Higueras - 26/08/2016 - Número 48
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China, del Ejército popular al global
Soldados chinos en la plaza de Tiananmen durante un desfile militar, el 3 de septiembre de 2015. Kevin Frayer / Getty

China ha iniciado la reforma más ambiciosa de sus Fuerzas Armadas desde la fundación del Ejército Popular de Liberación (EPL), el 1 de agosto de 1927. Se trata de una transformación total que afecta tanto a la reestructuración interna y unificación del mando como a la dotación del armamento más moderno. Con el cambio se pretende pasar de un “ejército popular” a una “fuerza de combate global” capaz de servir a los intereses estratégicos y a la defensa de China como superpotencia del siglo XXI.

El presidente Xi Jinping anunció en septiembre de 2015 la creación del Alto Estado Mayor del EPL, la transformación de las siete regiones militares en cinco teatros de operaciones bajo la supervisión directa de la Comisión Militar Central (CMC) y la reducción de 300.000 soldados del mayor ejército del mundo, con 2.250.000 efectivos. Dos meses después se informó de que además de las fuerzas de Tierra, Mar y Aire, se crearían, independientes de esas tres, la Fuerza de Misiles y la de Apoyo Estratégico, lo que revela la enorme importancia que Pekín concede a estos dos pilares de su defensa. La Fuerza de Misiles incluye los cohetes de medio y largo alcance, tanto convencionales como nucleares, además de las crecientes flotas de submarinos y aviones estratégicos, como los superbombarderos. La Fuerza de Apoyo Estratégico engloba a “los nuevos tipos de fuerzas”, las espaciales, las ciberfuerzas y otras con capacidades electromagnéticas.

El informe anual de 2016 que el Pentágono ha presentado al Congreso de Washington estudia el plan de reforma del EPL y señala que “la modernización militar está dotando a China de capacidades que tienen el potencial de reducir las ventajas tecnológicas militares de EE.UU.”. Pekín considera fundamental la “superioridad electrónica” para salir victorioso de un eventual conflicto. Según la revista estadounidense The National Interest, lo que más teme el Pentágono es “la enigmática capacidad de China para realizar operaciones cibernéticas ofensivas”, que pueden incluir desde acciones psicológicas a la destrucción de infraestructuras enemigas. En una ciberguerra los sistemas financiero, energético y de transportes son objetivos críticos. Además, las armas de precisión de las guerras modernas dependen de la tecnología informática, por lo que un ciberataque puede eliminar esa precisión. Xi señaló que en 2020, cuando concluya la reforma, el EPL debe estar en condiciones de ganar una “guerra informática”.

Otro de los avances militares chinos que más alarma ha desatado en EE.UU. es el armamento antisatélites. En 2007, el EPL probó con éxito el misil balístico SC-19, equipado con la ojiva de impacto directo KT-2 que, una vez lanzada al espacio, es guiada hacia su objetivo por sensores infrarrojos. La KT-2 alcanzó y destruyó un satélite chino fuera de servicio. El espacio y los satélites de navegación GPS han dado a EE.UU. grandes ventajas en sus operaciones militares. Si las pierde, realizar misiones de reconocimiento sobre China sería casi inviable.

37 años sin ponerse a prueba

La creciente rivalidad entre Washington y Pekín en el Pacífico es una de las obsesiones de Xi Jinping

La creciente rivalidad que mantienen Washington y Pekín en el Pacífico es una de las obsesiones de Xi Jinping. Desde su ascenso en noviembre de 2012 a la cúpula del Partido Comunista Chino (PCCh), ha dejado claro que el renacimiento del Imperio del Centro como gran potencia global depende en gran medida del EPL, al que siempre arenga con la consigna de “luchar y ganar”. Sin embargo, el informe del Pentágono destaca que los intentos de Xi de crear una fuerza más flexible, combativa y bajo las órdenes del PCCh se enfrentan a las reticencias de los mandos, que hasta ahora han gozado de una gran autonomía, y a la corrupción que infecta las filas castrenses.

Pekín emprende la reforma militar no como consecuencia de una derrota, sino para anticiparse a un eventual conflicto. China no ha puesto a prueba su Ejército desde 1979, cuando avanzó sobre Vietnam para “darle una lección” y pagó un alto precio. La Defensa era una de las cuatro modernizaciones puestas en marcha por Deng Xiaoping en diciembre de 1978 y con las que China se convirtió en la segunda potencia económica mundial. Desde entonces, los dirigentes han buscado transformar el EPL en una fuerza de combate más pequeña, más eficiente y más profesional, con mayor capacidad táctica y tecnológica. Sin embargo, lo que convenció a Pekín de la urgencia de modernizar el EPL fue el envío en 1996 de dos portaviones estadounidenses en defensa de Taiwán. A partir de entonces, el presupuesto militar se ha incrementado en una media cercana al 15% anual, aunque debido al ajuste que sufre la economía china, este año el aumento ha sido del 7,6%. Según el think tank Rand Corporation, en 2017 el Pentágono no podría impedir que China ocupara Taiwán en “tres semanas”.

La reducción de 300.000 efectivos debe completarse en 2017 y afectará sobre todo al Ejército de Tierra, que cuenta con 1,6 millones de uniformados, de manera que reduzca el dominio de este sobre el resto del EPL. Xi también consideró “obsoleto” el principio de la defensa territorial al afirmar que las amenazas actuales provienen sobre todo del mar del Este y del mar del Sur de China, donde Pekín mantiene disputas con Japón, Filipinas, Vietnam, Brunei y Malasia, todos ellos aliados de EE.UU. La fuerza terrestre tiene unidades especiales para librar conflictos cortos de alta intensidad y para apoyar operaciones internacionales humanitarias y de paz.

En 2011 se derogó la normativa que exigía que al menos un tercio de los soldados proviniesen del campo 

China ya no quiere un Ejército de campesinos. En 2011 derogó la normativa que exigía que al menos un tercio de los soldados proviniesen del campo y comenzó a conceder becas, apoyo laboral para después del servicio militar y otros beneficios a los universitarios que aceptan vestir el uniforme. Casi la mitad de los 400.000 soldados que recluta anualmente el EPL son graduados universitarios

La Fuerza Naval, con unos 240.000 militares, se compone de tres flotas con una capacidad creciente para operar en alta mar en defensa de los intereses nacionales, incluida la lucha contra la piratería en el océano Índico. China, que tiene ya un portaviones, ha hecho un enorme esfuerzo por dotarse de naves modernas, entre las que destaca el buque de asalto anfibio 071, del que tiene tres unidades. Estos barcos pueden transportar hasta un batallón de infantes de Marina (entre 400 y 800) y 18 vehículos blindados.

La Fuerza Aérea, formada por unos 400.000 efectivos, ha experimentado un enorme crecimiento: de los 24 cazas de cuarta generación que acababa de adquirir en 1996 a los 700 que tiene en la actualidad, además de bombarderos y aviones de transporte y de reconocimiento. La estrella de los avances tecnológicos chinos es el avión de combate furtivo Chendu J-20, un caza de quinta generación en fase de experimentación. Aunque no se ha confirmado, el J-20 estaría dotado de un radar AESA y misiles aire-aire, aire-tierra y antibuque. Su autonomía le permitiría operar lejos del territorio, interceptar aviones enemigos y patrullar las zonas en disputa.

La reforma afecta también a la estructura de la Comisión Militar Central del PCCh, que preside Xi Jinping. El presidente quiere reforzar en los militares la conciencia de que están al servicio del partido, al que deben  una obediencia sin fisuras. El pasado enero, la CMC se reorganizó en 15 departamentos que incluyen, además de los antiguos órganos de reclutamiento, adquisición de armas, apoyo logístico y supervisión política, otros como la Comisión de Inspección Disciplinaria, que revelan la importancia que Xi Jinping concede a mantener las filas castrenses entrenadas y limpias de corrupción. 

Contra la corrupción

Xi, que sostiene desde su elección como secretario general del PCCh una persistente campaña contra la corrupción en las filas del partido, del Estado y del EPL como nunca se había visto, ha enviado a la cárcel a más de medio centenar de generales, incluidos dos exvicepresidentes de la CMC, Xu Caihou (fallecido en 2015) y Guo Boxiong, condenado a cadena perpetua el pasado julio. El presidente chino ve la corrupción como el cáncer que amenaza la supervivencia del PCCh y que, dentro de las filas del EPL, debilita el ascenso de China como superpotencia y su dominio de los mares, donde mantiene reivindicaciones territoriales.

La reorganización de las siete regiones militares en cinco teatros de operaciones obedece también a la necesidad de evitar que el mando militar de la región campe por sus respetos y anteponga a los intereses nacionales los locales. Los mandos de las nuevas divisiones operativas serán responsables de “hacer frente a las amenazas de seguridad, mantener la paz y limitar un conflicto”. Además, China necesita mejorar la relación horizontal entre las unidades de sus cinco fuerzas si quiere salir exitosa de un eventual enfrentamiento.

Xi quiere que los comandantes de los teatros de operaciones sean “ingeniosos en la lucha, eficientes en el mando y valientes y capaces de ganar guerras”. En cuanto a las fuerzas armadas, sostiene que “deben mantener un alto grado de coordinación con el Comité Central del PCCh y con la CMC, además de obedecer estrictamente las reglas y la disciplina política y cumplir al pie de la letra las órdenes e instrucciones”.

Pekín asegura que la reforma y modernización del EPL no responde a fines expansionistas. Por el contrario, el ministro de Defensa Yang Yujun declaró en septiembre de 2015 que la construcción del poderío militar chino contribuirá a la paz y la seguridad internacionales. Además, fuentes de su ministerio indicaron que la política nuclear no ha cambiado: China mantendrá una fuerza nuclear mínima de carácter disuasorio, que no será el primero en utilizar.