21/7/2019
Ideas

Bach y Lutero, unidos por el antisemitismo

Una muestra en la casa natal del compositor refleja la influencia del pensamiento del reformador en Bach y explica cómo se inició la recuperación de su música

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Bach y Lutero, unidos por el antisemitismo
Retrato de Martín Lutero, por Lucas Cranach el Viejo (1528)
Son dos hombres de épocas muy distintas, también de distintos temperamentos, pero en quienes concurrían una profunda fe cristiana y algo que desgraciadamente atraviesa buena parte de la historia europea: el antisemitismo. A esto dedica una exposición el museo de la casa natal del compositor del barroco Johann Sebastian Bach en Eisenach, pequeña localidad del estado alemán de Turingia, donde el iniciador de la reforma protestante, Martín Lutero, fue también a la escuela y en la que se refugió años más tarde tras su ruptura con el papado.

En el castillo de Wartburg, situado en lo alto de un monte próximo a la ciudad y escenario durante el Medioevo de concursos de trovadores, los famosos Minnesänger, pudo Lutero, protegido por Federico el Sabio, comenzar en 1521 la traducción del Nuevo Testamento para continuar luego, con ayuda ajena, con el resto de la Biblia.

Gracias a su traducción del griego a la lengua vernácula, la que se hablaba diariamente en los mercados y en la calle, que hizo por primera vez accesible el texto sagrado a todos los habitantes del Sacro Imperio Romano Germánico, Martín Lutero está hoy considerado como uno de los forjadores del alemán moderno.

Johann Sebastian Bach poseía 81 libros de temática teológica, de los que una cuarta parte eran de Lutero

La exposición titulada Lutero, Bach y los judíos documenta en una primera sección el rabioso antisemitismo de Lutero, profundamente enraizado en su teología, para centrarse luego en la gran influencia del reformador en la música sacra del luterano ortodoxo que era Johann Sebastian Bach. La tercera sección está dedicada al redescubrimiento de la música de Bach en el siglo XIX gracias sobre todo a un músico nacido en el seno de una familia de origen judío, aunque ya plenamente integrada en la sociedad de la Ilustración: Felix Mendelssohn Bartholdy.

El antisemitismo de Martín Lutero está anclado en la doctrina paulina de la sustitución de la antigua alianza que, según la Biblia, estableció Yahvé con el pueblo judío en el monte Sinaí por otra nueva entre dios y los hombres, que sitúa el acto redentor en la muerte y resurrección de Jesucristo.

 Frustrado en su esperanza inicial de que la Reforma pudiera marcar un punto de inflexión en la conversión al cristianismo de quienes profesaban entonces la fe hebrea, el monje agustino exacerbó el sentido de esa nueva alianza hasta convertirla en excluyente de todo lo relacionado con los judíos.

En 1543, Lutero publicó tres tratados antisemitas en los que acusaba a los judíos de odiar a los cristianos y se refería a ellos como “nuestros asesinos cotidianos y enemigos sedientos de sangre”, haciéndose así eco de las mentiras medievales sobre asesinatos rituales y envenenamiento de las aguas de los pozos por parte de miembros de esa comunidad. No es de extrañar que, siglos más tarde, los venenosos escritos de Lutero y sus llamamientos a los príncipes cristianos para que destruyesen sus sinagogas, confiscasen sus propiedades y les prohibiesen no solo el ejercicio de su religión sino también el comercio y las finanzas alcanzaran enorme eco en la Alemania nacionalsocialista.

Si en su momento aquellos escritos sirvieron como pretexto para la expulsión de los judíos de varias ciudades de Sajonia y Turingia y de otras partes del Sacro Imperio Romano Germánico a partir de 1543 o la destrucción de la sinagoga de Berlín en 1573, ayudan también a entender lo ocurrido siglos más tarde durante el Tercer Reich.

La ortodoxia luterana

Acabada la guerra de los Treinta Años, la “ortodoxia” luterana se dedicó a la persecución de los disidentes mientras que en las comunidades locales se instaló un nuevo pietismo que daba gran importancia a la experiencia religiosa personal y hacía especial hincapié en la lectura y estudio de la Biblia y otros libros “edificantes”, de los que el más famoso es sin duda el titulado Cristianismo auténtico (1605), de Johann Arndt.

Retrato de Johann Sebastian Bach, por Haussmann (1746)

Está documentado que Johann Sebastian Bach poseía nada menos que 81 libros de temática teológica, de los que una cuarta parte eran libros de Lutero, por lo que el músico pudo familiarizarse con la interpretación luterana de la historia, que veía en el “exilio y la miseria” de pueblo judío una prueba del castigo divino. También eran suyos cuatro libros del pastor protestante de Hamburgo Johannes Müller, entre ellos el titulado en latín Atheismus devictus [Ateísmo vencido], en el que el autor desafía la tesis del filósofo de origen sefardí Spinoza según la cual la Biblia debía leerse a la luz de la razón.

Otro libro de Müller titulado en alemán Judaismus oder Judentum (términos ambos equivalentes a “judaísmo”), que se publicó en 1644, actualiza las exigencias de Lutero y recomienda prohibir a los hebreos el asentamiento, la apertura de sinagogas, la impresión de libros judíos y el comercio local.

No hay prueba, se dice en la exposición, de que Bach hubiese tenido contacto personal con judíos. En Eisenach, donde vivió desde su nacimiento en 1685 hasta los 10 años, había un Judengasse (callejón de los judíos), testimonio de que habían vivido allí algunos durante la Edad Media. Pero en 1349 todos los judíos habían sido asesinados o expulsados en los pogromos ocurridos a raíz de las epidemias de peste y los príncipes protestantes sajones habían prohibido su reasentamiento. La única posibilidad es que Bach viese a comerciantes de esa fe cuando acudían a la feria de Leipzig.

La ciudad de Weimar, uno de los centros de la cultura alemana donde Bach ejercería de organista de la corte entre 1708 y 1717, estaba también cerrada a los judíos, y en Leipzig, en cuya iglesia de santo Tomás fue Bach cantor desde 1723 hasta 1750, no había vivido ningún judío desde 1446 y solo en 1710 se permitió a uno de ellos volver a establecerse allí. Sin embargo, en esa última ciudad se celebraba tres veces al año una de las grandes ferias europeas, y a ella acudían en gran número comerciantes judíos de paños y artículos de lujo desde ciudades como Praga, Gdansk, Berlín, Ámsterdam, Hamburgo, Fráncfort del Meno o Bamberg, entre otras muchas. E iban acompañados casi siempre de sus familiares y sirvientes, músicos e incluso en algunos casos, de rabinos.

Mendelssohn, un judío, inició la recuperación de Bach en 1828 con la interpretación de la Pasión según San Mateo

Hoy los estudiosos debaten sobre si las Pasiones de Bach son profundamente antisemitas, como considera su biógrafo Philipp Spitta en un libro publicado en 1873, en el que afirma ques “en los coros de los perseguidores (de Cristo) domina un odio fanático en sus más variados matices […] cuando los judíos se aseguran de su sacrificio, la rabia se convierte en demoníaca ferocidad”. El pasaje más chocante de su musicalmente maravillosa Pasión según San Mateo es cuando en el juicio al que es sometido Jesús, Poncio Pilatos no lo ve culpable de lo que se le acusa y el pueblo judío le contesta entonces: “Caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos”.

Es una autoinculpación que solo iba a traer miseria al pueblo judío en la Europa cristiana a lo largo de la historia. Y así es como se interpretó ese pasaje en el Festival Bach celebrado en Magdeburgo en 1937, es decir, en pleno nazismo, aunque hoy en día no resulte aceptable esa interpretación, origen de tantos crímenes genocidas.

Como señalan los responsables de la exposición de Eisenach, aunque las iglesias cristianas han dejado ya atrás su antisemitismo, la música de Bach sigue prestando su voz al luteranismo de la época barroca anterior a la Ilustración: “La pecaminosa tozudez de los judíos constituye el ejemplo negativo y solo los cristianos fieles son objeto de la piedad divina”.

Redescubrir a Bach

A la vista de todo eso, resulta a la vez sorprendente y admirable que fuese precisamente un gran músico de ascendencia judía quien iniciase el redescubrimiento de Bach con su representación en 1828 de esa famosa pasión en la Sing-Akademie de Berlín, que dirigía a la sazón un maestro de la masonería llamado Carl Friedrich Zelter.

Zelter, que llevaba desde 1792 cantando motetes de Bach, estaba influido, como otros miembros de la academia, por la estética musical de Johann Philipp Kirnberger, un discípulo de Bach que había desarrollado su teoría musical a partir de 1754 junto al conocido filósofo judío Moses Mendelssohn (1729-1786), abuelo a su vez de Felix Mendelssohn.

De orígenes humildes, Moses Mendelssohn se convirtió, gracias a su educación y sabiduría, en un respetado miembro de la sociedad. Y a su figura dedicó el escritor alemán más importante de la Ilustración, Gotthold Ephraim Lessing, una de sus obras más famosas, Natán el Sabio, clara apología de la tolerancia y pacífica coexistencia de las tres religiones: cristianismo, islam y judaísmo. Gran admirador de la música de Bach, de la que escribió que “representaba la eterna concordia entre el corazón y la mente” al concentrar “un máximo de espíritu en un mínimo de materia”, Moses Mendelssohn contribuyó poderosamente a definir la imagen de Bach en el siglo XIX.

La Sing-Akademie se enriqueció con la donación de cerca de medio centenar de partituras manuscritas de Bach por parte del hijo del filósofo, Abraham, padre a su vez del músico Felix Mendelssohn Bartholdy, que junto a su hermana, Fanny, participó a partir de 1820 en los ensayos de la Pasión en aquella institución musical berlinesa.

El 11 de marzo de 1829, Felix Mendelssohn, que tenía solo 20 años, ejecutó la Pasión según San Mateo de su admirado Bach, que pudo escucharse por vez primera desde la muerte del compositor en 1750. La representación fue un enorme éxito, como atestiguan los periódicos de la época, y Mendelssohn declaró entonces a un amigo: “¡Qué milagrosa coincidencia que sean un actor y un muchacho judío quienes hayan llevado otra vez a la gente esa grandiosa música cristiana”.



Era un muchacho judío, todo hay que decirlo, a quien sus padres habían bautizado en 1816, como se bautizaron también ellos mismos con el añadido del apellido Bartholdy, por temor al creciente antisemitismo del movimiento nacionalista alemán.

Familiarizado ya desde pequeño con Bach, del que había estudiado de niño sus corales, Mendelssohn Bartholdy había tocado con solo 12 años algunas de sus fugas en presencia de Goethe. Felix Mendelssohn fue a lo largo de su vida un apasionado coleccionista y editor de Bach y estimuló la creación de una sociedad dedicada al compositor, que, sin embargo, no se fundó hasta tres años después de su muerte. Es, pues, natural que la Pasión según San Mateo acompañase su funeral en 1847.

Luther, Bach —und die judens
Luther, Bach —und die judens
Bachhaus Eisenach
Museum der Neuen Bachgesellschaft
Hasta el 6 de noviembre