26/11/2020
Ciudades

Barcelona. Una ciudad que engloba muchas ciudades

Los grandes eventos y exposiciones se han usado para que la capital del Mediterráneo creciera y se convirtiera en el paradigma de la urbe compacta

Joan Busquets - 12/08/2016 - Número 46
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Barcelona. Una ciudad que engloba muchas ciudades
La catedral de la Sagrada Familia alrededor de 1940. Hulton Archive / Getty

La Barcelona contemporánea se la confiere su geografía mediterránea —abrigada por la sierra de Collserola hasta el mar— y un proyecto urbanístico singular como fue el del Ensanche proyectado en 1855 por Ildefonso Cerdà. Ya en su tiempo se convirtió en un ejemplo de cómo expandir una ciudad y se tomó como modelo para la Ley de Ensanches que encauzó los de ciudades como San Sebastián, Valencia o Madrid. Las postales de Barcelona hoy reproducen algunos de sus monumentos memorables, como la Sagrada Familia iniciada por Gaudí, pero sobre todo la retícula de calles regulares. Retícula definida con edificaciones que sigue una altura homogénea y unas amplias avenidas de 50 metros, como Diagonal, y sobre todo como Meridiana y Paralelo, que, como sus nombres indican, fijan la ciudad en el sistema cartesiano del mundo. Las manzanas regulares configuran la identidad actual que el mapa de Google ha empezado a imponer con las imágenes cenitales a las que estamos  ya tan acostumbrados.

La ciudad vieja, el centro de todo

La fortaleza de la muralla inicial explica la importancia de Barcelona hasta el periodo medieva

En los últimos 20 siglos de vida conocida de la ciudad, toda su historia se ha desarrollado dentro de los límites de las murallas de la ciudad antigua. El casco original de trazado romano es reducido pero bien emplazado sobre una pequeña colina —Mons Taber— cercana al puerto natural. La extensión de las murallas se realizó con recintos circulares que fueron definiendo espacios bien diferenciados, y entre ellas a veces se producían lugares singulares como la famosa Rambla, que se dibuja entre las murallas del siglo XIII y la extensión del Raval —los arrabales— en el siglo XVIII. Precisamente el primer recinto romano es todavía el corazón estratégico de la ciudad debido a la presencia institucional del Ayuntamiento y la Generalitat, emplazados en las fachadas importantes de la plaza central de Sant Jaume. Sin embargo, se le conoce como el barrio gótico porque a mitad del siglo pasado pareció un nombre más atractivo y así ha quedado. La fortaleza de esta muralla inicial es un factor explicativo de la importancia de Barcelona hasta el periodo medieval y seguramente de su papel de capital del país catalán.

Articulación territorial urbana

Fuera de las murallas se fue consolidando un sistema de pequeños pueblos de naturaleza agrícola y menestral. Entre la ciudad central y los núcleos exteriores había una distancia superior al kilómetro, como una zona non-edificandi, para facilitar la defensa de la ciudad amurallada. Esta característica permitió que en este espacio no construido se pudiera emplazar el proyecto de Ensanche para desarrollar la ciudad industrial y burguesa. Estos antiguos municipios fueron agregados a finales del XIX para crear la gran Barcelona, o lo que es el municipio actual de la ciudad. Sin embargo, se percibe aún hoy la naturaleza de estos núcleos y barrios que Manuel Vázquez Montalbán llamaba las distintas Barcelonas.

Un efecto parecido se reprodujo en el crecimiento exponencial de la posguerra, en el que los pequeños municipios del Baix Llobregat o del Barcelonés —de Castelldefels a Badalona, de Sant Vicenç a Montgat— pasaron de pequeñas entidades agrícolas a lugares de expansión industrial y comercial y han configurado el gran sistema metropolitano. Hoy, en cambio, siguen siendo entidades municipales  independientes, federadas por el área metropolitana que asegura los servicios de transporte e infraestructuras.

En la construcción de la Barcelona contemporánea hay que destacar ciertas operaciones o eventos que han dado una mayor consistencia a la ciudad: la Exposición Industrial de 1888 con los desarrollos del Parque de la Ciudadela y la expansión de las calles del Ensanche hacia el este; después de este evento, el desarrollo del periodo modernista con arquitecturas emblemáticas y singulares de Gaudí, Puig i Cadafalch y Domènech i Montaner, que marcaron un episodio brillante en la arquitectura de la ciudad y que todavía brillan por su excelencia. Por otro lado, con la Exposición de Industrias Eléctricas de 1929 y la urbanización de Montjuic y la Plaza de España hacia poniente, que creó un gran espacio para la feria de la ciudad, la retícula del Ensanche se ofreció como una matriz proverbial para facilitar un desarrollo intensivo en todas direcciones. En esta secuencia el nuevo salto de escala fue la operación de los Juegos Olímpicos de 1992.

La apertura al mar

En efecto, el proyecto olímpico respondía a la voluntad de utilizar un  gran evento para continuar la ampliación, pero aquí el desarrollo resultó más complejo. El programa olímpico se distribuyó en cuatro grandes sectores: Villa Olímpica, Montjuic, Valle Hebrón y Diagonal, para maximizar el impacto de la reactivación que estos sectores pueden producir en los barrios limítrofes. Las grandes infraestructuras de la ciudad —rondas viarias, extensión del Metro y aeropuerto— fueron construidas o mejoradas, de forma que se produjo una modernización global del conjunto de la ciudad central. En paralelo, una serie de inversiones privadas consiguieron ampliar el impacto de este gran evento en la economía urbana. Consiguieron poner Barcelona en el mapa internacional.

La operación clave fue la transformación del frente litoral, de marcado uso industrial ya desactivado

En este escenario, la operación clave fue la transformación del frente litoral, de marcado uso industrial, ya desactivado y en desuso. La propuesta de construcción de nuevos barrios residenciales y mixtos a lo largo del frente tuvo en la Villa Olímpica su piedra angular. La Ronda del Litoral fija el límite entre los espacios privados y los públicos —las playas y los equipamientos deportivos—. Se construyeron unos 5 kilómetros de playas abiertas que ofrecen un servicio a los ciudadanos y a los visitantes. El desarrollo de la ciudad siempre había buscado el espacio interior sin tener en cuenta el litoral, algo difícil en el XIX y muy apreciado en la actualidad. La ciudad encontró una nueva fachada con el mar abierto del que nunca había disfrutado.

El impulso del proyecto olímpico permitió a su vez desarrollar otras centralidades urbanas en espacios expectantes, es decir, en suelos ferroviarios o industriales en desuso, en los que la iniciativa privada o mixta pudo llevar a cabo nuevas actividades centrales o cívicas con equipamientos y espacios verdes: L’a illa, Maquinista o calle Tarragona son ejemplos de esta colaboración en espacios urbanos intersticiales.

Recalificación metropolitana

La ciudad ha pasado de 100.000 habitantes en la mitad del XIX a casi cuatro millones. Esta transformación se operó sobre todo a partir de los años 60 y 70, cuando la prioridad era el crecimiento cuantitativo más que la calidad de los espacios y de los edificios. Por ello la apuesta por la recalificación ha sido fundamental en el trabajo de los ayuntamientos y otras iniciativas locales. Han sido varios centenares de proyectos de nuevas plazas, equipamientos y jardines en la Barcelona metropolitana durante la democracia. No ha sido un periodo de gran crecimiento poblacional, pero sí de rehabilitación de barrios a través de los espacios públicos y los servicios.

Los espacios naturales

Uno de los mayores retos de las ciudades europeas es el restablecimiento de su relación con la naturaleza que las circunda y que muchas veces ha sido mirada como la negación de la ciudad o simplemente como el espacio de reserva para el crecimiento extensivo de la misma. En la Barcelona actual la puesta en valor de los ríos Besós y Llobregat, este último con un gran delta agrícola, junto con el sistema montañoso litoral, se ofrecen como potenciales fundamentales para una mejora ecológica del conjunto del sistema. Son piezas en el puzle que van cambiando, y las piezas naturales se convierten en grandes parques abiertos de referencia para las poblaciones y las actividades que se desarrollan en sus perímetros.

La urbe del mañana

Debe dejar de pensarse la ciudad desde la lógica de los límites como antaño, en la que los planes definían las circunvalaciones como separación entre ciudad y campo. Hoy la ciudad es abierta en el territorio, que está sometido a flujos físicos y virtuales como nunca los tuvo antes. Pero esta situación se inscribe en otra en la que los nuevos retos ambientales y sociales se formulan con gran exigencia. Por ello hace falta atender a los nuevos paradigmas a los que las ciudades deben responder. Cómo se puede favorecer crecimiento y ser sostenible, cómo puede ser el desarrollo socialmente inclusivo. Ahí probablemente Barcelona debe jugar con la capacidad metropolitana de sus ciudades y de sus espacios ya urbanizados y construidos, pero que pueden densificarse o completarse. Barcelona disfruta de la continuidad espacial entre puerto, zona franca, río y aeropuerto, que le dan la posibilidad de desarrollar sinergias urbanísticas que responden a un hub comercial y económico de alto valor  estratégico europeo, que puede tener sentido a la escala de la península ibérica y del occidente del Mediterráneo. Puede verse como un ejemplo del tipo de acciones que un urbanismo responsable con el medioambiente y con las capacidades de la sociedad que lleva a un nuevo umbral en el que se pueden combinar los valores de la historia y las capacidades del lugar con las nuevas demandas  económicas que la comunidad exige.