Fotografía

Bruce Davidson. Cosas que pasan en la calle si miras bien

Llega a Madrid la primera exposición retrospectiva de uno de los fotógrafos más célebres de la escuela de Nueva York y miembro de la agencia Magnum

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Bruce Davidson. Cosas que pasan en la calle si miras bien
Central Park, Nueva York, 1992-1995. © B. D. / Magnum Photos
La Fundación Mapfre acoge en su sede madrileña, tras su paso por la de Barcelona, la exposición más amplia realizada hasta la fecha sobre la obra fotográfica de Bruce Davidson, una leyenda viva de la street photography. Hasta el 15 de enero la sala Bárbara de Braganza exhibe 200 fotografías del artista que cambió la fotografía de moda para documentar el Movimiento de los Derechos Civiles en Estados Unidos en la década de los 60.

Bruce Davidson (Oak Park, Illinois, 1933) no es un fotógrafo de calle en el sentido tradicional, pero tampoco es un fotoperiodista convencional. Con 83 años se mantiene en activo. Se define a sí mismo como “fotógrafo humanista”, tal vez porque los temas que vertebran su estilo son el retrato de la tensión emocional de individuos vulnerables o de un colectivo en exclusión social, los problemas de comunicación, la juventud agitada y la conquista de la autoestima en un mundo donde todo suscita ansiedad, la dependencia del grupo y la creación de núcleos sociales.

Davidson ha sido fotógrafo desde que con 10 años su madre le instaló un cuarto oscuro en el sótano de su casa. De adulto, abandonó la fotografía comercial y los retratos de estrellas como Marilyn Monroe para pasar largas temporadas de trabajo documental (en algunos casos más de cinco años) en el metro de Nueva York, los suburbios en Inglaterra y Escocia durante la posguerra, el gueto de Harlem, el mundo delincuente de las bandas callejeras, el retrato de las actividades cotidianas que realizan los artistas en la trasera del circo o la sufrida vida diaria de los jugadores de fútbol americano.

Ofrece una visión discreta, elegante, ágil, verista e intuitiva del espacio urbano y los seres que lo habitan

Gracias a su impulso creador y al uso de la cámara de mano Leica, pudo, en su mayor parte en blanco y negro, ofrecer una visión discreta, elegante, ágil, verista e intuitiva del espacio urbano y los seres que lo habitan. Davidson es heredero del tono dramático de Robert Frank y Eugene Smith, de los planos íntimos, los encuadres atrevidos para la época, el grano gris y plomizo, la atención al detalle, la textura sombría y el uso enfático del claroscuro. Considerado el fotógrafo documental más preciso de su generación, es uno más de los que en aquella época tomaron parte de la vertiginosa situación de cambios sociales y dieron rostro al aislamiento social del individuo en el espacio urbano de los Estados Unidos que no aparecen en series de televisión como Mad Men.

Jane Livingston dio nombre a una generación de fotógrafos que utilizaron la fotografía documental social sin establecer juicios morales. Era la calle como la vida misma. La legendaria escuela de Nueva York (1936 - 1963), en la que se enmarca gran parte de sus series fotográficas, recogía un arco vagamente definido de maneras de practicar la fotografía de calle: Richard Avedon, Helen Levitt, William Klein, Diane Arbus o Weegee.

A comienzos de la década de  los 60, la mirada de estos fotógrafos era cruda y emocional, pero no sentimental. A pesar de su intensa fisicidad, sus imágenes se caracterizaron por un humanismo cotidiano, un estilo decidido, el uso de técnicas del fotoperiodismo, la influencia de fotógrafos como Walker Evans y Henri Cartier-Bresson, el cine negro y el jazz. Para Davidson, seguramente el más interesado de ellos por el foto-ensayo documental, las calles no eran tanto el lugar amable para las interacciones humanas como un espacio social violento que reflejaba la desigualdad social y las contradicciones de la vida en las metrópolis modernas.

La vida era eso

Algunos de us trabajos fotográficos se aproximan más al tipo de documento social característico de la fotografía testimonial de las décadas de los 60 y los 70. Hasta el punto de que hoy se lo considera uno de los equivalentes fotográficos del nuevo periodismo, aquella manera de narrar la realidad en la que el uso de la primera persona y la actitud participativa del que mira ayudaban a poner en entredicho los defectos de una sociedad en permanente entropía. El impacto de sus series fotográficas, como las relativas a la segregación racial presentes en Tiempos de cambio, dio a conocer al gran público figuras trascendentales, como Martin Luther King, antes de que fueran icónicas. “Gran parte de mis fotografías son compasivas, respetuosas y personales. Tienden a dejar al espectador que mire por sí mismo sin juzgar. No pretenden sermonear a nadie. Y sobre todo no pretenden hacerse pasar por arte.” Este es el planteamiento de un fotógrafo único que asegura levantarse a las 4:30 de la mañana para dar comienzo a una nueva jornada de trabajo.

Aunque la revista Life había publicado algunas de sus fotografías, Bruce Davidson se consolidó definitivamente en el mundo de la fotografía profesional cuando la revista Esquire publicó en junio de 1960 cuatro de sus imágenes en un reportaje que llevaba el título de “Brooklyn Minority Report” y que iba acompañado de un texto escrito por el novelista Norman Mailer. Desarrolló un interés precoz por el ensayo fotográfico y la utilización cómplice, cercana, humanista y gentil de la cámara de mano para retratar desde el interior a un colectivo de individuos o grupo social. Estos temas motivarían un estilo fotográfico propio a lo largo de más de 50 años de profesión.

Decepcionado por el fotoperiodismo de la época e inspirado por el trabajo fotográfico de Robert Frank en el valiosísimo Los americanos, Davidson decidió retratar un grupo de adolescentes problemáticos de Brooklyn como indagación de un estilo propio de proyecto fotográfico. Con ayuda de un trabajador social, Davidson entró en contacto con una banda de delincuentes de 17 años (él tenía 25) que se hacía llamar “The Jokers”, cuyas reyertas aparecían en los titulares de los periódicos de la época. Durante 11 meses la banda permitió que estuviera presente retratando su vida diaria, con su problemática y sus frustraciones. Las imágenes resultantes no solo eran un retrato intimista de un colectivo determinado, sino que constataban la agitación, el desasosiego y la alienación juvenil del otro lado de la cultura popular feliz de la década de los años 50 en Estados Unidos. Davidson detuvo su mirada en la multiplicidad de capas de significado que se esconden tras un colectivo, su aislamiento y las tensiones propias de adolescentes a la deriva.

Primeras andanzas

Nacido en un suburbio de Chicago, Davidson provenía de una familia de judíos polacos. Su primera cámara fue una Kodak Brownie, cuyas instantáneas revelaba en el rudimentario cuarto oscuro que había instalado en su casa. Durante sus años de instituto, continuó desarrollando su pasión por la fotografía, trabajando fines de semana y veranos como asistente en una tienda de fotografía y después como aprendiz junto a un fotógrafo profesional.

En los 60 cubrió las protestas sociales que envolvieron el Movimiento por los Derechos Civiles

En 1951 Davidson entró en el Rochester Institute of Technology, donde recibió clases de Ralph Hattersley. Cuatro años después comenzó sus estudios de grado en la Universidad de Yale, donde se interesó por disciplinas como filosofía, pintura y fotografía de la mano del fotógrafo Alexey Brodovitch o el artista Josef Albers. En aquel momento, un trabajo universitario, Tension in the dressing room, le llevó a publicar por primera vez en la revista Life el 31 de octubre de 1955. Se había fijado en los jugadores de fútbol profesional, pero lejos de interesarse por la dinámica en el campo de juego, optó por iluminar la cotidianidad del deporte cuando no es competición sino convivencia entre compañeros iguales.

Un año después, el Ejército de Estados Unidos lo envió al cuartel general de las fuerzas aliadas en Francia, donde pasó una temporada como fotógrafo en servicio militar. Con 22 años Bruce Davidson conoció y entabló una amistad singular con Margaret Fauché, viuda del pintor impresionista Leon Fauché, contemporáneo de Paul Gauguin, Renoir y Toulouse-Lautrec. Con la anciana de 80 años, que vivía de recuerdos, paseó por el París de la posguerra, los mercados y parques. Ahí estaba la materia prima con la que Davidson realizó un segundo proyecto fotográfico, La viuda de Montmartre, publicado en 1958 por Esquire. También en París conoció a Henri Cartier-Bresson, cuyo trabajo había estudiado en la universidad de Rochester. Este no solo llegó a ser su mentor, sino que de aquella convivencia nació una amistad personal que Davidson añora: “Fuimos a dar juntos un paseo por unos minutos. A su lado la calle se convirtió en sus fotografías”.

La entrada en Magnum

En 1957, Davidson regresó a Estados Unidos y comenzó a trabajar como fotógrafo freelance para Life. Gracias a sus fotografías, Magnum le invitó en 1959 a formar parte de la agencia como miembro de pleno derecho. Le gustaba la atmósfera de libertad profesional y creatividad que tenían los fotógrafos de la agencia, por contraposición al mundo de las publicaciones en prensa y magacines. A comienzos de la década de los 60, pagado por el New York Times, cubrió las protestas sociales que envolvieron el Movimiento por los Derechos Civiles, conocido como Freedom Riders. Sus imágenes llegaron a publicarse en The Negro American (1966), una colección de ensayos que retrataban la discriminación racial de los afroamericanos en Estados Unidos. Aquellas imágenes icónicas le valieron una beca Guggenheim y contribuyeron a que el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa) preparase una exposición con su nombre.

El interés de Davidson por la situación de los afroamericanos continuó en un nuevo proyecto, East 100th Street, una serie fotográfica (1966-1968) que realizó en Harlem para denunciar las condiciones de miseria humana e insalubridad de la comunidad negra. En esos dos años de trabajo Davidson realizó una inmersión total en las vidas de familias muy pobres usando por primera vez una máquina de un formato mayor a la Leica que habitualmente portaba. Eligió una cámara de gran formato (4 x 5 pulgadas) y la montó sobre un trípode para evitar ser percibido por el vecindario como un intruso que dispara instantáneas sin interactuar con los sujetos que retrata. Realizó más de mil negativos, muchos de los cuales regalaba a aquellos que se habían dejado retratar. De aquel testimonio de la vida en el gueto de Harlem, nunca visto hasta el momento, se hizo eco la revista Life. De entre todo lo que podía haber fotografiado, Davidson había escogido un enorme bloque de viviendas con la peor reputación de todo Nueva York.

Por su ideal humanista y su manera de presentar la vida de “los otros”, el trabajo de Davidson, no obstante, ha tenido antagonistas, siendo criticado por algunos especialistas que han visto en sus fotografías el deseo de explotación de una subcultura oprimida. Otros, sin embargo, consideran su obra como la expresión más viva de la fotografía de calle posterior a la Segunda Guerra Mundial.

A principios de los años 70, y tras haber trabajado a fondo el mundo social neoyorquino desde dentro, Davidson se interesó por el espacio subterráneo, peligroso y dinámico del metro de Nueva York y fotografió, por primera vez en color, aquel ecosistema humano de individuos en la gran ciudad. A partir de ahí, los temas que fotografía continuaron evidenciando un característico sentido de la narratividad, como en sus imágenes sobre la comunidad judía en el Lower East Side de Nueva York y los retratos que hizo del escritor Isaac Bashevis Singer (Cafetería Garden).

En las dos últimas décadas ha centrado su interés personal en fotografiar los espacios donde lo natural se mezcla con el paisaje urbano de Los Ángeles, Central Park o París. Con más de 80 años, Davidson continúa viviendo en su apartamento de Central Park y acude cada mañana a trabajar al Museo de Historia Natural con la misma entrega que de costumbre. Enfocado en trabajos profesionales personales, muy pocas veces ha aceptado encargos comerciales.

Bruce Davidson
Bruce Davidson
Comisariada por Carlos Gollonet
En Mapfre de Bárbara de Braganza, Madrid . Hasta  el 15 de enero.