20/11/2019
Análisis

Candidatos oficiales frente a ‘outsiders’

Si se da un escenario caótico, las convenciones de ambos partidos tendrían que corregir el populismo bipartidista que caracteriza la política presidencial de EE.UU.

Nicolás Checa - 29/01/2016 - Número 19
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Candidatos oficiales frente a ‘outsiders’
Pancartas de Sanders y Clinton en el debate presidencial demócrata de Las Vegas, en octubre. F. J. Brown / AFP / Getty

Los próximos 1 y 9 de febrero tendrán lugar los caucus de Iowa y las primarias de New Hampshire. Tradicionalmente, los dos estados marcan el tono para el ciclo de primarias que determinará los candidatos presidenciales demócrata y republicano en EE.UU. y juegan un importante papel en reducir el campo y establecer sobre qué se discutirá en las elecciones.

Iowa y New Hampshire representan menos del 3% de los 4.764 delegados que se espera que participen en la Convención Demócrata que se celebrará en Filadelfia el 25 de julio. En el lado republicano, esos dos estados representan el 3,5% de los 2.472 delegados que se reunirán el 18 de julio en Cleveland para escoger a su nominado. También en febrero se celebrarán las primarias de Carolina del Sur y los caucus de Nevada. A finales de mes apenas se habrá escogido algo más de un 5% de los delegados republicanos y menos del 4% de los demócratas.

En estos 29 días no tendremos nominados, pero sí deberíamos ver sustancialmente reducido el número de candidatos y clarificado sobre qué versan estos comicios. Obama ganó Iowa en 2008, pero perdió New Hampshire ante Hillary Clinton. Después siguió un largo y difícil enfrentamiento que solo terminó cuando quedó claro que los superdelegados (delegados no escogidos y no comprometidos; 713 en 2016) iban a optar desproporcionadamente por el entonces senador Obama. Al final del ciclo, Hillary ganaba la mayoría de los votos en las primarias, pero era demasiado tarde para contrarrestar su déficit previo de delegados, generado sobre todo en los estados donde se celebran caucus. Obama ya había conseguido enmarcar las elecciones con el lema “esperanza, cambio y fin del intervencionismo en el exterior”.

¿Dónde estamos esta vez? ¿Qué habremos descubierto a finales de febrero? ¿Sobre qué versarán las elecciones de 2016? Las encuestas señalan que Donald Trump y Hillary Clinton lideran con claridad (35% en el caso de Trump, 51% en el de Clinton, según la más reciente de realclearpolitics.com). Con todo, la fotografía de los estados que votan temprano es más interesante. En Iowa, Trump aventaja por muy poco al senador por Texas, Ted Cruz (otro conservador contrario al establishment), y lidera en New Hampshire frente al gobernador de Ohio, John Kasich (candidato tradicional del establishment). Además, Trump ha ganado terreno en Iowa tras decidir atacar abiertamente a Cruz, puesto que este nació en Canadá y la Constitución estadounidense exige que los candidatos presidenciales sean “ciudadanos naturales”, una cuestión que no está cerrada en términos legales, según expertos constitucionales. En el momento de escribir estas líneas, Trump lidera las dos primeras citas de las primarias republicanas tras haber aniquilado al exgobernador de Florida, Jeb Bush, por medio de ataques personales e ideológicos.

Después de Iowa, un buen número de candidatos abandonarán la campaña, probablemente Santorum y Huckabee. Fiorina y Paul seguramente no renunciarán —aunque su perspectiva empeorará significativamente­—, puesto que concurren sobre todo para introducir determinados temas en la agenda política, no por sus posibilidades reales de victoria. Este año la clave en Iowa y New Hampshire no es quién queda primero, sino quiénes quedan segundo y tercero. Puede que Trump y Cruz sean los dos primeros en ambos estados, lo que abrirá una batalla dentro del establishment para decidir quién se enfrenta a ellos en Nevada y Carolina del Sur.

Sanders, no Hillary, es el heredero natural del mensaje de Obama sobre desigualdad y fin del intervencionismo

Después de New Hampshire, el Comité Nacional Republicano tendrá que decidir quién es su última esperanza para detener a los outsiders Trump y Cruz. Bush, Kasich, Christie y Rubio competirán entre sí por el privilegio de convertirse en el candidato del establishment que se enfrente a Trump y/o Cruz para la nominación en una carrera entre tres candidatos por el 95% de delegados restantes. Alrededor del 60% de los delegados se decide en marzo. Y Ohio y Florida, los estados decisivos en los que el ganador se lo lleva todo, no votan hasta el 15 de marzo.

El reto de Hillary Clinton

En el bando demócrata, la ex primera dama y secretaria de Estado, Hillary Clinton, se consideraba una líder sin competición hasta que el senador por Vermont, Bernie Sanders, ha reducido la ventaja a un solo dígito en algunas encuestas. Algo impensable hace solo unas semanas, cuando Sanders, que siempre se ha declarado socialista, era percibido como un candidato regional (del nordeste) que estaba en campaña solo para poner en la agenda la desigualdad.

Ahora el senador no solo aventaja a Hillary en New Hampshire, sino que lidera también algunas encuestas en Iowa. Vista la tendencia, es posible que Sanders gane en ambos estados. Esto sería un duro golpe a la campaña de Hillary. La esperanza de su equipo y del Comité Nacional Demócrata es que frente a estos primeros resultados adversos, Sanders pueda ser fácilmente contenido en Nevada y Carolina del Sur, donde la llamada “coalición del arco iris” —por el voto de las minorías— daría a Hillary la victoria. De acuerdo con realclearpolitics.com, Hillary tiene una ventaja media de 40 puntos en las encuestas más recientes en Carolina del Sur. En Nevada, Sanders está 20 puntos por detrás.

En otras palabras, el reto para Hillary es contener los primeros éxitos de Sanders y mantener las expectativas en estados más diversos demográficamente, en los que el voto de la minoría es pro Hillary. Un resultado mejor del esperado para Sanders en Iowa haría más probable una victoria en New Hampshire y reduciría su inmensa ventaja en Carolina del Sur y Nevada. Sanders, no Hillary, es el heredero natural del mensaje de Obama sobre desigualdad económica y el fin del intervencionismo en el extranjero.

Con todo, es probable que los demócratas se pongan cada vez más nerviosos si a Hillary no le va bien en Iowa y New Hampshire, y que propongan a un candidato del establishment (John Kerry, Joe Biden o incluso el gobernador de California, Jerry Brown) para que entre en el último minuto y busque un tercer mandato del legado de Obama y al 96% de los delegados restantes. Si a Sanders le va mejor de lo esperado en Nevada y/o Carolina del Sur, sin duda forzará el debate sobre la potencial entrada de un nuevo candidato en campaña. Se esperaba que Hillary acabara con Sanders en Carolina del Sur con la ayuda del voto afroamericano. En lugar de eso, es posible que tenga que luchar allí una última vez por su vida política.

Si las cosas se desarrollan como se espera, en el bando republicano Trump y Cruz serán contenidos en Carolina del Sur por el candidato del establishment que haya obtenido el tercer puesto en Iowa y New Hampshire. Originalmente ese era el papel que debía jugar Bush. Ahora es cada vez más probable que sean Kasich, Rubio o Christie.

Por primera vez en mucho tiempo, los rumores sobre una “convención negociada” no son solo tema de charla ociosa en los círculos sociales de Washington. A los establishment de ambos partidos no les resulta difícil prever escenarios caóticos: las convenciones tendrían que corregir el populismo bipartidista que parece caracterizar la política presidencial estadounidense desde 2008.

La clave republicana en New Hampshire y en Iowa no es quién gane, sino quiénes queden segundo y tercero

La clave del éxito de Trump, hasta ahora, ha sido su mensaje claro y persuasivo: restaurar la grandeza americana desbaratando el legado de Obama. La clave para el éxito de Sanders ha sido su habilidad para hacer renacer el entusiasmo de la campaña de 2012 con el tema de la desigualdad de ingresos y la justicia económica. Hillary aún no tiene un mensaje convincente. Y su equipo se ha dedicado, sobre todo, a tratar de que pasara el tiempo.

Los asesores políticos suelen decir a los candidatos que las elecciones versan sobre los aspirantes. Y que la única decisión estratégica que un equipo de campaña debe tomar es escoger entre posicionarse como un remedio o como una copia. Hasta ahora, Trump está ganando la batalla por convertirse en el mejor remedio a Obama, y Hillary ha resultado ser una copia poco brillante que está siendo seriamente amenazada por Sanders.